Maltrato a las personas mayores

Que somos seres relacionales e interdependientes. Que no puede ser lo mismo la distancia física que la social. Que la salud va más allá de lo sanitario. Que las necesidades emocionales y relacionales no pueden quedar en un segundo plano. Que la edad no puede ser el único criterio. Que la vejez no puede ser una etapa de riesgo.

La situación de emergencia sanitaria provocada por el COVID19 ha hecho visible cómo tenemos de normalizado el edadismo (palabra aún poco conocida) o discriminación por edad; en nuestra mirada, en nuestras prácticas, en nuestras políticas. Un edadismo que es muchas veces el trasfondo de las situaciones de maltrato que sufren las personas mayores.

Si combinamos edadismo y soledad, la situación se agrava. El resultado es un mayor riesgo de maltrato y más dificultades para afrontarlo.

Junto a esto, se debe tener en cuenta que es difícil determinar estimaciones sobre la prevalencia de los malos tratos en personas mayores. Uno de los factores que dificultan esta estimación es el desconocimiento sobre el número de casos no detectados o no denunciados (La OMS calcula que 1 de cada 10 personas mayores sufre algún tipo de maltrato y que solo se denuncian 1 de cada 24 casos), escenario que se hace más probable en situaciones de soledad o aislamiento en las personas mayores.

Ante esto, se hace imprescindible pensarnos en conjunto y vincularnos, individual y colectivamente. Construir vínculos que abran la red social de la persona mayor, algo fundamental para romper el aislamiento ante una situación de abuso. Vínculos que empoderen para afrontar una situación de maltrato. Vínculos que generen espacios de confianza para compartir todo tipo de vivencias. Vínculos que faciliten poder reconocer situaciones de maltrato y que permitan que sea más sencillo pedir ayuda.

Y si hablamos de la necesidad de ‘vincularse’, en Amigos de los Mayores sabemos que el voluntariado tiene un potencial enorme. Vecinas y vecinos que construyen relaciones de amistad con las personas mayores (qué importante ha sido y seguirá siendo el apoyo vecinal-Véase Barrios Amigos), que rompen con la rutina de la soledad y aislamiento y con los que pueden redescubrir la vida social y mejorar su estado de salud emocional. Voluntarios y voluntarias que pueden llegar a jugar un papel clave para la prevención, la detección y el acompañamiento en situaciones de malos tratos en las personas mayores.

Además, es importante destacar que estas personas voluntarias no actúan solas, son parte de una organización en la que participan, se forman y reciben apoyo. De una organización que tampoco actúa sola, que considera que, si no es en red y de forma comunitaria, será muy difícil abordar las situaciones de soledad no deseada o el maltrato que reciben las personas mayores.

Pensemos en intervenciones conjuntas y transversales, más allá de la denuncia penal. Reescribamos la vejez para hacer frente al edadismo y apostemos por los vínculos que se construyen desde el voluntariado para luchar contra las soledades y los malos tratos.

Nos queda mucho camino, pero tenemos, debemos, seguir vinculándonos.

Autor: Pau Berbel, coordinador de Desarrollo Territorial de Amigos de los Mayores.

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