Brigida Argote empezó como enfermera en una residencia de personas mayores en 1982 y desde entonces su trayectoria profesional se ha desarrollado en torno al cuidado geriátrico.
Además de licenciada en Antropología Social y Cultural y experto en Ética Aplicada a la Intervención Social. Participa como miembro en el Comité de Ética de Intervención Social de Álava (CEISA) y en la Comisión Sociosanitaria de Comités de Ética de Euskadi.
Actualmente es la Directora de Residencia de Personas Mayores Lakua (IFBS Álava)

Brigi, ¿cómo están siendo estos días de sobrecarga de trabajo en la residencia?

La situación generada por el COVID19 ha sido y es, de sobrecarga y de estrés, de incertidumbre y de miedo, de confusión y de aprendizaje exprés.
En las residencias, ha puesto en evidencia la necesidad de un cambio en el modelo de atención y, respecto a los cuidados de salud, la carencia de reconocimiento de las personas mayores como ciudadanos de pleno derecho para acceder a los mismos.
Nadie nos imaginábamos lo que suponía esta pandemia. Se recibían protocolos y guías de actuación que iban cambiando continuamente y que se debían implementar con celeridad.
La prioridad era proteger la salud y evitar el contagio de la enfermedad. Han sido días duros, de jornadas sin límite de horario ni descanso, con escasez de material al inicio de la misma y con incertidumbre de lo que podía ocurrir y cómo proceder.
Afortunadamente, el centro dispone de profesionales cualificados que no han dudado ni un solo momento en ponerse a disposición de lo que fuera necesario para garantizar el bienestar de las personas que allí viven y el trabajo en equipo ha sido espectacular. Han demostrado ser personas comprometidas con las personas y han sacado lo mejor de sí mismas. La verdad es que se ha cumplido el dicho de Nietzsche «el que tiene un porqué es capaz de soportar cualquier cómo».
¿Cómo estáis de animo los y las profesionales? ¿Y los mayores?
Podríamos decir que, aunque cansados, satisfechos. hemos tenido solo dos casos de coronavirus en las personas mayores, que han superado muy bien, manteniendo las capacidades funcionales y cognitivas que tenían antes de tener la enfermedad. Y, en cuanto a los profesionales, tampoco ha habido bajas en este sentido.
Esto ha generado, en el equipo, un nivel alto de satisfacción ya que, a pesar de todo el trabajo que ha supuesto y el miedo que ha acechado, se ha evidenciado que ha merecido y merece la pena la coordinación y el trabajo en equipo. Recuerdo el día que hicieron a todos los residentes la prueba del coronavirus y el resultado fue negativo, supuso una inyección de ánimo para todo el equipo, pero somos conscientes de que no debemos bajar a guardia.

Mónica Ramos empodera a las mujeres mayores de Álava

Respecto a los mayores, los que viven en la residencia en la que trabajo, son personas que no son capaces de comprender lo que está pasando; racionalmente no entienden por qué no nos pueden ver la cara ya que la tenemos tapada con una mascarilla, por qué no tienen visitas de los familiares y allegados, por qué no comen juntos o no comparten espacio, por qué no hay actividades significativas para ellos/as…. Esto ha hecho que se notara un bajón en su estado emocional. Estaban más callados, más tristes, con la mirada cabizbaja,…. Me ha llamado la atención la capacidad para adaptarse a situaciones complicadas que puedan darse. Curiosamente, las personas que presentaban alteraciones psicológicas, se mostraban tranquilas. Tengo la sensación de que son personas que han vivido situaciones muy difíciles y que, sin ser capaces de saber qué ocurre ahora, entienden que deben resignarse y adaptarse a la situación que se ha dado.
Esto nos hizo reflexionar y ser conscientes de que debíamos buscar alternativas e intervenciones que hicieran que la vida de estas personas fuera mejor y tuviera sentido.
Teniendo presente que el valor vida es importante y que hay que evitar el contagio de la enfermedad, hemos llevado a cabo determinadas acciones que han mejorado la calidad de vida de las personas de la residencia. Al no tener casos y, siempre, con las medidas de prevención recomendadas, hemos realizado paseos, hemos utilizado la tecnología para que vieran y se comunicaran con su familiar, para realizar musicoterapia personalizada, se ha permitido que las personas que presentan deambulación incontrolada puedan hacerlo, etc.
El valor vida es importante, pero tan importante o más es el bienestar funcional, emocional y psicológico de las personas.

Ya sabemos del papel tan importante que desempeñan las familias. Hemos podido ver cómo, personas que tienden a desconectarse del entorno, cuando oyen la voz de la persona familiar o cercana para ella, aunque sea a través de una pantalla, es capaz de conectar y emocionarse.

¿Habéis contado con apoyo del gobierno y la dirección del centro para hacer vuestro trabajo con seguridad?

La residencia en la que trabajo es de titularidad pública y yo llevo la gestión de la misma. Soy enfermera especialista en geriatría, con una experiencia dilatada en el cuidado de personas mayores, lo que ha hecho que resulte más fácil coordinar a los diferentes perfiles profesionales e instituciones.
Venimos de una situación anterior de recortes en el sistema sanitario, lo que ha hecho que, ante una situación de estas características, se diera escasez de recursos materiales y, debido a esto y el desconocimiento del comportamiento de la enfermedad, muchos profesionales se han contagiado. Aunque no es el caso de nuestra residencia, sí lo ha sido en otros centros.
Debo decir que, en todo momento, hemos tenido el respaldo, información, asesoramiento y apoyo de las instituciones, incluso ante la escasez de personal, tanto ayuntamiento, como diputación como el gobierno se han coordinado para poder disponer de personal cualificado allí donde fuera necesario y en la medida que iban disponiendo de material, nos iban suministrando. En nuestro caso, no nos ha faltado lo necesario para hacer frente a la pandemia en condiciones mínimas de seguridad.

¿Habías vivido una situación de tanto estrés y sufrimiento similar en tu trayectoria profesional?

No, a lo largo de mi trayectoria profesional ha habido situaciones con diferentes niveles de estrés y sufrimiento pero jamás una situación de estas características.
Tampoco en mi vida biológica. Resulta increíble cómo un virus es capaz de poner en cuarentena a toda la humanidad y de parar el mundo. No estábamos preparados para algo así.
Esta crisis no es una crisis sanitaria, se trata de una crisis de salud pública. que ha evidenciado la importancia de la sanidad y de sus profesionales pero también que, además de los determinantes de la salud, hay otros factores  importantes en la vida de las personas. No se trata solo de sobrevivir sino de vivir. Se ha protocolizado para todas las personas igual, sin tener en cuenta la diversidad que nos caracteriza como seres humanos y esto ha generado situaciones de inequidad con los más vulnerables, entre ellos, las personas mayores.
Una vez que volvamos a la «nueva normalidad» de la que se habla, muchas personas van a requerir atención psicológica.

¿Qué deberíamos aprender de esta lamentable situación?

Esta crisis  tiene que haber servido para aprender muchas cosas, entre otras cosas, que no todas las personas somos iguales y que no se pueden elaborar protocolos y guías homogéneos para todos, hay que tener en cuenta la diversidad y ser flexibles. Podemos hacer frente a la pandemia de manera más personalizada para no generar malestar  en las personas. Tan importante como la salud y la seguridad es la libertad y las relaciones entre las personas. Somos seres interdependientes.
También hemos aprendido que las personas mayores son adultas y tienen los mismos derechos que el resto de la ciudadanía y la edad cronológica no debe ser criterio para acceder a los recursos sanitarios cuando están en escasez. No se puede limitar a una persona el acceso a unos cuidados de mayor intensidad, por ejemplo, en las UCIs, teniendo en cuenta solo el criterio de la edad.
Es necesario revisar el modelo de cuidados de larga duración y el modelo de atención en residencias. El avance hacia un modelo de atención centrado en la persona, personalizado y que garantice los derechos de las personas mayores está en riesgo. Se ha hablado de sanitarizar o medicalizar las residencias pero nadie quiere vivir los últimos años de su vida en un hospital, hay que hacer que las residencias sean lugares de vida donde las personas puedan recibir y acceder a cuidados de salud cuando lo necesiten.
Por último, debemos ser previsores. Aunque como he dicho, en nuestro caso, la coordinación entre niveles y entre instituciones se ha dado, considero que se ha improvisado mucho y hay margen de mejora.Es imprescindible un adecuada coordinación entre el sistema sanitario y los servicios sociales y también con lo comunitario.
Como se suele decir en el lenguaje de la ética, esperemos que la próxima vez nos pille pensados.
¿Cómo están tus familiares mayores?
Yo soy la menor de tres hermanas y hace varios años que fallecieron mis padres, a los cuales recuerdo cada vez con más frecuencia.
En este momento, como familiar mayor más cercano está la madre de mi marido. Me cuesta decir que es mi suegra, por la connotación que suele tener ese término aunque según la relación de parentesco así sea,  ya que la considero como mi segunda madre. Tiene 94 años y está funcional y cognitivamente muy bien. Es una mujer adorable y vive en un pequeño pueblo alavés.
En el momento que se declaró el estado de emergencia sanitaria, una de mis cuñadas se trasladó al pueblo para estar con ella ya que no queríamos dejarla sola ni ponerla en riesgo con nuestras visitas que, por otra parte, no podamos realizar. Afortunadamente, está muy bien, todas las tardes hablamos con ella, a través de videoconferencia, algo a lo que ella se ha adaptado estupendamente, a pesar de no manejar la tecnología. Con ganas de verla personalmente y poder abrazarla.
¿Cómo valoras tu autocuidado? 
Como algo esencial para poder sentirme bien, poder llevar a cabo mi proyecto de vida y  poder disfrutar de  lo que tengo y me rodea, de mi familia, amigos,….. Espero y deseo que, llevar una vida activa, saludable y en compañía,  me ayude a envejecer bien.
La verdad es que me considero una persona afortunada. 

Desde luego, si algo ha dejado en evidencia el coronavirus es que la responsabilidad ciudadana es fundamental para superar esta crisis.

¿Qué te gustaría retomar cuando llegue la calma o a quién te gustaría abrazar cuando lo podamos hacer?

Lo que hecho mucho de menos es el contacto, el poder abrazar a las personas que quieres, el poder dar la mano en un saludo, el poder consolar o que te consuelen en un momento determinado, el pasear libremente sin tener que mantener distancia física con el resto de seres humanos, ….. Por poner un ejemplo, esta mañana, una residente que, como digo, no es capaz de entender qué está pasando y que se le permite deambular por la unidad, se acerca a mí y mirándome a los ojos me dice con una sonrisa «te quiero». ¡Cómo no la voy a abrazar!
En el ámbito personal, lo primero que haría cuando llegue la calma es ir a ver y abrazar a mi hijo el mayor y a su compañera, que viven fuera y hace ya 3 meses que no los veo y disfrutar de un fin de semana en familia, con ellos, mi hijo pequeño y mi marido, en algún lugar del Pirineo oscense.
Y me gustaría retomar las charlas y quedadas de los viernes con mis amigos y amigas de cuadrilla.

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