«Una subpoblación de neuronas de la amígdala central desempeña un papel clave en la regulación de la ansiedad».

Investigadores del laboratorio de Andreas Lüthi han identificado un tipo de células en el cerebro, que controla la ansiedad y han dilucidado los mecanismos subyacentes.  ¿Te preguntas qué tienen de novedoso estos resultados? Este estudio nos ayuda a comprender mucho mejor los procesos cerebrales que se activan en los estados de ansiedad y que son disfuncionales en los trastornos de ansiedad.

Tenemos un riesgo bastante elevado de padecer un trastorno de ansiedad, alrededor del 20%. Sin embargo, aunque el número de pacientes es importante, las opciones terapéuticas resultan a menudo insuficientes. Una buena razón es que los procesos cerebrales que dan lugar a la ansiedad siguen siendo poco conocidos. Curiosamente, las regiones cerebrales implicadas en la emoción del miedo son bien conocidas, y lo mismo ocurre con la interacción de los circuitos neuronales subyacentes.

Aunque en ocasiones utilizamos indistintamente estos términos, debemos saber diferenciar la «ansiedad» del «miedo»: el miedo es una respuesta a una amenaza inminente y claramente definida, que se traduce en bloqueo, lucha o huida. Por el contrario, la ansiedad es una reacción emocional compleja a una amenaza potencial difusa, sin un desencadenante inmediato; esto hace que sea más difícil de estudiar.

Andreas Lüthi y su equipo del FMI  han identificado las neuronas en la amígdala – la estructura conocida como centro del miedo en el cerebro – que puede causar un comportamiento de ansiedad. Además, demostraron que las mismas células también están involucradas en la respuesta de miedo.

«Es absolutamente fascinante ver cómo un solo tipo de células en la amígdala puede controlar algo tan complejo como el comportamiento de la ansiedad».

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Con este estudio, han sido los primeros en establecer un vínculo tan claro. Estos hallazgos nos ayudan a obtener una mejor comprensión de cómo surgen los trastornos de ansiedad, y sugerir posibles enfoques terapéuticos.

Imagen original: Grupo de investigadores/ FMI

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