Mantener la salud física y mental en la mediana edad puede ayudar a retrasar los síntomas de la enfermedad de Alzheimer, pero la actividad no afecta a los cambios fundamentales de la enfermedad en el cerebro para la mayoría de las personas. Así lo afirma un nuevo estudio publicado en la edición de febrero en línea de la revista médica de la Academia Americana de Neurología –Neurology-. 

Los resultados difieren de las personas que son portadoras de un gen relacionado con la enfermedad de Alzheimer, llamado APOE4, que afecta a alrededor del 20% de la población. Las conclusiones afirman que aquellos con una actividad cognitiva más intensa durante la mediana edad tenían menos signos cerebrales de Alzheimer. Hay que tener en cuenta que esta relación sólo se dio en las personas que tenían un mayor riesgo genético de padecer la enfermedad al ser portadores de una variante genética, el alelo APOE4, que incrementa el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer. En las personas que no tenían este condicionante genético, la actividad intelectual no parece influir en los signos cerebrales del Alzheimer. Las placas amiloides pueden acumularse en el tejido cerebral y conducir a la enfermedad de Alzheimer.

«Estudios recientes han mostrado resultados contradictorios sobre el valor de la actividad física y mental relacionado con el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, y nos dimos cuenta de que los niveles de educación diferían en esos estudios», dijo el autor del estudio Prashanthi Vemuri, PhD, de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota. Los portadores del gen APOE4 que tenía un nivel de educación superior y continuaron aprendiendo a lo largo de la vida, tenían menos depósito de amiloide en las imágenes en comparación con aquellos que no continuaron con la actividad intelectual en la mediana edad.

Aunque no seamos portadores del gen APOE4 debemos realizar tareas estimulantes física y mentalmente

Hay evidencia sustancial de que estas actividades ayudan a retrasar la aparición de problemas de la memoria y el pensamiento. Lo que no se sabe es cómo funciona este proceso.

Para el estudio, los investigadores evaluaron a 393 personas sin demencia que formaron parte del estudio de Mayo Clinic of Aging. De ellos, 53 tenían deterioro cognitivo leve. Todos tenían 70 años o más. Se dividieron en dos grupos, los que tienen más de 14 años de educación y los que tienen menos. Los investigadores utilizaron imágenes por resonancia magnética y PET para buscar biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer y cuestionarios para evaluar la actividad intelectual y física semanal.

Para el grupo en su conjunto, la educación, la ocupación y la actividad mental y física en la mediana edad parecía tener poco o ningún efecto sobre las tasas de empeoramiento de las placas amiloides, metabolismo de la glucosa cerebral y el volumen del cerebro. Pero para los portadores del APOE4 con alta educación y el aprendizaje continuo de por vida, había menos deposición de amiloide en el cerebro que las personas con alto nivel de educación que no continuaron implicados en actividades intelectuales.

«Es posible aquellos que no continuaron con la actividad intelectual lo hicieron porque tenían niveles más altos de las placas de amiloide», dijo Vemuri. «Si bien hay muchas limitaciones con este estudio, nuestros resultados muestran que se necesita un mayor estudio y sugiere que los diferentes niveles educativos de otros estudios recientes pueden explicar los resultados contradictorios observados en la literatura de investigación.»

Referencias:

Prashanthi Vemuri, Timothy G. Lesnick, Scott A. Przybelski, David S. Knopman, Mary Machulda, Val J. Lowe, Michelle M. Mielke, Rosebud O. Roberts, Jeffrey L. Gunter, Matthew L. Senjem, Yonas E. Geda, Walter A. Rocca, Ronald C. Petersen, and Clifford R. Jack, Jr. Effect of intellectual enrichment on AD biomarker trajectories: Longitudinal imaging studyNeurology, February 24, 2016

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