En primer lugar gracias por abrirnos tu casa y por esta conversación que estamos seguros va a entusiasmar a nuestra audiencia.

Milagros, ¿a qué edad recibes la noticia de que vas a ser abuela por primera vez?

Pues fue en el 2000, tenía 52. Por aquel entonces era directora editorial de un grupo alemán, con 18 cabeceras aproximadamente. Mi hija me lo anunció y me alegré mucho por ella, pero yo no me sentí nada concernida, la verdad. No había reparado en que cambiaría de rol. Pero, nació ese niño, Jaime y me enamoré locamente de él. ¡Alucinante!

La abuelez fue volver a descubrir un mundo de ternura, de amor, de diversión… 

Yo fui madre con 20 años y a los 26 años tenía 5 hijos, y con 5 niños hice mi carrera de periodismo. Imagínate, en mis primeros trabajos me decían mis compañeras: “esta maruja qué hace aquí”, porque todas eran jovencitas. Sin embargo, nos hicimos muy amigas a pesar de verme como una extraterrestre.

¿Eres más cariñosa con tus nietos de lo que lo has sido con tus hijos?

Sí, sin duda. Bueno, es distinto. Cuando tuve a mis hijos era muy joven y no sabía muy bien cómo actuar con aquellos seres que te ponen en las manos y además, tienes mucha responsabilidad y muy poca formación. Con mis nietos, ya tenía experiencia y menos presión. Ahora estoy más relajada.

¿Cómo reaccionaste cuando tu hijo os informó del nacimiento de Lucía con síndrome de Down?

Lo recuerdo perfectamente porque fue un impacto grande, pero le dije: tranquilo hijo, de esto hay mucho escrito e investigado. Y así es. Ahora Lucía es una preciosidad de 9 años que lo que más le gusta en el mundo es leer.

Tenemos entendido que perteneces a la Plataforma “Educación Inclusiva SÍ, Especial TAMBIÉN”, cuéntanos un poco más de esto.

La absurda propuesta hecha para cerrar los colegios de educación especial me ha hecho implicarme en este tema.

Tengo 12 nietos y la décima, Lucía, nació con síndrome de Down. Desde el principio fue a una guardería regular y había veces que mi nuera lloraba amargamente al ver que Lucía no interactuaba con los otros niños. Cuando llegó la hora de buscar colegio, sus padres valoraron todas las posibilidades muy seriamente. Con tanto niño en casa veíamos que a partir de los 5 años, los niños empiezan a crecer más deprisa y a tener unos códigos que los niños con síndrome de Down necesitan más tiempo para aprender. Empiezan a quedarse desplazados.

Estuvimos viendo colegios de educación inclusiva, vimos cosas que no nos gustaron. Por ejemplo: llega la clase de matemáticas y tu niña no puede seguir el nivel. Entonces la sacan de clase. Con las clases de lengua, lo mismo. Vimos que la exclusión se estaba haciendo continuamente en la educación ordinaria.

Los niños con discapacidad intelectual tienen otros ritmos y otras necesidades. Al final tomaron, sus padres la decisión de llevar a Lucía a un colegio de educación especial, donde aprende, se siente una más y está feliz.

Libros que facilitan la lectura a personas con demencia

¿Con Lucía te has implicado más en tu labor de abuela?

Me he implicado más en diferentes proyectos que promueven que se conozcan las grandes capacidades de estos niños si tienen el apoyo y la estimulación que necesitan. Creamos la Fundación Garrigou para buscar apoyos. Hicimos un polideportivo, una aplicación de salud para las familias, además de otras iniciativas para conseguir financiación,como la edición de unos preciosos cuentos que han ilustrado estos mismos niños y niñas. Estos trabajos (que muestra en la foto) son producto del esfuerzo y la voluntad, todo un ejemplo y una enseñanza para la sociedad.

Pero, recuperemos la misión de la Plataforma “Educación Inclusiva SÍ, Especial TAMBIÉN”

Aparece la plataforma como respuesta a una propuesta de ley que dice, de una manera sumamente irresponsable, que los colegios de educación especial son guetos, donde metemos a nuestro hijos, y nietos en mi caso, aislándolos de la sociedad y quitándoles posibilidades de futuro. Me parece que quién propone esto se olvida que estos niños tienen familia y conviven el resto del tiempo con sus hermanos, primos y abuelos o vecinos con total naturalidad.

Hay mucha vida después del colegio.

Algunos niños con discapacidad intelectual tienen otros ritmos y otras necesidades. Al final sus padres tomaron la decisión de llevar a Lucía a un colegio de educación especial, donde aprende, se siente una más y está feliz. 

Yo les invito a que visiten los colegios de educación ordinaria para ver cómo están atendidos y acompañados estos niños con discapacidad intelectual. Yo les invito a qué vean la felicidad de mi nieta Lucía, cuando es la primera de su clase, algo que nunca ocurriría en un colegio ordinario.

Cuándo se acaba la educación especial a los 20 años, ¿qué ocurre?

Pues depende de la capacidad de cada uno, hay jóvenes que siguen estudiando una formación profesional o académica adaptada para conseguir sus títulos. Otros se incorporan a centros especiales de trabajo, donde desarrollan sus tareas estupendamente. Depende.

¿De dónde viene este interés por cerrar estas escuelas?

No tengo ni idea. Y no entiendo que no se vea la diferencia entre una discapacidad intelectual y una discapacidad física. A veces van unidas, no siempre. Además, en Europa existen estos colegios de educación especial para personas con discapacidad intelectual. Y lo sé porque una de mis hijas, profesora, trabaja en Alemania y conoce bien el tema.

El caso es que el CERMI hace un recurso a la Unión Europa donde dice que, en España, las personas con discapacidad están discriminadas, en colegios de educación especial que son guetos y piden que vengan unos observadores internacionales. Como te puedes imaginar, esto va en contra de la opinión de la mayoría de padres que consideran que este modelo de educación especial es el que quieren para sus hijos.

La verdad es que no lo entendemos. No nos cabe en la cabeza.

¿Qué implicación tienes dentro de este “movimiento de afectados”?

Personas muy informadas nos alertaron de esta propuesta contra el cierre de los colegios de educación especial. Desde entonces nos hemos manifestado y movilizado para compartir estas noticias para que lleguen a la mayor cantidad posible de gente para sensibilizar a la sociedad, que conozca la realidad, la felicidad y el apoyo que tienen nuestros niños en sus coles.

Y no quiero terminar esta entrevista sin decir que mi nuera Lara, la mamá de Lucía, es el ser más maravilloso del mundo y que su fortaleza nos ha regalado una lección de vida. Bueno, mi hijo Marcos, también, que si no me va a matar.

Autismo España persigue diseñar servicios de apoyo para promover el envejecimiento activo del colectivo TEA

 

Enlace a Web:

https://www.inclusivasiespecialtambien.org

Si queréis profundizar en la historia de Lucía y el síndrome de Down, os dejamos este vídeo realizado por su padre, Marcos Chicot, que seguro que os servirá de ayuda.