El tercer domingo del mes de junio en muchos países de Latinoamérica y EE.UU. se celebra y conmemora el Día del Padre, y este día genera que de alguna manera todos y todas –de todas las edades – pensemos nuestra relación y afectos con nuestro papá; a veces hay relaciones distantes con él, o simplemente hay una ausencia completa; o por otro lado, hay fuertes relaciones de afectos y cercanía con papá, que personalmente creo que es de la mejores experiencias que podemos tener en la vida.

Tantos recuerdos que tengo de mi papá, mi papi, como siempre le decía; durante 23 años que me regaló la vida de tenerlo conmigo, recibir sus besos, caminar agarrados de la mano, que me prepare las ricas loncheras para llevar el colegio – esos sánguches riquísimos, en particular el de lomo saltado y el de tortilla de alcachofa; y como no extrañar las avenas súper espesas como a él le gustaban mucho; que me espere en el paradero cuando se lo pedía – especialmente en días muy cargados de trabajos y reuniones universitarias -, correr alrededor del parque cerca de la casa, salir al mercado y verlo como cuidadosamente escogía las verduras, hacer ejercicio en el patio trasero de la casa, o en el pasadizo si hacía mucho frío; que me despierte tempranito cuando necesitaba avanzar trabajos, ir a su trabajo y verlo siempre atendiendo cordialmente a sus clientes, todo un “BuenMOZO” como le decía; que nos traiga a la casa el Tiramisú o las galletas con pecanas, así como las galletas Chaplín, que él creía que eran las mejores clásicas que hay, brindar con Chilcanos, y vinos; bailar Bolero, Cumbias y Huaylas en sus cumpleaños; que me cuente de su hermosa tierra y su vida de niño –estudiando en la escuela y trabajando en el campo con sus padres -; escuchar el sonido de la licuadora cuando preparaba los cocteles y el Pisco Sour, y más aun cuando me llamaba para probar qué tal quedaron; tomarnos fotos con muecas graciosas, conversar y debatir sobre política…que cocine tan rico, pues nada era imposible de hacer para él en nuestra casa; mamá y él no solo eran una pareja que se amaba, sino también un equipo cuando se trataba de la crianza a cinco hijos/as, dicho sea de paso, soy la última hermana.

Mi padre se llama Antenor Chamorro Trinidad, el mejor hombre que he conocido en mi vida, un pata chévere, un cholo, como él se decía siempre, que le encantaba su trabajo como mozo en la Trattoria Italia, la Trattoria más antigua de Lima; pero que a su vez disfrutaba mucho de los compartir y fiestas con su gente; le gustaba vivir, sí que le gustaba. Falleció el 18 de octubre del 2014 a causa de cáncer, luchó y luchamos con él, siendo coherentes con su consigna: “Esta enfermedad será como un partido de futbol, y lo vamos a jugar bien, yo voy a meter goles, pero si me mete goles está bien, pero va ser un partido bien jugado”. Aceptó partir, y lo acepté también, aunque me ha costado mucho hacerlo. Aprendí en este proceso que viví con mi papá, que no siempre se encontrará respuestas a cada pregunta que nos hacemos, más aun si tiene que ver con la vida y con la muerte, pero que hay una certeza, y ésta es que la vida es una sola, y hay que vivirla bien, valorando cada detalle que hay en ella.

Los Días del Padre desde que tengo memoria para mí han sido muy importantes, llenas de tarjetas hechas a mano para mi papá, con dibujos y escritos de todos mis sentimientos y agradecimientos hacia él, y otros detalles para hacer de su día especial, como un almuerzo grande y con vino, como a él le encantaba. Ahora es distinto sin su presencia física, y lo extraño mucho; pero voy generando detalles y aprendizajes que me permiten tener su memoria viva, que es valiosísimo para mí…su cocina en un “pin pan pun” –se refería con esta expresión a hacer las cosas rápidamente – es de lo que más extraño, su chocada de frentes, y su pasada de voz desde la cocina hasta mi cuarto -mientras horas de estudios y trabajos – para cenar juntos tallarines verdes con su copa de vino los dos: “Haydeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, a cenar, y vamos a brindar con vino” Y yo: “Ya paaaaaaaaa”, y me iba corriendo para la cocina.

Tras lo que viví con mi papi y su enfermedad, reafirmé que así como es valioso para nosotros/as como hijos/as sentirnos desde la infancia amados/as y protegidos/as por nuestros padres, debemos ser conscientes de que ellos/as no siempre tendrán buena salud y/o fuerza corporal, que es parte de la vida también–relativo en cuanto a edad- que podrán llegar momentos de fragilidad y dependencia, sea por enfermedades que se pueden presentar o desafortunados accidentes que ocurren, pudiendo causar dependencias de cuidados temporales o permanentes, y qué importante es que estos cuidados a nuestros padres sea por nosotros/as mismos/as, sus hijos/as, qué importante es que ellos también sientan nuestra protección y amor, no solo con gestos y acciones concretas, sino con palabras de aliento, con miradas de confianza, sosteniéndoles la mano como señal de que estamos con ellos.

En honor a él, a su memoria y a su vitalidad en la vida, quiero vivir con alegría y agradecimiento a la vida…creo que es ésta la forma en la que podemos recordar y hacer eternas a las personas que más queremos y que ya no están físicamente con nosotros/as.

Lo amo y amaré siempre al hombre de buen corazón y buena sazón, mi padre.

Haydee Chamorro García – Trabajadora Social – Perú – ¡D.E.P!

@AydChg6

Imagen: Paulo Zerbato