Gertontología

Se habla mucho del trabajo gerontológico. De cómo disponerse a formar equipos interdisciplinarios, de la atención individualizada para y con el viejo y su entorno, de la importancia de esta profesión en los ámbitos sociales educativos y efectivos y más aun  concretamente para cada persona mayor que acude a nosotros.

Mucho se habla, se escucha, se escribe y se lee del trabajo enorme contra la discriminación por edad…nuestra labor es vital. Mejor palabra no encuentro para relacionarla con geronte.

Hoy después de una video llamada grupal, las expresiones faciales y verbales de los viejos que coordino en tiempos previos y espero posteriores a esta pandemia, urge dedicarme a ellos. Ya no desde lo profesional, sino desde lo esencialmente humano. No desde lo que yo brindo, sino desde lo que ellos desbordan.

Mi intención es, participar a todos quienes estamos en este camino de mi subjetiva realidad. De visibilizar viejos en la medida de sus aportes, ya no como experimentados transmisores sociales de normas y tradiciones, ya no como sustentadores de la cultura…o sí, también aunque no como generalidad.

Es cierto que en la avidez de atención y respeto en una sociedad que tiende a desdibujarlos de la dinámica cotidiana, el gerontólogo/a es visto como un salvador. Esto es por dedicarles una escucha activa, por ponerles en las manos herramientas de empoderamiento para que se proyecten como desean, en definitiva…por hacer lo que el sentido común se asombraría de no llegar a cubrir.

Hasta acá. Todo lo escrito ha sido en base a lo profesional. Conceptos, construcciones y accionar. El punto es: todo lo que mi vida se enriquece sin freno porque ellos y ellas existen, porque gracias a Dios el mundo está lleno de viejos y viejas. ¿Qué sería de mí sin ellos? Ni gerontóloga en ciernes, ni conceptos y construcciones para aplicar, ni las redes sociales formadas por el objeto de estudio  en común…nada, nada de ello existiría para mi.

Y eso que sólo enfoqué en la formación académica. Parada hoy, me veo pequeña ante lo que los viejos son, lo que enseñan, lo que aplican, la energía vital y apasionada que me contagian, muchísimas veces ante las vicisitudes de la vida los papeles se invierten, y ellos sin saberlo me devuelven al centro. Me regalan el eje único del que nos despegamos seguido, lo importante: si hay vida, hay posibilidades, todo pasa y todo queda. Las risas, abrazos, gratitud, solidaridad, resiliencia, la unión hecha fuerza,  los regalos hechos budín, tejidos, dulces…todo lleno de colores, lleno de vida.

Creo profundamente que esta profesión es importante para ellos. Más creo en lo importantísimos que son ellos (viejos y viejas) en mi vida. No estamos a mano, nunca lo estaremos, ellos tienen y dan mucho más que yo. Gracias a cada una y uno, pretendo llegar a ser un poco más parecida a lo que me muestran cuando el tiempo social marque que soy vieja, porque entonces sé que habré trascendido todo lo que fui…alguna vez.

Selena Farías (Argentina). Técnica en Gerontología. Desarrollo de proyectos socioeducativos con y para personas mayores. Creación y coordinación  grupo de adultos mayores con Enfoque de Derechos. Integrante, disertante y coordinadora  de Comisión para Jornada sobre Derechos de  la  vejez conjuntamente con  Defensoría del  Pueblo de la  Nación.

El equipo de QMAYOR te desea muchos éxitos y una larga hacia esa vejez digna, saludable y bella

“Desde el campo a la gran ciudad”