La depresión ocurre en hasta un tercio de los pacientes después de un accidente cerebrovascular, y las mujeres tienen un riesgo algo mayor, según una gran nueva revisión de estudios. La depresión posterior a un accidente cerebrovascular se asocia con una mayor discapacidad, una menor calidad de vida y un mayor riesgo de muerte.

La revisión sistemática aparece en la edición de noviembre-diciembre de la revista Psychosomatics.

Brittany Poynter, M.D., y sus colegas de la Universidad de Toronto analizaron 56 estudios sobre el accidente cerebrovascular y la depresión, en los que participaron más de 75,000 personas, de las cuales 12,000 eran mujeres. El tiempo entre el accidente cerebrovascular y el inicio de la depresión osciló entre menos de dos semanas a 15 años.

En las mujeres, las tasas de depresión después del accidente cerebrovascular oscilaron entre aproximadamente el 6 y el 78 por ciento, mientras que en los hombres las tasas de depresión oscilaron entre el 4,7 y el 65 por ciento.

Estos hallazgos son importantes, dijo Poynter, porque las mujeres que han tenido un accidente cerebrovascular en general sufren peores consecuencias que los hombres. Tienden a tener mayores tasas de discapacidad y mayores tiempos de hospitalización. Los autores dicen que esto podría deberse en parte a tasas más elevadas de depresión. Además, las mujeres pueden tener menos acceso a la atención.

Todos los pacientes con accidente cerebrovascular deben someterse a exámenes rutinarios para detectar la depresión.

La gente piensa que el accidente cerebrovascular es una enfermedad ‘masculina’, y es un poco más común en los hombres, pero debido a que aumenta con la edad, más mujeres terminan sufriendo accidentes cerebrovasculares porque viven más.

La depresión posterior al accidente cerebrovascular a menudo no es reconocida, tanto por el paciente como por el profesional médico. Los pacientes pueden tener síntomas, pero creen que es una reacción natural a sufrir un derrame cerebral. Los sanitarios pueden pensar que es natural que el paciente se sienta abatido después de haber tenido este gran acontecimiento en la vida.

No está claro cuáles podrían ser los mejores tratamientos para la depresión posterior al ictus. Puede haber múltiples tratamientos más allá de los antidepresivos y terapia psicológica, como ejercicio, rehabilitación física y grupos de apoyo. Un enfoque multimodal puede ser el más efectivo.

Referencias:

  1. Poynter B, et al. Sex differences in the prevalence of post-stroke depression: a systematic review. Psychosomatics 50(6), 2009.