Muerte y dolor

Si te enfrentas a una enfermedad terminal o tienes un ser querido que se acerca a la muerte, la pregunta sobre si la muerte es dolorosa o no, probablemente ha entrado en tu mente. Esto puede ser particularmente cierto si la enfermedad ya ha causado dolor y esperas solo un momento de alivio antes del final de la vida. La respuesta es sí, la muerte puede ser dolorosa. Pero no siempre es así, y hay formas de ayudar a administrarlo para facilitar los últimos días.

Variaciones del dolor cerca de la muerte

Algunas personas pueden tener una cantidad significativa de dolor en sus últimas horas, mientras que otras no tienen ninguno. La cantidad de dolor que se experimenta puede variar según el diagnóstico, pero aun así, se producen diferencias personales importantes.

Con el cáncer, hasta el 90% de las personas experimentan dolor en algún momento de su viaje, y la mitad de las personas que mueren de cáncer tienen dolor intenso.

En un estudio holandés sobre personas que mueren de cáncer, más de uno de cada cuatro sujetos describió su dolor y sufrimiento como «intolerables».  Lamentablemente, solo la mitad de estas personas reciben un control adecuado del dolor.

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El impacto del dolor al final de la vida

Además de la incomodidad, el dolor incontrolado puede acentuar otros síntomas, como dificultad para respirar y ansiedad.

Emocionalmente, puede dejar a alguien de mal humor e incapaz de concentrarse, lo que dificulta tener conversaciones significativas con sus seres queridos. Espiritualmente, puede conducir a sentimientos de soledad y vacío.

Habitualmente, el dolor puede interferir con cosas como asegurarse de que tus asuntos legales estén en orden, hacer las paces y, en última instancia, decir adiós.

Para aquellas personas que se quedan atrás, el recuerdo del proceso de muerte a menudo perdura en los años venideros. Y si ese tiempo estuvio marcado por el dolor, puede provocar un duelo prolongado.

Informar del dolor

Para tratar adecuadamente el dolor, los médicos deben tener cierta comprensión del tipo y la intensidad del dolor que se experimenta. Además de pedir a la persona (o a su familiar) que describa el dolor, también querrán saber qué efectos está teniendo. Por ejemplo, ¿interfiere con comer, dormir o hablar?

Los médicos a menudo usan una herramienta llamada escala de dolor para hacer que la notificación de esta sensación subjetiva sea un poco más objetiva, así como para monitorear los resultados del tratamiento. Se les pide a los pacientes que describan su dolor en una escala del 1 al 10, siendo 1 casi ningún dolor y 10 el peor dolor imaginable.

Pero los pacientes no deben sentir que tienen que esperar para que se les pregunte sobre su dolor para informarlo. Hablar abierta y honestamente con los miembros del equipo de atención médica sobre la naturaleza, la frecuencia y la gravedad del dolor es, quizás, lo más importante que se puede hacer para asegurarse de que esté controlado.

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