“Cuando te apoderas de mi”

Trascender, testar, legar, heredar, repartir los bienes y valores que a lo largo de la vida acumulamos constituye un gran placer, señal de poder y evidencia de éxito. Un acto de orgullo que alcanza la soberbia y la vanidad. Cualidades compartidas con los beneficiarios, avaricia, sed de poder y libertad para decidir incluso sobre la vida de quien otorga, convierte este ejercicio en un juego peligroso. 

Los beneficiarios, hijos, nietos, incluso nueras y yernos, no pueden dejar de pensar en cómo serán repartidos los bienes del jerarca de la familia, no pueden dejar de hablar e imaginar la forma en que es obvio y justo dicho legado. Aún teniendo al ser querido entre ellos, gozando de buena salud y sin ningún plan de abandonar la vida, opinan, resuelven y tienen planes definidos.

Desgraciadamente, ambos se olvidan de lo más importante, la vejez del mayor y su posible vulnerabilidad. Para quienes gustan de controlarlo todo, la vejez propia y ajena guarda sorpresas; pocos nos preparamos para la indefensión, dependencia y posible pérdida de la autonomía. Si éstas se hacen presentes, el juego cambia y los merecedores tendrán que cuidar, a riesgo de parecer auténticos buitres.

La intimidad, es la amistad que guardo conmigo mimo a lo largo de la vida, observa y calcula, en un acto de responsabilidad y honestidad, en solitario luego de una profunda reflexión y sin miedo  responde a la pregunta ¿es posible tener a tu lado a un cómplice verdadero que ayude a defender tu identidad en caso de padecer demencia? Esa persona que no dudará al citar y ponderar lo que “te define como persona” y por encima de todo lo va a procurar en todos los escenarios, aunque tenga que luchar por ello. En el terreno médico, financiero, implementación de cuidados incluyendo las decisiones más simples como la elección del atuendo, comida y entorno.

Todos en algún momento hemos desarrollado impotencia, el orgullo y arrogancia al punto de la majadería no pueden pactar bienestar y nos hacen perder tiempo valioso. No es posible dictar el amor, tendremos que sostenernos en la crianza honesta y buena educación que hemos dado, es lo único que  constituye el verdadero legado. 

La principal cualidad del sabio es decidir bien, sin temor a la crítica y la lucha, el sabio no busca aplauso ni reconocimiento. Distingue entre oportunidad, peligro, autoengaño y por encima de todo es capaz de colocarse en tus zapatos y decidir lo más cercano a tus deseos, en caso de verte con la autonomía perdida. Es esa persona que jamás permitirá que pierdas tu identidad.

En pleno uso de tus facultades mentales, déjale saber a tus auténticos herederos tu voluntad en todos los terrenos. Antes y después de morir, haz que sea posible honrarte y de preferencia suprime la tentación del abuso, la vergüenza y el natural apetito de poder. Intenta ser sabio y dar esa última lección.

Probablemente al título le sobran los signos de interrogación: “Cuando te apoderas de mi” 

Marcela Vázquez-Mellado Cervantes. Aging & demencia mentor.

Foto del su abuelo, el señor Arturo Vázquez-Mellado Herrero

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