Los peruanos y peruanas viviremos, en promedio 74,6 años, un notorio progreso en comparación a la esperanza de vida en 1950 que ascendía aproximadamente a 43 años (INEI 2009, 2015). Si analizamos la evolución del envejecimiento a través de estas cifras podríamos decir que el panorama es bastante alentador, pues hemos ganado un considerable número de años de vida como población.

El panorama cambia si nos planteamos el envejecimiento como individuos únicos: cantidad no es lo mismo que calidad. ¿No es acaso primordial la vida de los años? Incluso existe un indicador que nos da luces respecto a la fractura que la población peruana experimenta entre la cantidad de años de vida que hemos conquistado y aquellos que vivimos con bienestar: la esperanza de vida saludable, que actualmente asciende a 65, 7 años (OMS 2015). Ante esto vale la pena preguntarnos: ¿Los peruanos y peruanas experimentamos nuestro proceso personal de envejecimiento como adversidad u oportunidad?

Por muchos años, la concepción de vejez ha estado ligada a enfermedades, vulnerabilidad y necesidad de asistencia. Como consecuencia, las propuestas de servicios para las personas mayores han respondido a estas relaciones aparentemente implícitas, tanto en el ámbito público como privado. Sin embargo, en los últimos años, han surgido como referentes locales, personas mayores que viven plenamente, ejercen su autonomía e independencia, aportan a su entorno y contribuyen a la transformación de la percepción del envejecimiento.

Como resultado, cae progresivamente el telón sobre aquel escenario que muestra al envejecimiento como una etapa aislada que da paso a características e intereses homogéneos. Un nuevo escenario se está construyendo en el Perú: la revolución del envejecimiento, la cual se relaciona con la transición en la concepción de bienestar que estamos viviendo, antes ligado a la dicotomía cuerpo y mente, hacia una visión de la persona como un conjunto de sistemas e interacciones integradas.

Es innegable que vivimos en un país donde aún las oportunidades son desiguales, pero también es importante tomar conciencia que convertir el proceso de envejecimiento en una oportunidad responde a una decisión personal. Necesitamos hablar del envejecimiento desde edades tempranas, en espacios que nos permitan aceptar que la forma de envejecer implican nuevas reflexiones, decisiones y acciones individuales, no al azar y reconocer que la construcción de nuestra vida no se detiene al llegar a los 65 años.

Frente a esta revolución del envejecimiento surge Abrazando el Tiempo como una oportunidad de bienestar pleno. Un espacio en el que acompañamos a las personas a soltar el tabú asociado a la vejez, conectar con sus recursos personales y crear un envejecimiento acorde a su estilo personal. A través de talleres vivenciales, recursos psicoterapéuticos, artísticos y técnicas alternativas buscamos que el envejecimiento sea una oportunidad de ser felices y trascender. Nuestro lema es: ¡La edad no te limita!

Liz Altamirano Garay – Psicóloga, especialista en gerontología social. 

Fundadora de Abrazando el Tiempo 

Lima, Perú.

Correo electrónico: Liz.alt.garay@gmail.com


*En la foto aparece Lupe Garay, mi mami y la persona que más me inspira.

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