El tango

El tango, es quizá uno de los estilos de baile que ha aumentado cada vez más su presencia en todas partes del mundo, si bien tiene sus orígenes en Argentina, ha sido incorporado en diversos espacios sociales, culturales y recientemente terapéuticos de muchos países, debido en gran parte y como lo refieren aquellos que han tenido la oportunidad de practicarlo, a que es una experiencia que va más allá de una mera afición por aprender una técnica y pasos específicos, el tango tiene una esencia propia que envuelve, que magnetiza y hace desear volver a experimentar esas sensaciones que proporcionan la cercanía del otro y con el otro.

Para vivir la experiencia del Tango no hay edad, se trata de un lenguaje universal que tiene que ver más que nada con la cercanía entre dos personas que logran establecer una conexión sin importar el aspecto físico, el conocimiento previo de la pareja, o si se tiene una personalidad introvertida; todo esto dado en un contexto musical que despiertan y agudizan las percepciones y sensaciones, donde es permitido la proximidad del abrazo y los efectos placenteros que esto produce.
Es por esto y mucho más que se han encontrado múltiples y diversos beneficios (emocionales, cognitivos, sociales y físicos) para las personas mayores que lo practican, tanto para los que viven en sus domicilios y mantienen su independencia, como para los que se encuentran en residencias u hogares para mayores; ya sea conservando o con cierto deterioro en sus facultades físicas y cognitivas.

Para las personas mayores que acuden a clases regulares de Tango y/o asisten a las ‘milongas’ (evento social donde se baila) es todo un mundo de rituales que favorecen la socialización y la convivencia con otras personas, lo que propicia una sensación de bienestar emocional que mejora significativamente su estado de ánimo, además de favorecer positivamente la percepción de sí mismos, favorece su autoimagen y autoestima: en el caso de las mujeres, refieren sentirse más atractivas desde el momento en el que inician con el arreglo personal para la ocasión, la cual permite cierto tipo de vestimenta y maquillaje más específico; lo que las introduce en un espacio revelador que pone de manifiesto una sensualidad y erotismo negado o estigmatizado por la edad en otros espacios sociales. En el caso de los hombres, también existe un código de vestimenta y comportamiento que les da la oportunidad de reafirmar su rol masculino, al ser ellos quienes mediante el ‘cabeceo’ invitan a su pareja a bailar, además se han realizado estudios que muestran un aumento de testosterona (hormona asociada al deseo sexual) después de una milonga.

MICROEDADISMOS #30 ¡En su época todo era muy distinto!

Si además de los efectos positivos antes mencionados sumamos la mejoría en las capacidades motrices (mejoran el tono muscular, la fluidez de movimiento, la coordinación, equilibrio, flexibilidad..) así como las cognitivas (concentración, creatividad, memoria…) hacen del tango toda una experiencia sensitiva favorable para las personas mayores.

El Tango además ha demostrado ser un gran aliado en la rehabilitación de personas diagnosticadas con Parkinson, ya que muestran mejoría en el equilibrio, marcha y disminuyen el riesgo de caída, por lo tanto existe un efecto positivo en la calidad de vida de quienes incorporan este baile como terapia. En el caso de las personas con Alzheimer también se ha estudiado el impacto positivo que tiene en la memoria emocional (música) y en la atención.

Para llegar a comprender el impacto positivo que las personas mayores pueden llegar a experimentar al incorporar el tango en su vida, imaginemos el efecto sanador que nos produce sentir el abrazo de alguien más, el contacto, la cercanía; y si además lo enmarcamos con el remolino de emociones que se despiertan al escuchar letras y melodías que nos reviven infinidad de recuerdos, hacen de este baile un gran aliado para los que buscamos procurar mejores condiciones de vida de los mayores.

“Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir. Necesitamos ocho abrazos al día para mantenernos. Necesitamos doce abrazos al día para crecer…» Virginia Satir

 

Abigail Sosa Lic. En psicología clínica egresada de la Universidad Autónoma de Querétaro, maestranda en Gerontología Social (CMUCH) Puebla, educadora en diabetes Federación Mexicana de diabetes , especialidad en sexualidades humanas, especialidad en psicodiagnóstico.

Directora general del Centro de actividades de día Vittao. Miembro de la mesa directiva del Colegio Médico de Querétaro 2016-2018.

Fundadora y Directora ejecutiva de la Asociación Queretana de Diabetes (Ceadiq). Conferencista y Organizadora de diversos eventos académicos.

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