En una sociedad que valora la juventud por encima de la edad, es demasiado fácil aceptar una visión derrotista de envejecer. Es sencillo asumir que, junto con algunas arrugas, las canas, y la pérdida de pelo, también serás menos capaz de mantener tu propia esfera mental. Para empeorar las cosas, te das cuenta que la gente comienza a tratarte como si ya no fueses tan capaz, y todo por la apariencia que tus años reflejan sobre tu imagen. Todo el mundo entra en shock cuando, por primera vez, le llaman “señora” o “señor”. De hecho, cuando esto ocurre, es posible que mires por encima del hombro para ver si realmente es a ti, a quien se están dirigiendo. Y te consterna saber que efectivamente, es así.

Pero existe algo mucho peor que se refieran a ti con un término de absoluto respeto formal. Quizás te hayas dado cuenta y es que, a medida que envejeces, aumenta la tendencia de los demás a utilizar expresiones que son más apropiadas para bebés o niños preescolares que para una persona digna de respeto. “Cielo,” murmura el dentista cuando estás sentado en su sillón del dolor, “¿podrías volver tu cabecita un poco hacia mí?”.

La forma en que la gente te trata a medida que envejeces, no refleja únicamente el envejecimiento de tu cuerpo; sino que también influye la forma en que lo haces. El Modelo del Predicamento Comunicacional propuesto por la psicóloga de la Universidad de McMaster Ellen Bouchard Ryan y sus colegas (1995) es uno de los grandes héroes no reconocidos en el ámbito de la discriminación por edad. Según este modelo, los adultos mayores experimentan cambios físicos y cognitivos que los hacen parecer depender de otros. Su apariencia y habilidades cambiantes conducen a otras personas a tratarlos como niños, utilizando el mismo tipo de lenguaje paternalista (como “cielo” y “cariño”).

Lo que es aún peor que ser condescendiente es que los individuos más jóvenes simplifican el lenguaje que utilizan, hablan con una voz cantarina, y reducen a sus mayores psicológicamente a la situación de los bebés y niños pequeños. Se desarrolla una profecía autocumplida en la que los adultos mayores, siendo tratados como un niño, empiezan a comportarse como tal. Pierden su independencia y sentido de la dignidad, en última instancia sus habilidades cognitivas disminuyen aún más.

El término específico para el discurso paternalista utilizado de forma inapropiada con los adultos mayores es “elderspeak.” Es una forma de comunicación que consiste en adaptar el estilo del habla al dirigirse a las personas mayores como si fueran niños, con una actitud paternalista. Se utiliza un vocabulario simple, con un exceso de diminutivos, se eleva el tono de voz y se emplean muchos términos afectivos. En el elderspeak, hablar con los adultos mayores se reduce a una comunicación infantil. Además, se hace referencia a ellos en términos destinados a ser complementarios, tales como “lindo”, “adorable”, y “dulce”, que tienen el efecto contrario, ya que les lleva a sentirse como niños. ¡Piensa en esto dentista condescendiente! Cuando hablas a las personas mayores de esta manera, con el tiempo podrías hacer que se pregunten si realmente son personas adultas.

Ser tratados como jóvenes, por tanto, puede hacer que uno se comporte de tal forma que, sin querer, provoque la pérdida de su agudeza mental. ¿Crees que hay una manera de evitar o defenderse de estos mensajes condescendientes, por motivos de edad?

Cuéntanos tus ideas. Seguiremos exponiendo, alertando y denunciando el paternalismo en próximas entradas.

Referencias:

Ryan, E. B., Hummert, M. L., & Boich, L. H. (1995). Communication predicaments of aging: Patronizing behavior toward older adults. Journal Of Language And Social Psychology, 14(1-2), 144-166. doi:10.1177/0261927X95141008