Resiliencia en tiempos de crisis

Convivir con los cambios, convivir con un siglo en el que no nacimos, convivir con una sociedad que todavía debe aprender que los prejuicios dañan a las personas, que cada ser humano envejece diferente, que las personas son únicas. 

Convivimos con un mundo de innovación y tecnología que va rápido e intenta dejarnos atrás, residimos en un mundo diferente, nacimos y crecimos en otra época que nos describe como gente buena, sencilla, realizada, amiga de ser feliz. 

Son una generación diferente que resolvió vivir y disfrutar todo lo que les llegue, aprender siempre que se puede, aprovechar las oportunidades como esboza el envejecimiento activo que define la OMS, es gente que tiene rumbo, proyecto de vida, camina con optimismo y le encanta relacionarse con los demás. 

Los adultos mayores con elevadas ganas de vivir se caracterizan por tener mayores niveles de optimismo, gratitud, resiliencia, afecto positivo, sentido de la vida, prosperidad psicológica, felicidad, satisfacción con la vida y menores niveles de depresión y autopercepción del envejecimiento negativo. Apuntan Izal, Bernabeu, Martínez y otros. 

Las personas adultas mayores construyen el proceso de envejecimiento, entienden que el estilo de vida hace diferencia entre vivir y vivir saludablemente, que las enfermedades no transmisibles que llegaron en décadas anteriores se quedan todo el curso de vida y deben ser atendidas, comprenden que la alimentación debe ser de todos colores, con frutas y verduras abundantes y que el ejercicio físico se invita todos los días para generar salud física y mental. 

Entienden que las capacidades cognitivas deben mantenerse y activarse de diversas maneras para conservar la atención, la concentración, el lenguaje, la memoria y mucho más. 

Comprueban que la participación social constituye no sólo una red de apoyo también soporte “emocional, instrumental e informativo. …que actúa como recurso protector o amortiguador en situaciones de estrés, promoviendo una mejor salud física, mental y el bienestar…” como lo afirman Gallardo, Conde y Córdova. 

Hoy las personas adultas mayores están frente a un gran desafío que intenta no sólo arrasar con la salud, también con la economía, con la armonía social, emocional y mental, llevarse la vida de miles de personas de todas las edades y condiciones y de preferencia, los que superan los 65 años, según los especialistas. 

Estamos en medio de la pandemia, con unas redes sociales que muchos aprovechan para fabricar noticias falsas para desequilibrar, robar paz, desorientar y sembrar incertidumbre. 

Estamos en medio de personas que con la mayor ignorancia asumen las medidas sanitarias como si fueran eternos, inmunes o estuvieran vacunados, gente que hace caso omiso, que, con irresponsabilidad pasmosa, transitan como si nada estuviera pasando. 

Por ratos no entendemos qué es más patético, si la agresividad del virus o la gente que violenta normas sanitarias y de convivencia. 

Nos cambiaron de repente la vida, sin proceso de adaptación, sin un curso de preparación, sin poder opinar ni reflexionar: iglesias y parques cerrados, playas desvestidas de bullicio, colores, personas, abarrotadas de soledad, nos quedamos en manos de la tecnología para no perder el contacto con familiares y amigos, no estamos acostumbrados, compartimos abrazos, besos, consejos, secretos, saludos y sonrisas. 

Nos quedamos sin visitas, sin los encantadores programas, cursos, y conversadas con amigos y parientes, sin los encuentros familiares. 

Experimentamos miedo, angustia, separación, pérdida de libertad, limitación de oportunidades que dispensaban regocijo, animación y beneficios, extrañamos tanto que era de todos los días, de todas las semanas. 

Sabemos que con el miedo aparecen otras emociones no saludables que intentan también, arrebatarnos la salud mental. 

La frustración aparece con frecuencia y las reacciones que provoca amargan el día con estrés, ansiedad y enojo, es primordial mantenerse ocupado, conectarse con otras personas como lo describe Belloso. 

Las personas adultas mayores necesitan estar informadas por fuentes autorizadas, por gente que maneja científicamente lo que está pasando, que carga con la responsabilidad de la situación delicada que estamos retando. 

Es imprescindible continuar con las actividades habituadas: la hora de levantarse, la higiene y el arreglo personal (aunque estemos solos, verse y sentirse bien es placentero), desayunar saludablemente, hacer ejercicio, (el que usted escoja y se acomode a las condiciones de su casa, bailar, arreglar las plantas, usar bolsas o tarros de alimentos para entrenar la fuerza. Incluya además manualidades, escuchar música, cantar, escribir, ver películas y muchas opciones que usted conoce y practica. 

Roballo recomienda que “las personas adultas mayores cuenten con apoyo familiar que los anime y ayude en cualquier necesidad, que sigan una rutina con diversas actividades para que el sistema nervioso se adapte a la situación…” 

Las actividades y ocupaciones permitan desconectarse de la: tristeza, aburrimiento, angustia, desaliento, depresión, por el contrario, disfrutar aquellas que lo relacionen con los que están cerca: paz, serenidad, armonía, alegría, risa, realización y felicidad. 

Belloso manifiesta que

“…quedarte en casa puede ser una oportunidad para pasar más tiempo en familia y compartir momentos de ocio…”. 

La Organización Mundial de la Salud aconseja “Mantenerse conectado a los círculos sociales, reducir el consumo de noticias y amplificar historias positivas para cuidar la salud mental ante el estrés que produce la pandemia de coronavirus”. 

Es recomendable vivir hoy sin hacer reseñas de lo que puede venir o puede pasar, cada día permitirá descubrir tantas capacidades, rinconcitos y actividades que por mucho tiempo se han dejado sin usar. 

Como dice mi amigo Brauny Bogantes … ¡Claro…si va a temblar en los corazones que creen! ¡Que creen en que nos espera un nuevo orden, un nuevo aire, un nuevo respirar…! Sin necesidad de un nuevo Dios. 

El tiempo mostrará lo que aprendimos, la capacidad de adaptación que tenemos, las habilidades que descubrimos, la sabiduría para seguir las indicaciones sanitarias, la resiliencia que nos hace más fuertes y tanto, que nos depara “quedarse en casa” para vivir más pero fundamentalmente para vivir mejor. 

 

Autora: Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c. Cátedratica jubilada UNA