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¿Qué puedes hacer para combatir la soledad?


La soledad en la tercera edad es algo, lamentablemente, muy habitual. Sin embargo, hay una buena noticia: Esta soledad puede atenuarse si se buscan los recursos adecuados. La colaboración del entorno familiar puede ser un factor importante o encontrar una cuidadora (Laura Pujol Izquierdo de Qida es un ejemplo realmente inspirador). Sin embargo, será la propia proactividad del anciano lo que realmente le ayude a marcar la diferencia.

A continuación te hablamos sobre dos vías muy efectivas para acabar con la soledad: La socialización y búsqueda activa de nuevas amistades en entornos de la tercera edad y la selección de una cuidadora doméstica.

La importancia de buscar compañía

Mantenerse activo durante la tercera edad genera oportunidades únicas de socialización. Una de las principales ventajas que el anciano encuentra a su alcance es, precisamente, el hecho de que se trata de un problema generalizado. Esto significa que existen muchos otros ancianos que desean compañía y tomar conciencia de esto puede ser el detonante definitivo para crear grupos entre iguales en donde compartir nuevas experiencias.

La participación en actividades grupales puede ayudar a socializar y conocer a otras personas que se encuentren en situaciones similares. Existen cursos organizados expresamente para personas de la tercera edad. De forma local se llevan a cabo actividades y talleres creativos que ayudan a crear nuevos vínculos. Además, también existen actividades culturales de todo tipo que pueden disfrutarse en compañía como el cine o el teatro. Por último, existen agrupaciones y entidades que configuran y actualizan constamente programas de actividades. El IMSERSO o el hogar del pensionista son buenos ejemplos de ello.

La figura de la cuidadora: Un apoyo fundamental

La dependencia que pueden llegar a desarrollar los seres humanos durante la tercera edad a veces requiere de la adpción de determinadas medidas. Los familiares se preocupan al no poder ofrecer toda la atención que su anciano necesitaría. La presencia de responsabilidades familiares (hijos principalmente), los compromisos laborales y otro tipo de circunstancias, obstaculizan la atención permanente.

En este contexto, se abren dos posibilidades. La primera de ella la componen las Residencias. Se trata de centros en los que se interna total o parcialmente a los ancianos dependientes para que puedan recibir atención integral por parte de equipos especializados. Sin embargo, uno de los grandes inconvenientes que las Residencias conllevan es la separación física del núcleo familiar. Esto a menudo se traduce en episodios de depresión o ansiedad y a menudo multiplica la sensación de soledad.

Quizá por ello, la segunda alternativa se convierta en una opción bastante más humanitaria: La contratación de una cuidadora en el domicilio familiar. Esta vía ayuda a cubrir todas las necesidades del familiar dependiente y al mismo tiempo le ofrece la posibilidad de continuar conviviendo con sus familiares, lo cual supone un contacto cercano y directo. Desde el punto de vista emocional y psicológico, esto puede fortalecer la salud del anciano y por supuesto suprimir la separación manteniéndole al abrigo de la familia.

La figura de la cuidadora domiciliaria ha existido siempre. Su presencia puede ayudar a mitigar los efectos de la soledad. Su cercanía e integración dentro del domicilio del solicitante hacen de su presencia una experiencia mucho más humanitaria y enriquecedora. Su presencia se traduce en grandes ventajas prácticas, como por ejemplo la protección y auxilio frente a incidentes domésticos como caídas o la ayuda en labores rutinarias. Sin embargo, más allá de eso, la figura de una asistente que proporcione atención integral de forma continuada en el tiempo lleva inevitablemente a la creación de lazos afectivos. Y es que la relación que puede crearse entre una cuidadora y un anciano puede adquirir tintes familiares en forma de una bonita amistad.