La vejez… esa etapa que para muchos resulta un misterio, para otros una dicha, pero que sin lugar a dudas para todos tendría que ser un gran privilegio poder vivirla. Y aunque vivimos en una sociedad en la cual se enaltece la belleza y la juventud, y que las canas y las arrugas se llegan a ocultar, la vejez comienza a romper esas máscaras, comienza a valorarse a sí misma y, sobre todo, a darse voz y vida propia.

Hablemos de nuestra vejez, no la mantengamos callada, ajena y triste, al darle nombre a lo que somos y a lo que pensamos que nos gustaría llegar a ser, y hacer, de viejos, pero principalmente reconociendo a ese viejo o vieja interior, que habita en todos nosotros y que ya no quiere alzar la voz.

¿Conoces a tu viejo o vieja interior? ¿Te gustaría conocerlo, conocerla, escucharlo, escucharla? Si logramos resignificar lo que es la etapa de la vejez, podremos no sólo escucharlos, también abrazarlos y reconocernos a nosotros mismos a través de ese viejo o vieja que está en nosotros y que, si tenemos suerte, cada día aparecerá algo de él o de ella.

Por lo tanto, resignificar la vejez es la labor que se nos presenta tanto a nivel personal, como a nivel social; la vejez tiene que adquirir un nuevo sentido para que así responsabilizarnos y ser generadores de cambio en una sociedad en donde el tema de la inclusión deje en un futuro de ser “tema” y simplemente sea parte de.

En la medida en la cual podamos resignificar la vejez, estamos dando cuenta y nos podemos dar la oportunidad de ver a la vejez desde otra perspectiva, desde una perspectiva más activa, exitosa, funcional y no sólo por pérdidas y limitaciones que pudieran llegar a presentarse en dicha etapa, y que también se pueden presentar en cualquier otra de las etapas del desarrollo humano. 

La sociedad ya está dejando que ese viejo interno cobre voz, en muchas de las oportunidades que he tenido al dar una clase o una conferencia, me emociona de sobremanera escuchar a personas ya no preocupadas por su vejez, más bien ocupadas en la construcción, desde su momento actual de vida, de su propia vejez, con miras en la funcionalidad, pero lo más importante… con el deseo de llegar a ser viejos.

Te invito a resignificar tu vejez.

María Cristina Pintos Gómez, Psicóloga y tanatóloga, especialista en psicogerontología. Diseñó, desarrolló e implementó el Departamento de Psicología Geriátrica del Hospital Español de la Ciudad de México. Actualmente se dedica a la consulta privada, es tallerista y conferencista, colaborando con SPES Clínica del Alma, Centro de día, Meridia, Instituto Latinoamericano de Tanatología y CUEM.

¿Por qué me parece oportuno hablar de las y los viejos?

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