Recientemente en Argentina, en el marco del aislamiento obligatorio, la noticia de una mujer de 82 años que, con los recaudos indicados por el gobierno se sentó  en su reposera  frente a su casa  sacándose su barbijo para tomar sol aludiendo razones de salud, generó un alud de críticas.

Escuchaba y pensé…nadie sabe qué pasa dentro de esa persona. ¿Cuál es su historia de vida? ¿Y  si tiene una patología de mal pronóstico y éstos son sus últimos meses…o aún peor…días?  ¿Y si no existe lo anterior pero éste sólo hecho la hace sentir viva, dueña de su presente? 

Recordé el proyecto personal en esta etapa de la vida.  A medida que envejecemos, el estímulo y la motivación se unen en planes a cumplir quizás en un plazo más corto que en otras etapas. Esto no significa menor ímpetu para concretarlo solamente por ser mayores y conscientes de la finitud. 

El proyecto personal hace de eje, mantiene y mejora la calidad de vida en la vejez, ni más ni menos que eso. Poco importa si ante ciertos declives, éste se perfila a uno o dos días, 12 meses o más.  Ese camino a recorrer para lograrlo determina que se está vivo e implica un compromiso.

Cómo acompañamos este proceso sin  elegir por ellos, ¿cuidándolos a la vez? Es lógico que no se pueda individualizar la atención en una situación así, también lo es pensar que si el enfoque es cuidarlos de enfermar, en primer lugar de Covid-19, se debe conservar su salud. 

Nos toma por sorpresa el rumbo a seguir. La flexibilidad sociocomunitaria y del Estado, fundamentada en el paradigma de la complejidad debe respetar la autonomía y percepción de control de la propia vida, que de ser negada o disminuida impacta multifactorialmente en la salud.

La tarea de promoción y prevención de la salud es un desafío en escenarios abruptos. Evaluar que tal vez sentir el sol por un tiempo determinado, respetando lo normado, colabora en fortalecer la estructura ósea, apuntala el ejercicio de toma de decisiones, ejercita el autoindagamiento de la existencia en el entorno, evalúa potencialidades, ayuda a compensar  pérdidas con ganancias y coopera en conservar la homeostasis en un marco de incertidumbre, aislamiento, miedo, enfermedad, soledad y muerte.

Que no se malinterprete este escrito, las medidas preventivas tomadas son coherentes y objetivas. El enfoque del mismo está puesto en que toda decisión debe contemplar el factor subjetivo. Factor olvidado cuando basados en la intención de maximizar los cuidados para las PAM, se estableció que debían  sacar un permiso para circular en CABA. La mencionada medida fue declarada inconstitucional por ser portadora de discriminación por edad. 

A modo de acercar posiciones: las políticas y acciones en  salud pública deben garantizar que aun en la suspensión forzosa de determinados derechos, deben incorporarse  contenidos de derechos humanos DESCA (Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales) evitando incurrir en la afectación negativa  directa o indirecta y/o acentuando la desigualdad ya existente para con las personas mayores.

Referencias bibliográficas:

CIDH-OEA Pandemia y Derechos Humanos en las Américas– Resolución 1/2020

Selena Farías. Técnica en Gerontología Universidad Maimónides.

Webinar sobre Políticas Públicas a favor del Envejecimiento para la Universidad del Valle de Toluca-México.

Desarrollo de proyectos socioeducativos con y para personas mayores. 

Creación y coordinación  grupo de adultos mayores con Enfoque de Derechos.

Integrante, disertante y coordinadora  de Comisión para Jornada sobre Derechos de  la  vejez conjuntamente con  Defensoría del  Pueblo de la  Nación.

“Necesitamos referentes de un buen envejecimiento con nombre y apellidos. Georgia O’Keeffe es un gran modelo”