Anemia, un problema de salud habitual

El 25-30% de toda la población mundial sufre de anemia, siendo la del tipo ferropénico o déficit de hierro la causante del 50% de los casos totales.

La hemoglobina es una proteína presente en los glóbulos rojos, responsable del transporte de oxígeno en la sangre. Se considera que una persona tiene anemia cuando sus niveles de hemoglobina son inferiores a 12 g/dL en el caso de las mujeres e inferiores a 13 g/dL en el caso de los hombres. El hierro es un componente esencial de la molécula de hemoglobina sin el cual no puede cumplir su función y su déficit, también llamado “ferropenia”, constituye la causa más común de anemia a nivel mundial.

El pasado 26 de noviembre se celebró el Día Mundial del Déficit de Hierro y desde el equipo médico de Melio, plataforma online especializada en análisis de sangre, han desarrollado una guía sobre la anemia por ferropenia y las claves para prevenirla.

Identificar el origen de la falta de hierro.

El déficit de hierro tiene múltiples causas posibles, entre las que se encuentran la ingesta insuficiente de hierro, la disminución de su absorción intestinal, como en la enfermedad celíaca o en las enfermedades inflamatorias intestinales; a la pérdida de sangre, ya sea conocida como cirugías, traumatismos, menstruación abundante, etc. o inadvertida, especialmente en personas mayores; o porque los requisitos de hierro  sean superiores a la ingesta, como en el caso de embarazo o actividad física extenuante, especialmente en deportistas de alta resistencia, como corredores de carrera de larga distancia.

Identificar los síntomas de la falta de hierro en la salud.

Fatiga, cansancio durante actividad física, disnea o empeoramiento de afecciones cardíacas previasson los principales síntomas que la anemia puede manifestar en una persona.

En niños, puede presentarse como falta de atención, déficit de aprendizaje escolar, así como retraso en el desarrollo. La palidez cutánea es un síntoma clásico, pero que no aparece hasta que la hemoglobina cae por debajo de 7-8 g/dL. Un examen físico en la consulta médica podría revelar piel y conjuntiva pálida, taquicardia en reposo e insuficiencia cardíaca congestiva.

Consumir alimentos considerados fuente de hierro.

Las verduras de hoja verde como espinacas, col, algas marinas, berro, brócoli, espárragos y perejilson la mejor opción dada su baja densidad calórica. Otros alimentos ricos en hierro son el hígado, carne roja, pollo, mariscos, huevos, legumbres, cereales fortificados, frutos secos (como ciruelas, pasas, higos y albaricoques), nueces y semillas, soja.

En las carnes rojas se da una combinación de hierro hemo y no-hemo, en los productos ovolácteos hierro no-hemo y en las plantas únicamente hierro no-hemo. El hierro de grupo hemo es una forma de la molécula de hierro que se absorbe con mayor facilidad en comparación con el hierro no-hemo: esto es relevante dado que un exceso de hierro de fuentes animales puede ocasionar una sobrecarga de hierro, mientras que un consumo de verduras escaso, especialmente en una dieta vegetariana (hierro no-hemo, menos biodisponible), puede dar lugar a ferropenia.

La vitamina C aumenta considerablemente la biodisponibilidad del hierro no-hemo, por lo que si estás tratando de aumentar la absorción de hierro es recomendable comer alimentos ricos en hierro junto alimentos ricos en vitamina C, como los cítricos, el kiwi, las espinacas, los pimientos o el brócoli. Por otro lado, algunos polifenoles presentes en el café y en el té disminuyen la absorción del hierro no hemo, por lo que se debería evitar tomar estas bebidas durante las comidas. Los suplementos de calcio también pueden inhibir la absorción de hierro si se toman con las comidas.

Aplicar un tratamiento, siempre y cuando sea guiado por un médico.

Una ingesta adecuada de hierro en la dieta debería ser suficiente para cubrir todas las necesidades diarias en caso de que no exista ninguna enfermedad subyacente que aumente su gasto o disminuya su absorción. La ingesta recomendada es 1,8 veces superior en personas vegetarianas ya que el hierro hemo presente en productos animales es más biodisponible que el hierro no-hemo de las verduras.

Si se decide aportar suplementos de hierro, debe administrarse entre las comidas, ya que es en este momento cuando el pH gástrico es menor y facilita la absorción de hierro. La suplementación de hierro debe realizarse al menos durante tres meses para recuperar las reservas de hierro, incluso si se corrige la hemoglobina baja antes. La suplementación normalmente se hace en forma de sulfato ferroso.

Los pacientes pertenecientes a grupos de alto riesgo de anemia (mujeres con sangrado menstrual abundante, donantes frecuentes de sangre o personas que siguen dietas vegetarianas estrictas) pueden tomar suplementación de forma preventiva. Sin embargo, generalizar la suplementación con hierro a toda la población no es recomendable y no existe evidencia de que sea beneficioso, pudiendo ocasionar efectos adversos como estreñimiento, náuseas, disminución del apetito y diarrea.

 

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