El olfato y la memoria

¿El olor a mantequilla de las palomitas al pasar por el cine te recuerda a tu infancia cuando en tu casa se hacían palomitas en la sartén un día especial?¿El aroma del pan horneado te transporta a hace unos años cuando visitaste París? ¿O un aroma particular de perfume te recuerda a una persona especial con la que compartiste parte de tu vida?

Para muchas personas, los olores a menudo desencadenan recuerdos poderosos, recordándoles los momentos de sus vidas que son importantes para ellos. ¿Pero alguna vez te has preguntado cuál es la ciencia que está detrás de esto? ¿Cómo algo tan simple como oler unas palomitas pueden llevarnos a tiempos de la infancia?

¿Puede tu olfato predecir cuándo morirás?

Bueno, es simple. Todo se debe a que las diferentes regiones de nuestro cerebro que trabajan con el olfato, los recuerdos y las emociones están, entrelazadas, estrechamente entrelazadas.

El vínculo entre recuerdos y sistema olfativo

Según John McGann, profesor asociado en el departamento de psicología de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, los olores son las únicas sensaciones que recorren un camino tan directo hacia los centros emocionales y de memoria del cerebro, mientras que todos los demás sentidos van primero a nuestro tálamo, que es una región cerebral que actúa como una “centralita”. Sin embargo, los olores pasan por alto nuestro tálamo y, como tales, pueden llegar a nuestro hipocampo y amígdala en cuestión de un par de sinapsis.

Esto resulta en una conexión bastante íntima entre lo que olemos y lo que recordamos, así como también cómo nos sentimos con respecto a esos recuerdos. Esta es también la razón por la cual los recuerdos provocados por los olores son mucho más fuertes que los causados ​​por otros sentidos. Según Rachel Herz, profesora adjunta adjunta de psiquiatría y comportamiento humano en la Universidad de Brown en Rhode Island y autora del libro “The Scent of Desire”, es por eso que lo que recordamos a través del olfato es “experimentado como más emocional y más evocador.

Entonces, la próxima vez que huelas algo que te haga recordar una experiencia lejana, agradece a tu cerebro porque se asegurará de que nunca lo olvides.