Jesús Ilundáin Zaragüeta, apodado ‘El Tuli’, ha sido el candidato a lanzar el chupinazo de Sanfermines. De 85 años, ha sido propuesto por la Asociación Cultural Gigantes de Pamplona y por la Área Comercial del Ensanche y ha obtenido 21 avales. Entre los méritos se citan ser el socio número 1 de la peña Los de Bronce (desde 1950), en los años 70, su presidente. Además, fue quien inició el cántico a San Fermín cada mañana antes del encierro. En este vídeo podrás conocer su historia, leyenda viva de las fiestas.

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El Tuli nació en Pamplona un 24 de Marzo de 1937 y creció en su querida Calle Jarauta. Todo aquel que le conoce sabe que, as sus 85 años, los Sanfermines son su mundo. Un mundo en blanco y rojo donde toca el cielo del 6 al 14 de julio. El motivo por el que ha sido elegido para lanzar el chupinazo es una de esas maravillosas historias que los Sanfermines guardan con recelo, hasta que se dan a conocer. El Tuli es esa persona que dio origen al cántico que dice: «A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón…» y que todas las mañanas se canta frente a la hornacina antes del encierro. En la actualidad, esta tonadilla es el cántico con mayor repercusión social de esta fiesta, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Todo ello surgió sin que él mismo fuese consciente de que ese momento iba a dar lugar a uno de los actos de mayor solemnidad hacia el santo y que pone la carne de gallina, tanto a pamplonicas como a foráneos. Esto se produjo en los años 50, fue frente al portón de los corrales cuando, de manera improvisada, se arrodilló y comenzó a cantar el cántico. Cada día eran más los mozos que allí se congregaban y tomaron el cántico como rutina. Poco a poco se fue haciendo rutina hasta que un día, las monjas del Hospital Merindad, colocaron un San Fermín en la ventana, para que el santo recibiera el cántico. Y es así como la figura del santo comenzó a tener protagonismo antes de los encierros. Años más tarde, se construyo la hornacina donde recibe los tres cánticos que en aquellos años 50 El Tuli comenzó a fraguar.

El Tuli es una vida en blanco y rojo. Ya desde niño vestía así, y miraba con ojos vidriosos a los gigantes, sin ser aún consciente de que era su propio padre, miembro de la comparsa de gigantes, el que bailaba bajo las faldas de «Toco-Toco».

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Ya con 15 años comenzó a correr los encierros de Santo Domingo, convirtiéndose en uno de los corredores habituales. Sus años jóvenes los pasó junto a sus amigos de la Calle Jarauta y alrededores. Para El Tuli, las fiestas eran una ebullición de alegría y buen humor, siempre fiel a su atuendo blanco y esas alpargatas de esparto que su madre le ponía.

El Tuli, es hoy en día a sus 85 años una leyenda viva. La edad no es un impedimento para mantener aquellas tradiciones nacidas en su juventud. Una de ellas, es su pasión por las dianas, aquellas que de joven disfrutaba y hoy sigue haciéndolo el día 7 con su amigo Pedro tras pasarse la noche por los bares de la ciudad ante la atónita mirada de los más jóvenes.

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Se involucra sobremanera con las nuevas generaciones, demostrando con el ejemplo los valores más  genuinos y puros que dan la verdadera razón de ser a los Sanfermines. Ahí donde hay una inquietud sobre las fiestas está El Tuli, para ayudar, asesorar apoyar y todo lo que haga falta. Es una inmejorable representación de generaciones y generaciones que plantaron la simiente de los Sanfermines más genuinos, de los que hoy todos disfrutamos y sacamos pecho.

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Es difícil que exista alguien que pueda transmitir más ilusión por ser protagonista de tan especial acto.  Gracias Tuli, por la ilusión sanferminera de un hombre de 85 años.

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