El abuso de personas mayores en residencias y otros entornos de atención médica es un problema reconocido, pero no se entiende tan bien como otros tipos de abuso, como el abuso doméstico y el abuso infantil. El seguimiento de este tipo de abuso es especialmente difícil porque la edad de las víctimas y la prevalencia de discapacidades físicas y mentales hace que sea más difícil para ellos denunciarlo.

Se estima que cerca de 1 de cada 10 personas mayores ha sufrido malos tratos en el último mes. Sin embargo, las tasas de maltrato pueden ser mayores entre los ancianos residentes en instituciones que en los que están en la comunidad.

Para resolver esta creciente preocupación, los expertos están trabajando en estrategias de prevención efectivas que requieren una mejor comprensión de las víctimas y los perpetradores.

En un estudio reciente, publicado en Annals of Internal Medicine, los investigadores se propusieron determinar la prevalencia del maltrato de residente a residente en residencias de ancianos. Sus hallazgos muestran que una de cada cinco personas mayores en estos entornos es víctima del abuso perpetrado por uno de sus compañeros residentes. El equipo de investigación recolectó datos de cinco residencias de ancianos urbanas y cinco suburbanas de Nueva York en el transcurso de un mes a través de entrevistas a residentes y personal, observación, revisiones de gráficos e informes de accidentes e incidentes.

Una de cada cinco personas mayores en estos entornos es víctima del abuso perpetrado por uno de sus compañeros residentes.

El Centro Nacional sobre el Abuso a Ancianos de EEUU describe seis tipos comunes de maltrato a personas mayores: abuso físico, abuso emocional, abuso sexual, explotación, negligencia y abandono. Los investigadores de este estudio clasificaron el maltrato como “interacción física, sexual o verbal negativa y agresiva entre residentes de centros de cuidado a largo plazo que, en un entorno comunitario, probablemente se interpretaría como no deseada y con un alto potencial de causar sufrimiento físico o psicológico en el receptor”.

Alrededor del 20 por ciento de los residentes de estos centros experimentaron algún tipo de abuso a manos de un compañero residente. Aunque el abuso verbal fue la forma más común de maltrato, también hubo una alta tasa de agresión física e incluso varios casos de agresión sexual. Si bien el abuso del residente en centros gerontológicos ha recibido atención en el pasado, los autores afirman que los estudios para determinar su prevalencia son pocos y distantes. Esperan que esta investigación ayude en el desarrollo de estrategias de prevención efectivas.

Atención a los signos de maltrato

Debido a que las víctimas no siempre pueden denunciar el maltrato a personas mayores, la peor parte de la vigilancia se basa en el testimonio de testigos y eso significa conocer las señales de alerta: moretones, huesos rotos, abrasiones y quemaduras son signos evidentes de abuso. La retirada de actividades normales, los cambios en el estado de ánimo y el estado de alerta, y la depresión repentina podrían indicar abuso emocional. Las úlceras por decúbito, el empeoramiento de las condiciones médicas, la falta de higiene y la pérdida de peso pueden ser el resultado de la negligencia.

Llamar al 112 es una salida obvia para informar del maltrato de personas mayores. Tener conciencia de esta realidad y dar el paso para denunciar significa ayudar a las personas mayores a que sus derechos y dignidad sean siempre respetados.

Fuente: Annals of Internal Medicine. 2016.

Poema “A un olmo seco” – Antonio Machado