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Tecnología e innovación para envejecer en comunidad

 

El reto de envejecer en comunidad y con el apoyo de la tecnología y la innovación

Seguramente coincidiremos en que, pese a los esfuerzos crecientes realizados en programas de sensibilización y no estigmatización por parte de muchos actores, se sigue asociando la vejez con el deterioro físico y mental y con la vulnerabilidad. Como sociedad, tenemos una opinión bastante mayoritaria que nos lleva a pensar en la etapa final de la vida adulta como aquella en la que seremos una carga, molestaremos con nuestros ritmos y necesidades y no nos sabremos adaptar a los cambios y a los duelos que nos tocarán vivir. Con esta visión no hacemos más que anticipar el imaginario colectivo que vincula la vejez a la reducción del bienestar social y emocional, a la visualización negativa de nuestra proyección personal y a la pérdida de las oportunidades de crecimiento socioeconómico.

La jubilación de la generación del “baby boom” obliga, una vez más, a replantear las soluciones y propuestas clásicas para atender las nuevas necesidades de las personas mayores. En la actualidad se está trabajando de manera paralela con muchos agentes implicados en la creación de un marco más innovador para promover un envejecimiento activo. Las tendencias de estos espacios de trabajo ponen en valor la inminente necesidad de idear nuevos modelos aplicables a la diversidad: es decir, modelos flexibles y personalizables para poder poner el foco de atención en las diferencias individuales y grupales y que a la vez sean proyectos comunitarios y corresponsables con otras generaciones y con la comunidad. También hay consenso en que las nuevas políticas de acompañamiento deben otorgar un papel social real a las personas mayores y reivindicar el hogar como espacio amigable hasta el final de la vida, además de aumentar la proactividad social, individual y empresarial en este ámbito.

En este proceso, son claves las propias personas mayores, que al exponer sus nuevos estilos de vida y voluntades apuntan nuevas oportunidades y servicios. También las empresas y entidades sociales, que al trabajar los cuidados y la atención ciudadana pueden detectar las necesidades reales del colectivo y los beneficios potenciales de aplicar la innovación a su vida diaria.

Pero sobre todo este nuevo abordaje del envejecimiento debe ir de la mano de la I+D+I, la tecnología, la evolución de las teorías de cuidados comunitarios y el cambio de mentalidad de la propia ciudadanía. Son varios los ejemplos recientes donde se aplican con éxito las nuevas tecnologías para dar respuesta a necesidades actuales de las personas mayores: SeniorDomo, un botón de teleasistencia ampliado que recopila más información y que puede convertirse también en un teléfono y ampliar su usabilidad fuera del hogar, con lo que se aumenta la sensación de seguridad y bienestar; la prueba piloto Deleting Loneliness donde con el uso de unas pantallas adaptadas se puede interactuar con la familia y las amistades así como participar en actividades y talleres para reducir el sentimiento de soledad no deseada; o el proyecto Famileo, que permite adaptar la comunicación que habitualmente transmitimos a través de WhatsApp y las redes sociales en formato revista para personas mayores que viven en centros residenciales.

Las personas mayores quieren socializarse y mantenerse activas en entornos seguros y están haciendo un gran esfuerzo de alfabetización digital para adaptarse a los cambios sociales. Es necesario seguir diseñando e innovando de manera accesible y asequible, adaptando la tecnología a las nuevas necesidades de las personas mayores en su diversidad y colectividad. Y contribuir de esta manera a rediseñar el imaginario colectivo alrededor del envejecimiento y detectar las oportunidades para ver no solo vida, sino calidad de vida, hasta al final de nuestro camino.

Mariona Mercader

Coordinadora de Personas Mayores de la Fundación Pere Tarrés