¿Es lo mismo la pérdida de memoria que un simple olvido?

Existe una delgada línea entre un simple olvido y la demencia (como la enfermedad de Alzheimer) en las personas mayores, y solo un médico puede notar la diferencia con certeza razonable.

No existe el autodiagnóstico de demencia. Solo un médico capacitado o un especialista como un neurólogo, psiquiatra, psicólogo o geriatra puede llegar a establecer este diagnóstico.

Por lo tanto, si una persona mayor tiene dudas sobre si sus episodios recurrentes de olvido son una parte normal del envejecimiento o podrían indicar la aparición de una demencia, como el Alzheimer, su apuesta más segura es consultar con un médico.

Es importante recordar que el olvido y los problemas de memoria no indican automáticamente demencia.

Tanto el olvido como los problemas de memoria son partes normales del envejecimiento. También pueden ocurrir debido a otros factores, como la fatiga o la enfermedad. Pero no ignores los síntomas por completo.

Los síntomas de demencia incluyen dificultades en el pensamiento, la comunicación y la memoria. Para que el olvido sea diagnosticado con demencia, una persona necesita tener al menos dos de estos signos.

Es aconsejable recordar que la demencia es un término amplio que describe un conjunto de síntomas. Estos síntomas incluyen deterioro en la memoria, razonamiento, juicio, lenguaje y otras habilidades de pensamiento.

La demencia generalmente comienza gradualmente. Empeora con el tiempo y, al hacerlo, perjudica las habilidades de una persona en el trabajo, la interacción con otras personas y sus relaciones significativas.

La pérdida normal de memoria relacionada con la edad afecta a todos. Estos cambios en la memoria son, en su mayoría, manejables y no interfieren con su capacidad para trabajar, vivir de forma independiente o mantener una vida social.

La pérdida de memoria que interrumpe tu vida es uno de los primeros, o más reconocibles, signos de demencia. Otros signos tempranos pueden incluir:

  • Olvidar palabras comunes al hablar
  • Hacer las mismas preguntas una y otra vez
  • Cambios en el estado de ánimo o el comportamiento sin razón aparente, como llorar de repente o discutir
  • Palabras confusas, como decir puerta en lugar de piso
  • Perder cosas repetidamente
  • Perderse al caminar o conducir en una zona conocida

Imagen: © Luis Álvarez