Las primeras impresiones son claves. Así ocurre en cualquier situación, ya sea en una cita intima o en cualquier relación cliente-empresa. Considerando esta realidad e importancia, hemos querido visitar una residencia de mayores, del grupo Amavir para más señas y conocer a Marisol Vallespín, una de las mujeres que atienden la recepción de Vallecas (Madrid).

Esta entrevista se realizó una mañana tranquila de sábado y allí estaba ella con una sonrisa esperándonos, dispuesta a contarnos su trabajo y las historias que allí se viven.

¿Qué tal, Marisol?

Muy bien, trabajando encantada.

¿Te gustaría concedernos unos minutitos para entrevistarte?

Ah, sí. Claro. Sin problema.

¿Cuándo empezaste a trabajar en esta Residencia de Mayores?

Llevo 13 años trabajando para Amavir.

¿Qué es lo que más te gusta?

Me gusta el trato tanto con los residentes, familiares y el trabajo administrativo que hago cada jornada.

¿Cuáles son las habilidades especiales que debe tener una persona que trabaja en la recepción de un centro como este?

Sobre todo, ser positiva, darles ánimo y darles un beso cuando lo necesitan. Porque muchos necesitan cariño. Muchas veces vienen a verme simplemente para saludarme, tenemos esa rutina y a mi me encanta complacerles.

Estoy muy contenta porque ellos me hacen sentir querida. También he llorado mucho, cuando algún residente fallece

¿Recuerdas a las personas que ya no están en el centro?

Ufff, muchas. Son 13 años y por aquí han pasado muchas personas. Valentina, Jose Luis… Les coges cariño desde el principio y sobre todo cuando ves su evolución en la residencia y compartes muchos años con ellas. Es como si fuesen mis padres. Paso mucho tiempo con ellos.

¿Alguna anécdota?

Aquí te pasa un poco de todo. Ayer una residente me decía ¿y dónde está mi madre? que obviamente había muerto. Entonces yo les tranquilizo pero no les rectifico.

Mira otra anécdota. Hace pocos días vino un señor muy desorientado. No sabía ni donde estaba. No era un residente nuestro. Entonces llamé al médico, a las enfermeras… estuvieron valorando y llamamos al hospital para que se lo llevaran al hospital. Estuvo muy agradecido a que le acogiésemos en ese momento de angustia

Durante la entrevista con Marisol se acercó Florentina que también, se animó a contarnos su vida en la residencia.

Flora, ¿cómo te encuentras?

Pues regular de salud. Un día me caí en la calle. Por lo demás, tengo 91 años y estoy divinamente. Como bien, salgo todos los días un poquito. Aquí muy bien, todo el mundo me quieren y yo a ellos.

¿Y por qué te quieren tanto?

Pues no lo sé, yo no hago nada de especial. Soy una persona muy normalita. He estado 41 años en la Telefónica. Con muy buena salud, sólo con una apendicitis a los 20 años y alguna anginas, pero nunca he estado de baja en el trabajo.

¿Cómo fue el episodio de la caída?

Venía con Isabel, una compañera de la residencia. Salimos a pasear y tropecé en una baldosa aquí al lado. Se me torció la cadera. Me tenía que comprar un corsé pero la verdad es que no me hace nada. A esta edad, los huesos se quedan como están.

¿En qué momento entraste en este centro de Amavir? 

El día 26 de marzo de hace 5 años. Se había muerto mi hermana que era con la que yo vivía. Estuve tres años muy triste viviendo sola. Ya no podía estar sola. Tenía una depresión tremenda. No comía, no salía. Adelgacé muchísimo.

¿Qué tal fue el recibimiento?

Muy bueno, buenísimo. Yo había venido a esta residencia cuando la inauguraron para mi hermana. Nos gustó pero como la cuidadaba yo, pues continuamos viviendo en casa juntas.

Yo estuve volcada por completo con mi hermana. Fueron años muy satisfactorios, con una asistenta que nos quería mucho y otra mujer que dormía con nosotros.

¿Y ahora te cuidan a ti?

Si, la verdad es que yo estoy contenta con ellos. No sé que te dirán ellos pero yo procuro no tengo problemas con nadie.

¿Tienes amigas?

Sí, Isabel y Luisa, otra amiga que ya no está aquí. Yo no me meto con nadie. Aquí cuando me dicen “ay, qué poco comes… “pues sí, porque soy de poco comer. Yo me compro mis cositas, las guardo en mi nevera…

¿Quieres que te enseñe mi apartamento?

Sí, claro que sí.

Estoy como en mi casa. Mi habitación la tengo muy coqueta.

La entrevista terminó en su habitación, invitando a este redactor a una refresco sin cafeína.