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Esta danza fue declarada por la Unesco patrimonio cultural intangible de la humanidad en 2010.
Su origen se remonta a la época prehispánica, en particular a la cultura purépecha y se relaciona con los bailes que formaban parte del ritual en honor al dios viejo o dios del fuego (El viejo Tata Huriata) y es un orgullo para todos los habitantes del estado de Michoacán, México.

La protagonizan cuatro danzantes que representaban las cuatro estaciones. Uno de ellos usa una máscara de niño o joven al ser la estación naciente y los otros tres utilizaban máscaras de viejos pues eran las estaciones pasadas. Este ritual se realizaba para pedir lluvia, cosechas o sanar enfermos.

Los bailarines van ataviados con el traje típico de los campesinos de Michoacán, camisa de manta blanca y calzones; llevan máscaras de pasta de caña de maíz, madera o barro con facciones sonrientes de ancianos desdentados pero con el color de la piel sonrosado.

Durante el baile los “viejitos” hacen alarde de sus muchos años mediante espasmos, caídas y caminando de manera encorvada, aunque también muestran una gran energía zapateando con sus huaraches (calzados con suela de madera para acentuar los pasos al compás de la música) y corriendo en fila india tomados del bastón, todo al ritmo de la música de violines y guitarras.

Interpretación de la danza

La peculiaridad de esta danza está en el toque humorístico; los danzantes escenifican los achaques de la vejez mediante caídas, espasmos y un caminar encorvado; no obstante, también hacen alarde de una vitalidad juvenil que expresan con un intenso zapateado al ritmo de la música.

El baile es guiado por una pareja conformada por el llamado “Veripiti” y la “Maringuía”. Ésta última es la representación de una mujer anciana de cabellera gris.

En el transcurso de la danza participan otros personajes conocidos como los “feos”, cuya actuación se centra en la burla y el desdén hacia el baile de los cuatro viejitos.

Su intervención cumple con un acto de bufonería y provocación hacia el público, pero desde el respeto y admiración por la población adulta mayor.

Así mismo, los bailarines son acompañados de violines y guitarras, quienes se dan a la tarea de interpretar la música folclórica característica de la la danza, lo que incentiva aún más el entusiasmo y la participación del público.

Las interpretaciones que se le dan a la Danza de los Viejitos son variadas, por ejemplo, existe una versión que la describe como un acto de burla hacia la poca energía de los colonizadores españoles para bailar, otros la vinculan con la celebración de la Navidad, fecha en que se presentan estos danzantes durante la tradicional Misa de Gallo a la media noche del 25 de diciembre. Un baile lleno de color y de alegría que nos recuerda lo importante que es vivir esta etapa sin complejos ni miedos.

Recuperamos esta historia…

‘La silla de la vida’, dignificando la vejez en formato corto