Recientemente me han preguntado por qué siendo tan joven me dedico al tema de los mayores y qué opina mi generación al respecto. Para ser sincera la pregunta me pilló un poco desprevenida, nunca me lo había planteado. A decir verdad, no tenía una opinión formada al respecto. Me parece algo normal, de la misma manera que algunas personas se especializan en el tema de los adolescentes, a mí y otros tantos nos interesa el grupo de las personas mayores para, en mayor o menor medida, tratar de mejorar su calidad de vida. No contenta con esta respuesta, mi “vena” investigadora consideró que no era suficiente, por lo que decidí realizar esa misma pregunta a otras personas de mi generación.

Por ello elaboré un mini-cuestionario e hice unas cuantas entrevistas personales. Cabe mencionar que este mini-estudio no tiene validez externa, pero me daba curiosidad y quería responder esa pregunta con datos objetivos y no con información de mi cosecha. A decir verdad, a las personas entrevistadas les sorprendió tanto como a mí, ya que les parecía del todo normal mi elección.

En un primer momento puede parecer que estas respuestas no tienen mucho jugo, no hay nada sorprendente ni llamativo. Sin embargo, en una segunda revisión me dio a entender que al menos en mi generación existe cierta normalización de la elección del estudio del envejecimiento y del grupo de las personas mayores. Parece sorprender más a otras generaciones que a la mía, lo cual puede entenderse como un pequeño paso en un camino más largo que debe finalizar con la generalización de la solidaridad intergeneracional y la inclusión social de las personas mayores. Sea como sea, me encanta el camino que he elegido y ya me tarda el siguiente paso que vaya a dar en el mismo.

Por cierto, mi nombre es Sara Marsillas y soy psicóloga. Hace algo más de dos años y medio comencé una investigación relacionada con el envejecimiento activo, que se ha visto materializada en una tesis doctoral. Concretamente, mi investigación tenía como objetivo principal el desarrollo de una herramienta de medición del envejecimiento activo a nivel individual, que a su vez debía estar empíricamente validada. Esto quiere decir que mi contribución al mundo científico tiene una gran carga metodológica; supone un conjunto de números, términos y modelos complejos referidos a realidades aún más complejas. Unido a ello, se proporcionan una serie de datos, quizá tildados de interesantes por algunas personas, a lo que siguen unas conclusiones algo más comprensibles y aplicables.

Independientemente de la satisfacción que me ha producido la elaboración de dicha tesis (que por momentos también he sufrido, para qué negarlo), mi fase favorita ha sido la recogida de datos. Para ello, he formado un equipo con el que he ido recorriendo Galicia para entrevistar a personas mayores de 60 años. Ellos y ellas no se acordarán de nosotras, sólo habrán comentado con las personas de su entorno que unas chicas jóvenes les estuvieron preguntando algunas cosas sin entender muy bien por qué era tan importante. Aunque no me recuerden, yo a ell@s sí; ha sido una experiencia intensa, de la que me he llevado reflexiones vitales, anécdotas, risas y alguna que otra lágrima. Toda esta parte no se suele ver ni contar en las tesis doctorales y quería aprovechar este espacio para agradecer una vez más la participación de tod@s aquell@s que hicieron posible este objetivo tildado como ambicioso por algunas personas: ¡GRACIAS!

  • Por cierto, hoy es su cumple y le felicitamos por su inquieta juventud, deseándole una longeva pasión por garantizarnos un futuro lleno de vida.

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