El número de enfermeras que se especializan en el cuidado de personas mayores ha crecido a lo largo de los años. Parece que hay una población que envejece en muchos países y esto ahora ha creado una demanda de más profesionales de la enfermería geriátrica. No parecen ser tan numerosas como las enfermeras pediátricas, quienes su apariencia desvela por sí misma su especialización. Entonces, ¿cómo detectarlas? ¿Cómo te das cuenta de que te has convertido en una enfermera geriátrica de pleno derecho?

1. Te vistes “minimalista”.

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No utilizas nada demasiado tiempo alrededor de tu cuello. Ni pendientes ni collares cuelgan sobre el bolsillo del pecho. No quieres dar a tu pacientes algo de dónde tirar cuando de repente se confunden o se encuentran agitados. A menudo, tienes que trabajar muy cerca de tus pacientes cuando les ayudas con sus actividades diarias. Por respeto y seguridad no quieres que estos accesorios terminen colgados en la cara de tus pacientes, o dentro del plato de puré.

2. A veces  hablas “más fuerte” de lo necesario.

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Estás tan acostumbrada a las personas que tienen problemas de audición que parece que llevas colgado un amplificador. Y es sólo cuando analizas la cara de desconcierto de tu entorno, cuando te das cuenta de que realmente NO son sordos.

3. “Imitas” los síntomas de tus pacientes.

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A veces, te encuentras paseando por los pasillos de tu trabajo con la incapacidad de recordar por qué estás ahí. Sí, la pérdida de memoria y la demencia pueden ser contagiosos a veces. Bromas a parte, esto realmente sucede especialmente cuando tienes tantas cosas que hacer y recordar, que ya no sabes ni tu nombre. Los pacientes “complicados” a tu cargo favorecen esta empatía “demencial”.

4. Te van a dar el Nobel por la creatividad de camuflar medicamentos en la comida.

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Al igual que los niños, algunos pacientes de edad avanzada tienen poco apetito y pueden ser difíciles de alimentar. A veces, pueden utilizar sus emociones y fuerza física contra ti cuando se trata de la medicación. Como enfermera geriátrica, has descubierto muchas maneras diferentes de lograr que se trague el medicamento y has utilizado jeringas para ocultarlo en la comida o en su bebida favorita. ¡Deberías patentarlas!

5. Conoces tantos tipos de restricciones que Christian Grey estaría orgulloso de ti.

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Dominas las diferentes formas de manejar a tus pacientes, desde las menos restrictivas a las más complejas. Has desarrollado métodos creativos combinando el uso de mantas, sillas geriátricas y las gotitas de la sedación.

6. Dominas el arte de la sonda nasogástrica y el catéter urinario.

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Has tenido tantos pacientes con tubos NG y los que necesitan cateterismo intermitente que  podrías ponerlos con los ojos cerrados. Por no hablar de los pacientes que también tienen dominado el arte de tirar de ellos hacia fuera y te dan más oportunidades para practicar.

7. Tienes los reflejos más rápidos de tu equipo y siempre ganas en los sprints.

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Eres la responsable de las personas desorientadas y de todas esas que, de repente, deciden sacar sus cánulas IV. Esto te ha hecho desarrollar los reflejos del hombre araña para detenerlos. Hay también algunos pacientes que tienen habilidades de karate y ahora eres un ninja experto en desviar sus golpes y patadas. Y cómo olvidar todos esos pacientes de alto riesgo de caída que de repente salen de la cama  y te hacen convertirte en Usain Bolt para evitar la catástrofe.

8. Eres casi inmune al olor de la orina y las heces.

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Como enfermera geriátrica, a menudo ayudas a tus pacientes con sus necesidades de ir al baño. A veces, con demasiada frecuencia. Dicho queda.

9. Tienes la paciencia de un santo.

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Lo has visto casi todo. Los pacientes confundidos, errantes , pacientes repetitivos, ruidosos… Los que tienen impedimentos visuales o auditivos y requieren más tiempo para comunicarse. También están aquellos que constantemente necesitan ayuda para ir al baño o los que hacen que sea muy difícil la hora de comer. El ser enfermera geriátrica requiere mucha paciencia y comprensión. A través de los años, la paciencia que desarrollas es merecedora de una canonización.

10. Desarrollas un gran entendimiento “geriátrico” y apreciación de la vida.

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Al oír un paciente que no sabe quién es, ni cómo te llamas, pero te susurra “Gracias” es diferente que escuchar de alguien que es totalmente lúcido. A veces, es más abrumador. El ser una enfermera que cuida a las personas mayores te proporciona una perspectiva diferente de la vida. Tienes la oportunidad de ver en sus ojos. A veces se llega a ver los años que han pasado, las familias que han creado y la vida que han vivido. O se puede ver todo lo contrario; lo que no tienen o no han podido lograr. Consigues un sentido diferente de lo que deberían ser tus verdaderos objetivos en la vida. A veces, incluso sin su conocimiento, tus pacientes te puede enseñar lecciones valiosas de la vida que no llegas a aprender en otro lugar.

¡Felicidades a todos vosotrxs! Hoy es vuestro día y el resto de los 364.  Gracias por cuidarnos #DíaDeLaEnfermería