Demencia, cómo prevenirla

Un nuevo estudio de Hong Kong destacó la lectura como una de las actividades intelectuales relacionadas con un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia.

Si bien la genética juega un papel importante, hacer algunos cambios en el estilo de vida y abordar los factores prevenibles también puede ayudar a retrasar la aparición de la demencia. La enfermedad no es una parte normal del proceso de envejecimiento y comúnmente causa el síntoma de pérdida de memoria.

Si bien no existe una cura, la investigación ha encontrado que algunas actividades podrían ayudar a reducir el riesgo de demencia:

1. Lectura

Un nuevo estudio de Hong Kong examinó a 15.582 participantes de 65 años o más que no tenían demencia. Después de realizar un seguimiento durante varios años, se observó un riesgo significativamente menor de demencia en aquellos que participaban en actividades intelectuales como la lectura. Los investigadores especularon que la lectura ralentizó el inicio de la demencia clínica al mejorar la reserva cognitiva.

En una investigación previa de Stanford, la erudita literaria Natalie Phillips explicó que «no solo es lo que leemos, sino que pensar con rigor es valioso, y ese estudio literario proporciona un ejercicio verdaderamente estimulante del cerebro de las personas».

 

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2. Socializar

Incluso cuando hacemos algo tan simple como pedir algo en la barra de la cafetería, nuestro cerebro necesita leer a la otra persona, pensar qué decir y descubrir cómo responder si sucede algo inesperado. En otras palabras, sirve como una forma de ejercicio para tu cerebro.

«La socialización alivia el estrés y hay una gran conexión entre el estrés y los problemas con el cerebro a medida que envejecemos», afirma Bryan James, del Centro de Enfermedades de Alzheimer de Rush en Chicago.

Parece especialmente importante cómo evoluciona el cerebro humano para conocer a unas 150 personas, por lo que interactuar constantemente con solo una o dos personas puede aumentar el estrés.

3. Aprender algo nuevo

La plasticidad cerebral, la capacidad de cambiar la estructura o la función de manera sostenida para responder a la estimulación externa, se puede mantener en un grado limitado desafiándose a uno mismo. Esto podría incluir algo como aprender a tocar un nuevo instrumento musical, aprender un idioma o incluso tratar de encontrar un lugar siguiendo un mapa (por muy tentandor que resulte activar Google Maps).

Un estudio de 2014 comparó a las personas que aprendieron nuevas habilidades con las personas que realizaron actividades que no eran muy difíciles para la mente. El primero tuvo ganancias más significativas en la memoria cuando se siguió después de un año. La memoria mejoró más en las personas mayores que comenzaron a aprender fotografía digital y Photoshop.

4. Actividad física

Uno no debe olvidarse de mover su cuerpo físico en medio de todo lo que se habla sobre el ejercicio mental. En conjunto, la obesidad y la presión arterial alta pueden contribuir a más del 12 por ciento de los casos de demencia. Además, investigaciones recientes han demostrado que el adelgazamiento de las estructuras cerebrales puede estar relacionado con pasar demasiado tiempo sentado.

Para añadir un poco de estimulación mental al ejercicio físico, los investigadores también sugirieron bailar para reducir la incidencia de demencia y Alzheimer. La actividad requiere coordinación y comunicación entre un grupo de células en el cerebro conocido como los ganglios basales.

Tanto los ganglios basales como el cerebelo son componentes clave en la memoria, el hábito y el movimiento. Ambos también se ponen a trabajar en el aprendizaje y la ejecución de la danza.

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