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«Vivir dos veces», la película española estrenada en Netfix que protragoniza Oscar Martínez demuestra que incluso la decadencia de la memoria puede tener un propósito.

Dirección: María Ripoll
Reparto: Oscar Martínez, Inma Cuesta, Mafalda Carbonell, Nacho López, Aina Clotet
Título en V.O: Vivir dos veces
País: España Año: 2019

Fecha de estreno: 06-09-2019

Género: Comedia

Guión: María Mínguez

Fotografía: Núria Roldos

Música: Arnau Bataller

Sinopsis: Emilio (Oscar Martínez), su hija Julia (Inma Cuesta) y su nieta Blanca (Mafalda Carbonell) emprenden un viaje disparatado y a la vez revelador. Antes de que a Emilio le falle la memoria definitivamente, la familia le ayudará a buscar al amor de su juventud. En el camino encontrarán la oportunidad de una vida nueva y sin trampas. Decisiones discutibles y contratiempos los llevará a enfrentarse a los engaños sobre los que han montado sus vidas. ¿Será posible vivir dos veces?

La trayectoria de María Ripoll ilumina, con sus luces y sombras, lo que ha sido el cine español del último cuarto de siglo. Cineasta que jamás hace ascos a un proyecto, por extraño que parezca (y ahí están desde sus comedias románticas, como Tu vida en 65’, hasta un thriller futurista como Utopía; desde un encargo nada personal, pero excelentemente resuelto, como No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, hasta un documental hecho por solidaridad con una amiga, el espléndido y poco conocido Cromosoma cinco, para demostrarlo), su trayectoria, a menudo bendecida por taquilla y crítica, habría debido ser mucho más amplia, no en vano estamos ante una cineasta elegante, que domina los códigos de los géneros; buena directora de actores y competentemente profesional (algo que no abunda, dicho rápido).

Pero nuestro cine da para lo que da. Su último trabajo vuelve a ser, por si hiciera falta, la confirmación de todas sus virtudes. Basado en un guion original de María Mínguez, que juega sin complejos la baza de la comedia hasta terminar convertido en un mar de lágrimas, Vivir dos veces habla del (imposible) intento de regreso al pasado de un matemático jubilado (Martínez, tan bien como suele), gruñón y misántropo, que descubre, con pavor, que está perdiendo la memoria. La historia es muy simple, que no simplista; se propondrá reencontrar a la única mujer de la que estuvo enamorado. Y lo hará con la ayuda de una familia más bien rarita: una hija que se parece mucho a un Excel (Cuesta borda un papel difícil, por lo ingrato del personaje), un yerno nulo y una nieta (Carbonell: la veremos mucho; y si no, al tiempo) que es una mezcla de sabiduría, calidez y mala leche proverbiales. Ripoll maneja muy bien los tiempos de la comedia (ya lo sabíamos) y también, es marca de la casa, la levedad, casi la ingravidez con que pasa de un registro cómico a otro arrebatadamente dramático, con toques de road movie entre chusca y castiza: como querría cualquier gran comedia, la cuota de drama está aquí para reforzar la empatía con unos personajes dibujados con primor, que crecen sin cesar ante nuestros ojos.

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