Cuidar, ¿es posible sin descuidarse?

La historia de cuidar. Hace casi medio siglo me encontré de frente con una hermosa comunidad numerosa y longeva, mi propia familia. Yo era la segunda generación de una de las doce descendientes de aquel grupo, donde a pesar de detentar figuras masculinas, en realidad la voz que encausaba la vida y los planes era la femenina. Y al mirar hacia mi estirpe, concluyo que desciendo de un matriarcado, muy amoroso y donde los cuidados son el equivalente a la expresión más auténtica del amor.

Aprendí que no podemos cuidar a otros sin empezar por cuidarnos nosotros primero.  Y es que casi damos por un hecho que todos sabemos qué es cuidado, qué es cuidar y que es descuidar; e inclusive algunos organismos internacionales nos encauzan con la categoría economía de los cuidados, pero en este instante, rompemos barreras de distancia física y lenguaje para sumar nuestras miradas hacia un solo objetivo: amor.

¡¡Hoy conocemos a la Abuela Chicha, gracias a su nieta!!#Igers

Y es que “cuando cuidamos amamos y cuando amamos cuidamos” (Boff, 1999) y este axioma nos pone de punta los nervios, porque si reflexiono por partes, me indica que cuando cuido amo y si no soy capaz de mirarme a mí mismo (a) como la persona más proximal ¿cómo soy capaz de cuidar a otros?; es decir, ¿soy capaz de amar a otros? Y si tomo la segunda parte ¿me doy cuenta de cuándo estoy amando a otros? ¿o lo hago por costumbre? ¿por temor a la soledad? ¿por temor al qué dirán? ¿Porque llegó una epidemia que nos obligó a cuidar a esos otros que en realidad no significan nada para mí, que no los amo?

Y así es como la mayoría de quienes cuidamos de otros empezamos un recorrido inconsciente, porque primero asumimos el cuidado [de otros] sin detenernos un instante a meditar las implicaciones de esta labor. Como decía mi abuela, si ya estás sobre el asunto, a dominarlo; y esto significa que lo primero es considerar que de manera ancestral el ser humano sabe cuidar (por algo sobrevivimos hasta el día de hoy) pero ¿sabemos autocuidarnos? Esta respuesta es una tarea personal que les invito a realizar. Algunas ideas para empezar a autocuidarnos, porque es muy válido no saber hacerlo, son a)tener horarios para actividades específicas: descanso, alimentación, aseo de vivienda, aseo personal; b)ejercitarnos, ¿sabías que el ejercicio hace que se generen sustancias en nuestro cerebro que nos hace sentirnos felices? c) tener motivos de vida: anota en un cuaderno tus planes ¿un viaje? ¿aprender algo nuevo? ¿reunirte con algunos amigos? Luego escribe al detalle cada elemento que contiene ese plan, desde la compra del pasaje hasta el menú y la ropa que vestirás. d) te duele algo ¿tus sentimientos? ¿puedes lidiar con ello? Si no puedes, busca ayuda ¿sabes dónde? e) ¿qué quisieras dejarle a la generación que viene detrás de ti? 

Tratar de responder estas preguntas requiere que nos tomemos tiempo para hacerlo. La estirpe de la que desciendo continuamente decía “cuando vas, yo vengo de vuelta, no tomés ese camino”, para indicarme que me dejaban un legado de experiencia probada que iniciaba con verme a mí misma primero antes de ver a los otros, de cuidar de mí misma primero, antes de cuidar de otros. Lamentablemente la presión del trabajo, de responder a las demandas de la sociedad acallaron un tiempo estas enseñanzas que, antes de que abuela falleciera, volvieron a emerger, ante su reclamo: no te descuides. 

Entonces, retomé lo aprendido en la infancia, encontré preguntas sin respuesta y me dí a la tarea de encontrarles; decidí traer las enseñanzas de las longevas de mi familia al siglo XXI aunque tuve que hacerle adaptaciones; y justo cuando empecé a caminar de nuevo en esta línea de cuidar sin descuidarme me percaté que la sabiduría acumulada debía pasarla no sólo a mis hijos e hija sino a todos los que cuidamos de otros, amamos a otros. Sigamos cuidándonos para cuidar.

 

Kattia Sevilla Segura

Gerontóloga, Orientación Integral para la Familia

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