¿Qué es lo primero que te hizo conectar con tu ser querido? ¿Qué sentiste?

Lo pregunto porque creo que a medida que la gente cambia con el inicio y la progresión de la demencia, es la esencia de la relación, la que tenemos que saber manejar para conectar y hacer partícipe a la persona.

Si cierras los ojos, sólo por un momento, ¿puedes rescatar el día donde estabas con tu ser querido y sentiste el aliento del amor y la felicidad? ¿Puedes conectar con esa sensación ahora mismo?

Me gusta pensar cómo creamos nuestras identidades a medida que crecemos. Hacemos el mejor esfuerzo para convertirnos en la persona que queremos ser, para poder tener experiencias y conocer a aquellos que se alinean con nuestro ser. Esto ocurre en muchas ocasiones cuando dicha creación es conjunta, en las familias o en las parejas, cuando escribes el borrador de la vida que quieres recorrer y compartir. Piensa en que estas relaciones funcionan igual que un pegamento, inténtalo. Piensa en cómo el pegamento ayuda a mantener nuestra identidad conjunta. Pero cuando alguien a quien amamos comienza a desarrollar demencia, puedes sentir como si ese pegamento perdiese su función, por mucho que le pongas no va a ser posible recuperar los niveles previos de unión.

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Dos personas que estaban conectadas estrechamente empiezan a tomar caminos diferentes cuando la demencia entra en escena. Uno de los dos permanece en su mundo interior, mientras que el otro convive en un espacio coherente con las expectativas diarias y conecta más a menudo con las emociones. Los planes que crearon juntos ahora parecen imposibles de cumplir y la demencia roba al otro la capacidad de imaginar futuros deseados.

No es de extrañar que muchas personas descubran su odio hacia esta enfermedad. Con la historia de PE&FU te invito a conocer «Memorias de un corazón». Encontrarás la respuesta a la pregunta que da título a esta entrada.

 

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