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Querida audiencia, ¿leísteis ‘La Dama de los recuerdos’? Aquella adaptación a cuento para niños acerca de la realidad de las personas con Alzheimer que interactúan con una perra. Pues su autora, Beatriz Rey con Juliana Muñoz y Ana María Sánchez nos han dedicado su tiempo y amabilidad para hablarnos de su nuevo libro: ‘Alzhéimer y Terapia con Animales’. ¡Conozcamos y aprendamos con sus experiencias!

¿Cuándo surge la utilización de animales con fines terapéuticos? ¿Y desde cuándo para abordar enfermedades geriátricas?

La primera intervención documentada y registrada con animales como ayudantes de terapia aparece en 1792 con el Dr. Willian Tuke, en el Asilo York de Inglaterra dedicado a la rehabilitación de personas con problemas de salud mental.

En el ámbito geriátrico es difícil datar el inicio de la intervención del perro con fines terapéuticos, si bien si hay constancia de la utilización de otras especies como peces, aves, etc. La literatura científica registra un estudio desarrollado por Mugford y M’Comisky en 1975, donde destacan los beneficios que un animal de compañía, en este caso, aves, aporta a aquellas personas mayores residentes en su domicilio, constatando mejorías en la salud mental, capacidad relacional y percepción de la salud.

¿Pueden los animales de compañía suprimir las consecuencias negativas de la vejez? ¿De qué forma?

El proceso de envejecimiento puede conllevar cambios biopsicosociales, como: la diminución de la capacidad funcional, cambios fisiológicos, declive/deterioro cognitivo, cambios en la interacción social y comunicación, etc. Los animales de compañía no pueden suprimir estas consecuencias, aunque sí pueden ayudar a mitigar y compensar las pérdidas. Por ejemplo, la tenencia de un perro obliga a la persona mayor a salir a pasear diariamente, influyendo positivamente sobre las posibles afectaciones del sistema cardiovascular (HTA, colesterol…), estimulando el sistema muscular y esquelético, al jugar con el animal lanzándole una pelota, así como potenciar las socialización e interacción con los dueños de otros perros. Además, funciona como un modulador de las rutinas diarias lo que facilita envejecer de forma activa.

Así mismo, un perro también puede compensar la pérdida de capacidades sensoriales. Por ejemplo, para una persona mayor con pérdida de la capacidad auditiva, el animal puede actuar como un sistema de alerta que avise tanto de la presencia de invitados como de intrusos en el domicilio.

Además de las pérdidas producidas por el propio proceso de envejecimiento, es una etapa de pérdidas de personas cercanas que forman parte de la red de apoyo como, por ejemplo, la pérdida del cónyuge y duelos en un corto espacio de tiempo, produciendo en la persona una sobrecarga de aflicción. Existen estudios que afirman que, tras la pérdida del cónyuge, la existencia de un vínculo emocional entre un animal de compañía y su propietario favorece la superación del proceso de duelo.

De todos los estudios que constatan científicamente estos beneficios, ¿qué datos os han sorprendido más de la investigación internacional para elaborar el libro?

Nos ha sorprendido el estudio de Edwards y Beck (2002). Tras incluir acuarios de peces en un centro de atención residencial, comprobaron como su inclusión favoreció la ingesta de alimentos de las personas usuarias. Este efecto no solo tiene unas implicaciones positivas en la salud de la persona mayor, que requiere de menor suplementación nutricional, también influye en el ahorro del costo de la atención médica. En este caso se refleja claramente la influencia positiva de la tenencia de un animal de compañía para las personas mayores, repercutiendo de forma directa en su salud.

¿Qué habilidades debe tener el instructor para desarrollar con éxito estas intervenciones asistidas con animales?

Primeramente, es imprescindible que la persona se forme en el campo de estudio, bien con formación reglada o no reglada. Que sienta pasión en su quehacer diario. Y sobre todo ser entusiasta la hora de ofrecer a las personas mayores una estimulación diferente para ralentizar las pérdidas, en el caso de cursar un envejecimiento patológico, y de mejorar su calidad de vida.

Las principales habilidades que deben poseer son: capacidad de trabajo en equipo, habilidades de comunicación, espíritu emprendedor, creatividad y sociabilidad.

Durante el desarrollo de las intervenciones deben estar presentes como mínimo dos profesionales clave: el Técnico en terapia asistida con animales (TTA) y el Experto en terapia asistida con animales (ETA).

El TTA es un profesional formado en el entrenamiento y manejo del animal, a la vez que tiene conocimientos de los conceptos básicos de distintas discapacidades. El ETA, es un profesional de la salud o de la educación con conocimientos sobre terapia o educción asistida con animales. El TTA es el que trabaja de manera más cercana al animal, desarrollando ambos las tareas como un equipo. El ETA se encarga de adaptar el equipo TTA-animal a sus programas terapéuticos.

¿Cómo sois recibidos en las instituciones geriátricas por parte de los profesionales?

En nuestro caso, fue un proyecto piloto en la Asociación Galega de Axuda aos Enfermos de Alzheimer e outras Demencias Neurodexenerativas (AGADEA), con una duración de 18 meses. Buscábamos ofrecer una terapia no farmacológica diferente de estimulación que ralentizara la pérdida de funciones cognitivas. Para su implementación, observamos que no existían actividades y ejercicios en materia de neuropsicología adaptada al colectivo de la tercera edad y perroterapia, por lo que nos embarcamos en esta aventura desarrollando un programa completo con 23 talleres grupales y 120 láminas neuropsicológicas con temática canina.

Algunas instituciones, principalmente residencias sociosanitarias, se han interesado por desarrollar el mismo proyecto en sus instalaciones. Actualmente no tenemos constancia de la replicación del estudio en otros centros geriátricos.

¿Qué exigencias demandan estos espacios sociosanitarios para que estos perros puedan acceder con libertad y seguridad?

No existe legislación que estipule el tipo de espacio. Pero todo profesional debe tener presente unas premisas básicas. En el interior del centro, el perro debe disponer de un espacio para el descanso en los tiempos que no realice intervención y, el exterior, contar con jardines para realizar los paseos así como sus necesidades fisiológicas, y mejor con espacios al aire libre con cubierta para los días de lluvia.

¿Qué razas son las más predispuestas para trabajar de manera terapéutica? ¿Qué cualidades debe tener el perro?

Todas las razas son válidas para el trabajo terapéutico siempre y cuando exista una educación adecuada del animal. Sin embargo, tradicionalmente las razas de perros más utilizadas han sido el Labrador Retriever, Golden Retriever, perros pastores en general y terriers, entre otros. Existen diferencias entre las distintas razas en lo concerniente a su predisposición genética a tener un carácter afectuoso, agresivo o juguetón. Es evidente que dentro de una misma raza se puede encontrar una amplia variación para cada una de estas conductas. Aunque cualquier raza de animal con un carácter tranquilo y cariñoso podría ser utilizada en las Intervenciones Asistidas con Animales (IAA).

La selección de perros que trabajen en terapia debe ser muy estricta debiendo cumplir los criterios de fiabilidad, predecibilidad, controlabilidad, adaptabilidad, así como inspirar confianza a todo el equipo terapéutico.

¿Dónde se pueden formar nuestros lectores interesados en este tipo de actividades?

Existen diferentes instituciones privadas y públicas que ofertan cursos de Terapia Asistidas con Animales y Máster en este ámbito.

En el manual, el lector puede encontrar el marco teórico y práctico en el que se detallan diferentes aspectos que se deben tener en cuenta antes de la implementación de las intervenciones así como durante el desarrollo de las mismas, que pueden servir de base para iniciarse en una bonita experiencia como la que hemos vivido nosotras.

ALZHÉIMER Y TERAPIA CON ANIMALES, 2017

  • Nº de páginas: 420 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: S.L. (ANDAVIRA) TORCULO EDICIONS
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788484089483

Alzhéimer y Terapia con Animales. Teoría y práctica es un manual que busca servir de guía para que aquellos profesionales del ámbito gerontológico que deseen iniciar terapia con animales puedan encontrar en él todo lo necesario para su implantación.El manual aporta un programa innovador en el aula, compuesto de 120 láminas neuropsicológicas y 22 talleres grupales, diseñado con temática canina con el objetivo de favorecer, complementar y enriquecer la intervención.Te facilitará la ejecución de este tipo de dinámicas con personas mayores que sufren deterioro cognitivo o demencia. Siempre abordado desde la vertiente multidimensional que engloba las tres esferas: funcional, cognitivo y socioemocional.

Autoras:

Beatriz Rey Mourelle. Graduada en Terapia Ocupacional por la UDC. Graduada en enfermería por la USC. Máster en Asistencia e Investigación Sanitaria por la UDC. Máster Universitario en Profesorado especialidad formación profesional por la USC. Docente de formación no reglada. Experta en modificación de la conducta en personas con demencia. Profesional en activo en el Complejo Hospitalario de Navarra cursando la residencia de Enfermera Especialista en Salud Mental. Ha publicado La Dama de los Recuerdos, Activando a memoria desde o Museo do Pobo Galego. O folclore como recurso para a estimulación cognitiva.

Juliana Muñoz Hernández. Licenciada en Psicología por la USC. Máster universitario en Gerontología por la USC. Máster Universitario en Psicología General Sanitaria por la VIU. Postgrado en Neuropsicología por la UNED. Experto universitario en Gerontología y atención a la tercera edad por la UNED. Profesional de Atención Sociosanitaria a personas dependientes en instituciones sociales. Profesional en activo en Centro CICS

Ana Mª Sánchez Miguez. Graduada en Terapia Ocupacional por la UDC. Profesional de Atención Sociosanitaria a personas dependientes en instituciones sociales. Profesional en activo con personas con demencia.

Os recordamos este artículo que tuvo mucho éxito,

Personas Mayores y animales. Beneficio mutuo