Maltrato, una realidad para las personas mayores

La palabra maltrato nos trae a la mente a dos colectivos en particular; menores y mujeres, pues en los medios de comunicación abundan las noticias relacionadas con estos grupos de población, pero lo cierto es que son muchos más quienes pueden sufrir maltrato, entre ellos las personas mayores.

El maltrato a mayores se ha definido en diferentes congresos y convenciones. En la Declaración de Almería, resultado de la Primera Conferencia Nacional de Consenso sobre Anciano Maltratado en 1995, se define el maltrato como «cualquier acto u omisión sufrido por una persona mayor que vulnere la integridad física, psíquica, sexual, económica, el principio de autonomía o derecho fundamental del individuo, que sea percibido por este o constatado objetivamente con independencia de la intencionalidad y el medio donde suceda.»

En la Declaración de Toronto para la Prevención Global del Maltrato hacia las Personas Mayores, en el 2002, se establece una visión más amplia «La acción única o repetida o la falta de la respuesta apropiada que suceda dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza y que ocasione daño o angustia a una persona mayor»

De un breve análisis de las dos definiciones encontramos algunos puntos de gran valor; como por ejemplo que el maltrato puede ser una acción, pero también la inacción el “no hacer nada”, lo que conlleva directamente al abandono.

No se conocen cifras exactas de cuantas personas mayores viven solas y sin un entorno de apoyo en España. Sobre mayores que viven solos, algunos medios hablan de decenas de miles, mientras que otros alzan los datos a millones. Obviamente no todas aquellas personas que viven solas carecen de un entorno de apoyo, pero estas son precisamente las que tienen un mayor riesgo de maltrato: abandonados por la familia o la sociedad, pues el maltrato es responsabilidad de todos.

De las definiciones también se desprende que puede ser continuado, o puntual. Es fácil identificar el maltrato reiterado; situaciones que se repiten y crean un patrón de relación y comportamiento difícilmente justificable. Pero también nos hablan de lo puntual y es aquí donde debemos preguntarnos si una acción concreta es el inicio de una cadena de maltrato.

Existen diferentes tipos de maltrato: el abuso sexual, el psicológico, que incluye la infantilización y el físico, entendiéndose este último no solo como el uso de violencia que genera lesiones, sino también como la administración indebida de fármacos, las restricciones físicas y la alimentación forzada.

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El lado invisible del maltrato

Lamentablemente, el maltrato a personas mayores es un tema muy sutil, que no siempre está ligado a la violencia. Son muchos los casos en los que la autonomía personal se ve comprometida, creando dependencia al tomar decisiones poco convenientes para la persona, pero más cómodas para quien las toma, independientemente de si era o no la intención principal. Este tipo de violencia, conocida como la vulneración de derechos, la viven a diario miles de mayores, que no la identifican como un abuso. Es más, muchas veces, sus propios cuidadores tampoco y socialmente son medidas aceptadas.

Se trata de situaciones donde el cuidador toma las decisiones, sin tener en cuenta la voluntad, ni respetar las opiniones ni valores de los mayores, aun cuando estos tengan las funciones cognitivas totalmente preservadas o con un deterioro muy leve.  Veamos solo unos pocos ejemplos:

  • El uso de silla de ruedas para desplazamientos más largos, en lugar de realizar dichos desplazamientos con más tiempo y haciendo pequeños descansos en el camino.
  • Realizar las compras sustituyendo a la persona y evitando que esta salga a la calle, fomentando así su aislamiento y afectando su socialización.
  • Contratando a asistentes personales que den prioridad a la limpieza del hogar y no a la atención de la persona, más allá de la higiene personal.
  • Sustituir a la persona, especialmente en las visitas médicas, evitando su participación pues no “es la correcta” o “no se ajusta a la percepción del otro”. Estos casos llegan incluso a presentarse en las visitas sin el paciente, impidiéndole así su acceso a los recursos médicos.

Podríamos seguir, pues estas son situaciones muy cotidianas que se repiten con una alta frecuencia y no siempre se identifican con el maltrato. Con el fin de identificarse, debemos preguntarnos para quién es el beneficio de realizar estas acciones y qué consecuencias conllevan en las vidas de los mayores. A su vez, también recordar que mientras la persona mayor pueda tomar decisiones sobre su vida, hay que respetarlas y no imponer un criterio externo.

Uno de los abusos menos aceptados socialmente es el económico. A pesar de ello tiene excepciones muy normalizadas. No se trata de los casos extremos donde familiares o presuntas amistades hacen un uso inapropiado, fraudulento o incluso el expolio del patrimonio, dinero o bienes.Ante esta situación, de nuevo nos encontramos con la sutilidad: nietos que visitan a sus abuelos a cambio de “una propina”; cuidadores que se quedan con la pensión pues “para algo lo están cuidando”…Una situación de quid pro quoque se establece de manera unilateral y, a menudo, sin el consentimiento expreso de la persona mayor.

El perfil de la persona maltratada y maltratadora

No hay un perfil único en cuanto a personas que infligen el maltrato. Este fenómeno abarca demasiados matices para poder establecer un simple perfil psicológico; y en el supuesto de ser así resultaría reduccionista. Hay que tener en cuenta multitud de circunstancias, de diferente índole, que tienen un efecto directo sobre el maltratador.

Así mismo, tampoco hay un perfil en cuanto a tipología de persona maltratada. Probablemente por la falta de casos conocidos, a pesar de ser un tema cada vez más investigado. Muy pocos mayores admiten o denuncian el maltrato, ya sea por temor a perder su red de apoyo – en los casos en que el cuidador es el responsable del maltrato-, por miedo a la institucionalización o por vergüenza, un sentimiento complejo que les impulsa a callar y consentir. A pesar de esta falta de estadística, sí es cierto que se reconocen situaciones de riesgo que pueden propiciar el maltrato. Las situaciones más destacadas son una edad avanzada, el aislamiento social y la dependencia (física, psíquica y económica).

En cuanto a la persona responsable del maltrato encontramos distintas razones; desde la presencia de trastornos (a veces, no diagnosticados) a problemas económicos o personales y a la sobrecarga física y emocional que puede conllevar la atención continuada de una persona dependiente. Se trata del “famoso” estrés del cuidador, en que el cuidador se siente atrapado, frustrado y cansado por una situación que lo desborda.

Herramientas para prevenir el maltrato

El envejecimiento de la población es un hecho contrastado y la pérdida de capacidades cognitivas que acompaña este proceso es otra realidad innegable. Por consiguiente, el conjunto de la población puede encontrarse ante situaciones de vulnerabilidad que desencadenen en un maltrato. Para evitar estas situaciones, en la actualidad, disponemos de diferentes herramientas con el objetivo de protegernos.

Hay que aclarar que dichas herramientas requieren de un proceso de reflexión interna, que ayude a equilibrar las expectativas y la realidad y, una vez hecho, una etapa de diálogo con el entorno más cercano. Serán las personas de nuestro entorno los encargados de llevar a cabo nuestras peticiones, si algún día no somos capaces de manifestarlas.

En el ámbito sanitario encontramos el documento de Voluntades anticipadas, conocido también como el testamento vital. Mediante este documento se reflejan las instrucciones médicas a seguir cuando no se pueda expresar la voluntad. Este documento se tramita en muchas comunidades autónomas mediante los servicios médicos de proximidad, quedando guardado en nuestro expediente sanitario. Como se apuntaba con anterioridad, es importante definir claramente en que situaciones se desea recibir tratamiento y de qué tipo.

Desde el ámbito jurídico, la Autotutelapermite declarar quienes serán los tutores ante una posible incapacidad. Así mismo el Poder Preventivo, autoriza a realizar gestiones – concretas o generales – a quien se designe, de tal forma que la persona o personas designadas puedan realizar gestiones en nuestro nombre en caso de pérdida de capacidades cognitivas. En ambos casos debe tratarse de personas de la máxima confianza y también, en ambos casos, debe formalizarse a través de un notario.

Judicialmente también existe el Asistente; figura que deberá atender a la persona y sus bienes. Esta figura debe de solicitarse ante los juzgados y, por lo tanto, será el juzgado quien realice un seguimiento y control anual de dicha figura, lo cual supone una garantía respecto a los recursos anteriores. Normalmente se escogen a entidades tutelares, sin vínculo familiar con el solicitante y es un recurso muy adecuado para personas sin familia o con familias negligentes.

En el ámbito social existen entidades dedicadas al voluntariado que prestan servicios de compañía a personas mayores que están solos, pues recordemos que la falta de entorno y el aislamiento social que conlleva, nos hace más vulnerables a sufrir un tipo de maltrato.

El maltrato a mayores sigue siendo un tema invisible que hay que reivindicar y especialmente concienciar. El conjunto de la sociedad tiene una responsabilidad hacia sus personas mayores. Por ello, es importante reconocer situaciones de riesgo y debatir sobre el buen trato, centrándose en aspectos concretos que ayuden a identificar y eliminar comportamientos, a veces muy arraigados, ya sea cuestionando la toma de decisiones o informando de recursos de prevención que nos permitan afrontar una vejez más segura y con mayor bienestar.

 

Autora: Núria Sanchez Besora

Trabajadora social. Profesora de atención sociosanitaria y mayores en Formación Concultoría y Estudios de la Fundació Pere Tarrés.

 

Bibliografía

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  2. Consell Comarcal del Solsonés. (2015). Campaña “Tracta’m bé” . Solsona: Consell Comarcal del Solsonés
  3. OMS (2018). El maltrato a los ancianos. Recuperado de https://www.who.int/ageing/projects/elder_abuse/es/
  4. SEGG (2011). Guía práctica para favorecer el buen trato a las personas mayores. Madrid: Sociedad Española de Geriatría y Gerontología