Recientemente, Félix López concedía a Qmayor una entrevista en la que nos presentaba su libro “Ética de las Relaciones Sexuales y Amorosas”. En la víspera de la Navidad, nos desea unas felices fiestas y nos regala su especial carta de felicitación al Papa.

Usted me parece un buen hombre; y por eso me permito felicitarle en estas fiestas. Más aun, le felicito en concreto por canonizar a la Madre Teresa, que en sí misma es un milagro, de forma que no veo necesario que haya tenido que hacer otro para declararla Santa. No sé si es una buena idea pedirle tanto a los santos.

También le escribo para hacerle una petición que supongo imposible, pero lo intento por si acaso. Se trata de sugerirle, con todo respeto, que  habiendo nacido Jesús de María y siendo tan pobre, hay dos cosas del evangelio, libro tan maravilloso como es, que no me cuadran.

Una es que se diga que María tuvo el niño siendo Virgen, cosa que a mi entender no era posible, al menos en aquellos tiempos. Tampoco comprendo que además de poner en dificultades a José, Dios decidiera prescindir de la actividad sexual y amorosa para venir al mundo, máximo habiéndonos hecho sexuados a los hombres, que es lo que pretendía ser Él también.

Es verdad que de niño me decían que había tenido al niño sin que se  rompiera nada y sin mancharse, como el rayo del sol pasa por el cristal. Ya entonces me pareció muy raro,  pero es que ahora me pregunto si esta historia no será un añadido tardío a los evangelios, justo por aquellos que llegaron a considerar la sexualidad como la enfermedad de la naturaleza. 

Tampoco acabo de entender que pintan los reyes en el portal de Belén. Desde luego está claro que llegaron tarde, dejando a los pobres José y María sin posada y sin matrona, con la compañía de una mula y un buey, teniendo un pesebre por cuna. ¿No fueron los reyes avisados a tiempo?, ¿Los camellos fueron lentos? Porque parece que fueron guiados por una estrella, predecesora de los artificios que se usan ahora. Y no creo que estando en manos de Dios, la estrella se equivocara confundiéndolos durante un tiempo.

Me parece más razonable que fueran los pastores los que le echaran una mano, como los cabreros a nuestro Don Quijote. Los pastores siempre fueron buena gente y ellos sí que saben de pobreza y dureza de la vida.

No quiero molestar, pero si se puedo pedir algo este año, yo deseo que hagan estos cambios en el evangelio:

Que sepamos  que José y María disfrutaron  de la vida, antes y después del matrimonio, y que los reyes siguieron en sus palacios, que es su sitio natural. Mejor si dejaron de hacerle regalitos inútiles en tales circunstancias, después de condenarles a la pobreza.

Con todo respeto

Félix López Sánchez