Bruno, para aquellos que no hayan escuchado hablar nunca de la profesión de gerocultor, ¿a qué os dedicáis?

Es curioso que en la situación actual se hable tan poco de nosotros, ¿verdad? Se habla de la importante labor que están desarrollando los sanitarios en general, las enfermeras y enfermeros y los auxiliares (de enfermería), con lo cual todo el mundo piensa en algo íntimamente relacionado con los cuidados médicos. Es ésta una visión estrecha de lo que significan los cuidados integrales que nosotros, como gerocultores debemos proporcionar. No creo que se haga de forma consciente, pero pone de manifiesto la poca importancia que se le da a aspectos tan importantes para el cuidado de las personas, como es el aseo personal y la higiene, la alimentación, el vestido, la estimulación cognitiva o el ejercicio físico. Pero sobre todo demuestra el desinterés que existe por aquellos aspectos sociales que tienen que ver con las relaciones interpersonales, la compañía y el afecto, a los que debemos prestar especial atención. Sin olvidar la parte espiritual que también deberíamos cuidar… Pues bien, en todo eso consiste nuestro trabajo como cuidadores de personas mayores, que es lo que significa la palabra “gerocultor”. Nada más y nada menos. 

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¿Cómo estás viviendo, tú y tus compañeros, esta trágica situación provocada por el Coronavirus?

Sobre todo la estamos viviendo con una gran impotencia. No sólo por carecer de las famosas EPIs (Equipos de Protección Individual), para nosotros pero sobre todo para las personas mayores que cuidamos, mucho más vulnerables; también por la falta de recursos materiales y humanos, con plantillas reducidas que ahora se ven bajo mínimos, con una continua rotación de personal que impide el seguimiento de los residentes, y últimamente con la incorporación de personas sin experiencia o, como empieza a proponerse, de voluntarios. Un drama humano de un alcance que todavía nos cuesta entender y que vamos a pagar muy caro, como profesionales y como sociedad. Nada podrá volver a ser lo mismo después de todo lo que hemos visto y escuchado.

¿Estáis haciendo vuestro trabajo con garantías?

No, en ningún caso. Pero como te venía diciendo, lo que más nos duele como gerocultores es no poderles ofrecer garantías a ellos, las personas mayores que cuidamos. ¿Cómo es posible que a nadie se le haya ocurrido todavía proporcionarles mascarillas? ¿Es aceptable que no dispongamos de tiempo para lavarles las manos antes de las comidas? Por no hablar de la inexistente higiene bucal o la falta de pañales para mantenerles limpios y secos. Medidas de higiene básicas para todos nosotros y que sin embargo no se aplican con ellos normalmente, y ahora tampoco.

Por lo que conocemos es una profesión clave en la atención a las personas mayores en las residencias geriátricas y con gran necesidad en estos (espacios) momentos. ¿Es una profesión estable? 

Si por profesión estable entendemos una que te dé garantía de continuidad en la empresa, que te permita planificar tu vida a largo plazo, con ingresos suficientes para hacerte cargo de una casa, la familia, el alquiler o la hipoteca, definitivamente no. Puede que lo fuera hace mucho tiempo, para profesionales ya entrados en años, en muchos casos agotados por el esfuerzo físico continuado y la presión laboral que soportan. Actualmente lo normal es que te hagan contratos de seis meses, renovables o no, que complementas con sustituciones, “dobletes” (jornadas de mañana y tarde para cubrir la baja de algún compañero) y, a veces, trabajando en varias empresas. Tampoco se facilita el aprendizaje continuo ni la promoción interna por lo que, a no ser de que tengas una verdadera vocación, es fácil caer en la rutina y el abandono.

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¿Qué es lo mejor y lo peor de tu profesión?

Lo peor es sentir el poco reconocimiento que se tiene hacia la labor de los cuidadores, que siguen realizando mayoritariamente las mujeres; así como la precarización de las condiciones laborales, agudizada por la llegada masiva de personas inmigrantes con necesidades mayores que las nuestras. Lo mejor sin duda, es el contacto directo que mantenemos con las personas que cuidamos y sentir cómo agradecen nuestra presencia, nuestro afecto y nuestra sonrisa. A pesar de la deficiente atención que en muchos caso podemos proporcionarles.

Desde tu punto de vista y con tantos años de experiencia, ¿crees que las personas abogaremos por cuidados en el hogar frente a la residencia geriátrica?

Sin duda alguna. La gran mayoría de personas a las que preguntes, te contestarán que dónde ellos querrían permanecer hasta el final es en sus casas, rodeados de sus cosas, sus fotos y recuerdos. En el barrio de toda la vida, cerca de sus vecinos y sus vecinas, acudiendo al mercado de siempre y al bar de la esquina… Otra cosa es que debido a presiones en el entorno familiar, enfermedades sobrevenidas o una dependencia severa, la vida en soledad se les haga muy cuesta arriba y tengan que ser “institucionalizados”, es decir, ingresados en una residencia. Porque la razón para no permanecer en tu hogar tampoco tiene por qué ser económica, teniendo en cuenta el elevado precio que se tiene que pagar por una habitación compartida y con horarios impuestos. 

¿Qué tendremos que aprender después de esta pandemia para atender mejor a las personas mayores?

Tendremos que asumir que la atención sociosanitaria de las personas mayores y/o dependientes no puede convertirse en un negocio donde prevalezca el beneficio económico sobre la calidad de los servicios prestados; defender que una sociedad avanzada y respetuosa con los derechos humanos debe volcarse precisamente en ellos y ellas, en el cuidado y la protección de los más débiles; y aprender que algo así no puede, de ninguna forma, volver a suceder.

¿Cómo debería ser el sector tras el Coronavirus?

Es una situación compleja de resolver, a sabiendas de que intervienen muchos factores, personas e intereses muchas veces contrapuestos. Pero lo que sin duda habrá que hacer es replantearse los procedimientos asistenciales, algunos protocolos obsoletos y los ineficaces controles que se están siguiendo, a todas luces insuficientes. Y por encima de todo, habrá que humanizar el cuidado de las personas.

Y por último, ¿cómo podemos contratar tus servicios?

En estos momentos, prefiero no entrar en ese tema. Mi perfil es público (y transparente), y cualquier persona que quiera contactar conmigo podrá encontrarme en alguna de las “redes sociales”.

Muchas gracias por vuestra atención y el tiempo que me habéis dedicado.

Bruno Anguita Alegret  ·  GEROCULTOR y DOCENTE en Formación Profesional

Técnico de Atención Sociosanitaria a la dependencia y Diplomado en enfermería geriátrica por la Universidad CEU Cardenal Herrera. He trabajado como gerocultor tanto en el ámbito privado como en el institucional (residencias, centros de día y hospitales). Actualmente centro mi actividad en la atención domiciliaria, la coordinación de servicios asistenciales en el hogar y la formación de equipos. 

Como docente de futuros cuidadores, me ocupo de la impartición y tutorización de acciones formativas; la elaboración de materiales y recursos didácticos; la evaluación del proceso enseñanza-aprendizaje. Cuento además con la Acreditación docente para la teleformación y el Certificado de aptitud pedagógica.

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