Cuidadoras

El Ministerio de Igualdad, Instituto de la Mujer y para la igualdad de Oportunidades y PHotoESPAÑA presentan: Cuidadoras. 7 relatos de vida

Este proyecto, organizado con la colaboración del Instituto de la Mujer, del Ministerio de Igualdad,  nace a partir del contexto excepcional ocasionado por la covid-19 y ante la necesidad de visibilizar el colectivo de las cuidadoras, tan fundamental, como históricamente olvidado.

La fotógrafa Sofía Moro ha retratado a mujeres cuidadoras  de toda España que dedican su vida al cuidado de otras personas, ya sea desde su ámbito profesional, o por motivos familiares

La muestra podrá verse en las calles de Madrid hasta finales de noviembre.

 

© Sofía Moro

CRISTINA RODRÍGUEZ PÉREZ
43 AÑOS. ENFERMERA DEL HOSPITAL LA PAZ
“EL NIVEL DE RESPONSABILIDAD SOBRE LOS PACIENTES ES MUY ELEVADO”

“A pesar de que en mi familia no hay antecedentes, desde muy joven siempre tuve claro a lo que me quería dedicar. Terminé los estudios de Enfermería en el año 2000 e inmediatamente me incorporé al equipo del Hospital La Paz, en Madrid. Socialmente, es una profesión que se asocia a la mujer porque implica cuidados. Viene de muy atrás. Tradicionalmente se espera que seamos nosotras las que nos sacrifiquemos para atender a los demás y hay quien, todavía hoy, tiende a menospreciar este trabajo: lo considera de menor categoría e incluso se piensa que no requiere estudios universitarios. Pero hay que tener muchos conocimientos sanitarios, nuestro nivel de responsabilidad sobre los pacientes es muy elevado. En muchos casos, detectamos y solucionamos problemas hasta que llegan los médicos. Trabajamos juntos, cada uno en su campo de actuación, sin estar supeditados.

Trabajo en el área de hospitalización, en turno de mañana (de 08:00 a 15:00 horas) o de noche (de 22:00 a 08:00hs), fines de semana y días festivos. El horario es bueno y malo. Es difícil compaginar sábados y domingos con la vida social, pero lo compensas cuando libras a diario. Estoy casada y tengo una hija y un hijo, mellizos de 12 años. Con mi marido me apaño. Él tiene un horario convencional, de lunes a viernes, y es mi mitad. La conciliación familiar trabajando en un hospital público creo que es más fácil que en el ámbito privado. Aún así, al principio tuve que reducir la jornada para salir antes. Y no todo el mundo puede hacerlo. Reducir la jornada es reducir también el salario y quien suele renunciar es la mujer. Tener una trayectoria profesional ascendente es más complicado para nosotras”.

© Sofía Moro

 

MARÍA DANIELA “DANA” BARB
41 AÑOS. TRABAJADORA DE HOGAR
“SOMOS UNA FAMILIA DE CUATRO Y FUNCIONAMOS COMO UN EQUIPO”

“Llegué a España desde Rumanía hace 20 años. Trabajo como empleada de hogar en una finca en Ruidera, Ciudad Real, en la que además vivo con mi marido y mis dos hijos, de 9 y 13 años. Los propietarios residen en Madrid y vienen sobre todo los fines de semana y en verano. Mientras ellos no están, mantengo limpia la casa, cuido el jardín, riego las flores… en una finca nunca te aburres. También realizo, cuando me salen, trabajos puntuales en otros domicilios.

Además de cuidar la casa de ‘mis jefes’, cuido de la mía. Entre mi marido, mis hijos y yo organizamos las tareas domésticas. Funcionamos como un equipo. Todos tenemos que participar. Si yo dejo la comida preparada, ellos ponen y recogen la mesa y no lo asumen como una ‘obligación’, sino como parte de su día a día. Durante el confinamiento lo pasamos regular, como todo el mundo, porque además tuvimos que ayudar a nuestros hijos con los deberes, los exámenes, la conexión a internet para seguir las clases… pero en el fondo nos sentimos unos privilegiados por vivir en una finca, poder estar al aire libre y llevar una vida normal”.

© Sofía Moro

FAITH ENAKHIMION
44 AÑOS. AUXILIAR DE ENFERMERÍA
“SABER CUIDAR ES SABER HABLAR Y ESCUCHAR, ACONSEJAR Y AYUDAR”

“Vivo desde hace casi 20 años en la localidad coruñesa de Porto do Son. Cuando vine desde Nigeria, primero pasé por Madrid y Alicante, pero viajé a Galicia con unos amigos y ya me quedé. Aquí todo es bonito. El mar y la lluvia. Aquí me casé y con ayuda de mi marido criamos a mi hijo, que ahora tiene 23 años (llegó a España con 10) y está enorme. Mi marido, actualmente en el paro, es además quien organiza la vida doméstica. Yo llevo muchos años siendo cuidadora a domicilio y en residencias, pero hace un mes y medio empecé a trabajar en un centro de día para mayores en Lousame, A Coruña. Entro a las ocho de la mañana y los usuarios, quince en total, llegan a las diez. Estamos día a día pendientes de sus pautas de medicación, les asistimos en el aseo personal, pero también organizamos manualidades, bailes, juegos y todo lo que haga falta para que ellos estén cómodos y sus familiares tranquilos. Somos cuatro auxiliares y dos voluntarios que nos echan una mano a la hora de la comida y la gimnasia. Llevo en este centro 45 días pero es como si llevase dos años. Se crean vínculos muy especiales con los usuarios. Es un trabajo muy vocacional y emocional. Hay que saber cuándo y cómo atender a cada persona, algunas de ellas con diversidades funcionales o enfermedades como el Alzheimer. Es un trabajo que necesita dedicación, paciencia y cariño. Saber cuidar es saber hablar y escuchar, aconsejar y ayudar. Es como cuidar de tu propio hijo, de tu madre o de tu padre. No sé por qué las mujeres estamos más acostumbradas a cuidar, yo si fuese hombre, también lo haría”.

© Sofía Moro

GIOVANNA PAOLA GIRARDI
37 AÑOS. MADRE TRABAJADORA QUE CUIDA
“PARA PODER AYUDAR, NECESITAMOS AYUDA”

“Soy madre de una niña de dos años, Sofía. Soy abogada y trabajo desde casa, pero tengo mucha suerte, porque tengo una guardería a la vuelta de la esquina donde Sofía se puede quedar. Me da mucha pena, pero para poder trabajar necesito que esté ahí. Además me quedo tranquila, porque ella se va y vuelva a casa contenta, cantando, y sé que está bien cuidada mientras yo cuido del trabajo de otras personas (estoy especializada en protección del negocio: propiedad intelectual y registro de marca).

Soy de origen brasileño y el padre de Sofía es irlandés. Mi familia no está en España, físicamente no está cerca de mí, pero sí tengo una muy buena red de amigos con los que poder contar. Tener una red de apoyo es fundamental. Para poder ayudar, necesitamos ayuda. No hay otra manera. Es como un círculo. Yo que teletrabajo lo tengo fácil, pero cuando una persona tiene que salir de casa para ir a trabajar y no tiene con quien dejar a los suyos, se produce un corte brusco en la rueda. Durante el confinamiento quedó muy claro: una parte positiva fue que las familias tuvimos más tiempo para estar juntas, pero no era solo tiempo de ocio. Sin esa cadena de apoyos a mano, conjugar familia, trabajo y descanso se hizo muy difícil”.

© Sofía Moro

LUCÍA RUIZ AZCÁRATE
28 AÑOS. PROFESORA DE EDUCACIÓN INFANTIL
“YO CUIDO DE MIS ALUMNOS Y MI MADRE, QUE TAMBIÉN ES MAESTRA, CUIDA DE MÍ”

“Doy clase a 25 niñas y niños de entre 5 y 6 años en un colegio de Logroño. El cansancio físico y psicológico al final de la jornada se compensa con la satisfacción de ver como aprenden a leer y a escribir, como aprenden cada palabra. Son como esponjas que absorben conocimiento y ser parte de ello es muy gratificante. Además del contenido académico, cuando por edad los alumnos son tan dependientes, eres su referente y acuden a ti como si fueses su madre. Ahora con la pandemia la situación es más difícil: no puedes abrazarles, cuesta más enseñarles valores como la importancia de compartir, en el patio tenemos que ser más creativas y proponerles juegos que no impliquen contacto… Aún así, se les nota contentos por poder volver al colegio y convivir con otros niños y sus progenitores también están muy agradecidos.

Ser profesora lo llevo en la sangre, porque mi madre también es maestra de escuela. Soy profesora gracias a ella. Vivo con mis padres y cuando llego a casa podemos estar comentando en bucle anécdotas de la jornada. Cada vez que la necesito, me echa una mano, me ofrece recursos, me da otro punto de vista… Yo cuido a mis alumnos y ella me cuida a mí”.

© Sofía Moro

MARÍA TERESA SUÁREZ OLIVERA
63 AÑOS. ABUELA
“SI ME NECESITAN, MIS NIETOS SON LO PRIMERO”

“Vivo en Porto do Son, provincia de A Coruña, y trabajo en el campo. En Galicia, en verano hay mucha cosecha pero el invierno es más tranquilo. Tengo bastante disponibilidad horaria. Y aunque haya otras cosas que hacer, si me necesitan, mis nietos son lo primero. Tengo tres, tres chicos, de dos hijos también varones. Ahora ya menos, porque el mayor tiene 13 años, pero antes pasaba mucho tiempo cuidándoles, atendiéndoles, para que sus padres pudiesen salir a trabajar. Los disfruto muchísimo. Mis hijos me dicen que les consiento más que a ellos y no es eso. Todos evolucionamos. Antes era más estricta, pero a mis nietos… Bueno, si tengo que regañarles, les regaño igual.

En mi vida no conocí la desigualdad, ni tampoco se la enseñé a mis hijos. Fui criada en una casa en la que mi padre hacía lo mismo que mi madre y mi hermano lo mismo que yo. Cuando toca trabajar, trabajamos todos; y cuando toca descansar, toca descanso, toca playa o toca viajar para todos. El año pasado mi marido y yo estuvimos en París y en Roma y este año queríamos llevar a los niños a Madrid, a ver la exposición de fotos. Cuando nos propusieron posar para esta sesión, les hizo mucha ilusión. Ojalá podamos ir”.

 

© Sofía Moro

JENNIFER TAPIA BERRUECO
30 AÑOS, AMA DE CASA
“ME OFRECEN TRABAJOS CON HORARIOS INCOMPATIBLES CON EL CUIDADO DE MI HIJA”

“Soy madre de una niña de 19 meses. Cumplió un año el 6 de marzo, justo la semana anterior al confinamiento. Todavía es muy pequeña y apenas se enteraba, pero aprendió a andar en casa y después, cuando ya se podía salir a la calle, le daba miedo pisar el suelo.

Hasta el pasado mes de julio trabajé como técnica en una farmacia del centro de Madrid que dependía mucho del turismo y que, por tanto, se vio afectada por la pandemia. Ahora me llaman con nuevas ofertas laborales, pero con horarios que son incompatibles con el cuidado de mi hija. Y eso que ya va a la guardería. Empezó muy ‘chiquitita’, pero solo por las mañanas. Como mi pareja trabaja por las tardes, necesito un empleo con jornada continua, cercano a casa, que me permita recoger a la niña y no tener que depender de alguien que se encargue de ella hasta que llegue yo. Sé que puedo contar con mis padres y con mi hermana, pero para poder trabajar y cuidar, necesito un horario que me permita conciliar”.

Fuente: PHotoESPAÑA

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