El martes 19 de diciembre inauguró la última exposición del año en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

La exposición, organizada por el equipo curatorial del Moderno, ocupa la Sala de Proyectos Especiales ubicada en el primer piso del Museo. La misma se conforma a partir de obras de mediano y pequeño formato que fueron seleccionadas directamente del taller de la artista y que permanecen inéditas: son, en su gran mayoría, papeles íntimos que permiten un acercamiento al desarrollo creativo de Kihlen.

Ides Kilhen combina ritmos de formas abstractas con un repertorio personal de figuras geométricas, números y notas musicales. La potencia de su trabajo se encuentra en ese diálogo constante consigo misma y en su incansable pero festiva labor a lo largo de todo un siglo.

Ides Kihlen nació el 10 de julio de 1917, en la provincia de Santa Fe. Su niñez transcurrió a orillas del Paraná en las provincias de Corrientes y el Chaco. La pintura, su compañera de ruta más fiel junto con la música, la siguió desde pequeña.

Ya en Buenos Aires, tempranamente entró en la Escuela de Artes Decorativas y así prosiguió con extrema dedicación hasta hoy que, continúa su trabajo de manera activa.

Pío Collivadino, director de la Escuela, comenta que cuando Ides ingresó a la misma, supo de su entusiasmo por concurrir a esa institución. Vicente Puig durante más de diez años la tuvo como alumna dilecta. Frecuentó diferentes talleres, como los de: Pettoruti, André Lhote en París, también el de Batlle Planas, quien le dejó una fuerte impronta. Estudió, además, Historia del Arte.

Visitó museos de distintas ciudades del mundo. Nada la apresuró. Su trabajo se mantuvo independiente del desarrollo del arte en Buenos Aires. Quiso, más que nada, serle fiel a sus propios tiempos internos. Durante mucho tiempo, se interesó más por los procesos del arte que por los resultados. Esto tuvo dos consecuencias para ella: la primera fue que nunca se profesionalizó, nunca tomó la decisión de forjar una carrera como artista: simplemente lo era, y eso le fue suficiente. La segunda consecuencia fue resultado de lo anterior: destruyó muchísima obra y como es esperable, no les puso fechas ni títulos a sus cuadros. Los testigos de su trabajo fueron: sus profesores, compañeros de taller, Adolfo Nigro -a quien a principios de los años 80 decidió mostrarle algunos trabajos-, y por supuesto, sus hijas y su nieta.

Kihlen atravesó todo el siglo XX —sus pensamientos, corrientes artísticas y coyunturas— en la búsqueda de un lenguaje propio; en él, la música también ocupa un lugar central y es el motor simbólico que guía la distribución de ritmos y silencios.

Museo de Arte Moderno Ubicado en el emblemático barrio de San Telmo, el Moderno exhibe -durante todo el año- obras de arte argentino e internacional, tanto de su colección permanente como de artistas contemporáneos.

Fotos: www.ideskihlen.com

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