Origen del Reloj de la Vida

Es necesario aclarar que la familia como campo de misión es prioritario para CVX mundial, nacional y local y fue una Asamblea local (CVX Sevilla 2015/2016), cuando  se planteó la necesidad de acompañamiento en diversos ámbitos de la vida familiar, abarcando todas las realidades de familia en cualquier etapa de su ciclo vital.

Se veía que en nuestra comunidad local CVX daba diversas respuestas: con el Reloj de la Familia como herramienta para revisar y actualizar el proyecto de vida en familia, con el acompañamiento a personas que han vivido la ruptura con la creación del proyecto las 4 estaciones, con el acompañamiento a familiares de personas LGTB con el grupo ICHTHYS CVX FAMILIA… y comenzaron a surgir en la asamblea voces que plantean otras realidades que requieren atención: acompañamiento a familias con adolescentes y con mayores.

¿Dónde nos lleva el Señor? ¿Cuál es la llamada?

Se inició una reflexión con algunas personas más implicadas afectiva o profesionalmente y fuimos analizando la realidad.

Los datos sociológicos muestran que los mayores aparecen como sector vulnerable y necesitado de atención y cuidado…

Se plantearon varias posibilidades de actuación:

  • El acompañamiento para ir preparándonos para la vejez: mayores que viven en pleno uso de sus capacidades y disfrutan de la jubilación en su caso haciendo todo aquello que durante la vida laboral se fue relegando a un momento más propicio que casi de pronto y sin darnos cuenta se hace realidad.
  • El acompañamiento a familiares que cuidan a mayores con cierto grado de dependencia. Es una realidad que a veces se cruza con la crianza de los hijos y con la vida laboral, provocando situaciones que no siempre se saben llevar descansadamente desde la gratitud.
  • El acompañamiento a mayores que van experimentando una disminución de capacidades que les provocan sufrimiento y eso genera dinámicas que requieren acompañamiento.

Se vio que para el primer grupo existían muchas alternativas actualmente en nuestra sociedad, tanto a nivel terapéutico, como de envejecimiento activo en incluso de espiritualidad con los grupos de Vida Ascendente o en formato de Ejercicios Espirituales Ignacianos para Mayores como los desarrollados en Manresa.

Religión, espiritualidad y vejez

Con respecto al segundo grupo de actuación, el dirigido a familiares, era importante tenerlo presente, pues de este grupo era el que venía la demanda en la asamblea, sin embargo no se lo consideró prioritario puesto que era el grupo de personas mayores que comenzaban a perder sus capacidades donde se generaban los conflictos al no contar con un apoyo y acompañamiento espiritual que le permita abordar y enfrentar los diferentes situaciones que viven como personas en esta etapa de la vida en la que se encuentran, la etapa del atardecer de la vida.

Finalmente se priorizó este último nivel de actuación considerando que toda acción que sea eficaz en la persona mayor redundaría también en los familiares y allegados.

Una herramienta para salir a las fronteras y con los pies en el barro

Otro de los temas que fue motivo de reflexión fue si la herramienta a elaborar debía ser en formatos de ejercicios espirituales para realizarlos en casa de ejercicios o debían a estar dirigidos también a personas que no hayan tenido esa experiencia y que no podían permitirse retirarse a unos ejercicios ya sea porque no se lo pueden permitir económicamente o por no contar con disponibilidad de tiempo o aún más, han perdido su autonomía motórica (de movilidad), precisando la ayuda de terceras personas para sus desplazamientos.

Es así que la herramienta a elaborarse debía ser lo suficientemente flexible para ejecutarse en tres espacios diferentes y con tres perfiles diferentes de personas según su nivel de autonomía o dependencia. El primero de ellos el de casas de ejercicios, similar a lo que se venía desarrollando hasta el momento, pero se sumaban otros dos, el del formato parroquial, para personas que aún tenían algo de autonomía y podían permitirse un desplazamiento cercano sin coste económico (de desplazamiento, estancia y/o manutención) y con una periodicidad mensual. La tercera modalidad debía ser para poder ejecutarse en residencias de personas mayores donde ya existen personas que a nivel físico han visto mermadas su autonomía y no cuentan con el apoyo de familiares que los acojan en el seno de un hogar familiar. Es en estos dos últimos escenarios donde se percibían mayor intensidad de sufrimiento y es por ello que se decidió que la herramienta a elaborar debía comenzar a ejecutarse e implementarse de manera prioritaria en parroquias y residencias de personas mayores.

Al igual que el amanecer y el atardecer forman parte del mismo día y en ambos momentos se pueden contemplar, experimentar y vivir cosas maravillosas, así también sucede con en el nacer, crecer y envejecer que forman parte de la misma vida y en cada uno de estas etapas por las que atravesaremos, podemos experimentar y vivir cosas maravillosas. De ello estamos convencidos pero se vio que la herramienta a elaborar no tenía que tener una visión idílica o utópica de la vejez, sino que debía abordar las situaciones reales de sufrimientos a la que se enfrentan las personas mayores, sin negarlas o dar rodeos. La herramienta a elaborar no sólo debería tener los pies en la tierra sino que también tendría que ser capaz de mancharse y embarrarse para brindar un acompañamiento espiritual desde la realidad de las personas mayores, abordando los diferentes desencadenantes de sufrimiento y posibilitando el encuentro personal con el Señor, permitiéndoles descubrir la compañía de Dios en su día a día y en el sufrimiento que muchas veces padecen en el atardecer de su vida.

 

Aliviar el sufrimiento y generar espacios de vida

Los talleres del “Reloj de la Vida” tienen como misión aliviar el sufrimiento y generar espacios de vida en las personas mayores que comienzan a vivir “el atardecer de la vida”.

Los talleres abordan cinco importantes desencadenantes de sufrimiento en estas personas. Estos desencadenantes de sufrimiento intentan estructurar cada uno de los seis módulos que brindarán “momentos y espacios de reflexión”,  desde un abordaje Ignaciano de los mismos.   Dichos desencadenantes van ligados a:

  • Las pérdidas de capacidades: la falta de aceptación de las capacidades que se van perdiendo, de las causas que pueden originar dichas pérdidas y la incapacidad de resiliencia en algunas personas, originan mucho sufrimiento tanto en la persona mayor que ve como no puede hacer ni ser aquello que era, como para sus familiares que ven con mayor claridad, que estos ya no podrán tener toda la independencia de la que habían disfrutado hasta el momento y que se tendrán que efectuar cambios en los hábitos de vida que garanticen la subsistencia y calidad de vida de la persona mayor.
  • La Soledad: las pérdidas de seres queridos, de amistades y la ausencia de deseo a entablar nuevas relaciones van haciendo que el círculo social se reduzca considerablemente y la necesidad afectiva y emocional comience a presentar déficits importantes, generando una mayor demanda de atención hacia aquellos familiares y personas que quedan vivas, viendo que también deberán cambiar estilos de vidas para poder satisfacer la demanda afectiva que se produce. La imposibilidad o negación de cambio tanto del mayor como de su círculo cercano de referencia, va a dar lugar a un sufrimiento por ambas partes.
  • Los problemas no resueltos: a veces las situaciones vividas por enfrentamientos entre seres queridos o por situaciones de conflictos o abusos padecidos, no se llegan a elaborar y nos impiden avanzar y continuar con nuestra vida; la ausencia de perdón o reconciliación no nos permite vivir en paz en esta etapa final de nuestro camino.
  • La idea preconcebida de vejez: cuando la idea de vejez soñada para la etapa que le toca vivir no se ajusta con la que les toca vivir y no existe posibilidad o voluntad de cambio y desprendimiento de la idea preconcebida, se genera un sufrimiento innecesario tanto en la persona mayor como en sus familiares cercanos, que intentan garantizar una autonomía y calidad de vida que cada vez se ve más afectada.
  • La razón de vivir: cuando nuestras metas u objetivos de vida no los hemos alcanzado y nuestras fuerzas han menguado y nos damos por vencido, o cuando los objetivos de vida ya se han cumplido y no existen deseos nuevos; cuando la vida que hemos llevado no nos ha llenado ni nos hizo sentirnos plenos, llegamos a esta etapa de la vida y somos capaces de reconocernos vacíos, sin una razón de vivir, sin un sentido de vida haciéndonos surgir la pregunta de ¿Para qué vivir? ¿Para qué estar vivos cuando ya no soy el que era? ¿Para qué vivir cuando no hay razón para mi existencia?

“No el mucho saber harta y satisface el alma sino el sentir y gustar de las cosas internamente”.

Los talleres intentan realizar el abordaje de cada una de estas causas de sufrimiento desde una metodología ignaciana, sin decir a los participantes qué es lo que tienen que hacer para aliviar ese sufrimiento, sino potenciando el encuentro de éste con el Señor, reflexionando y contemplando su vida en compañía de Dios, haciendo una buena y sana elección de lo que debe desprenderse libremente para aliviar ese sufrimiento.

Ignacio valora mucho la razón, pero sabe que los razonamientos que no nos llegan a tocar más profundamente los afectos, no llegan a mover ni movilizar nuestra vida. Cuando se llega a esta etapa de la vida, muchas veces las personas no desean realizar grandes cambios en su vida, están sumergidos en un inmovilismo, que acrecienta aún más ese sufrimiento que están padeciendo. Lo que pretendemos con estos encuentros experienciales, es que  se mueva toda la persona, todo el núcleo, el centro de la persona, sus afectos, sus sentimientos. Se va a buscar a través de diferentes dinámicas, que las personas lleguen a lo más interno de su vida, allí donde emanan las decisiones, los impulsos y la energía de la vida.

Imagen principal: Taller 3 Parroquia de Palomares “Perdonarse y perdonar”. Autoría: Helena Trigueros

Autor: José Marcos Morales Collmer

Nacido en Argentina y Licenciado en Trabajo Social por la UNAM (Argentina); trabajó en su país de origen con menores de la calle, en desarrollo rural con pequeños productores y en desarrollo comunitario con comunidades indígenas en la selva Misionera. En 1996 se traslada a vivir a España y trabaja en el sector de la discapacidad con personas con daño cerebral sobrevenido,  con inmigrantes como Técnico de proyecto y director del área de empresas de CEPAIM y posteriormente como director de la Fundación Sevilla Acoge. En 2008 pone en marcha junto a su esposa un Centro de Día para personas mayores en el que se encuentra actualmente con dedicación exclusiva. En 2016 ingresa en la CVX de Sevilla y actualmente forma parte de la comisión de mayores de la Misión Familia de la comunidad.

 

Sobre CVX Sevilla:

Pertenecemos a la CVX, una comunidad mundial de laicos, apostólica y de espiritualidad ignaciana. Intentamos dar respuesta a la realidad concreta que nos rodea en diferentes ámbitos (jóvenes, migraciones, familia…), desde la iglesia y en el mundo.

Formamos un equipo de trabajo que integra la espiritualidad ignaciana y la experiencia en el ámbito de la Familia.

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