Siento predilección por las personas mayores. Rebosan sabiduría y eso les hace dueños de una belleza brutal. Es como si cada una de sus arrugas conformase una valiosa colección de museo y fuesen expuestas en la mejor de las galerías de arte: la vida.

Cuando pienso en todas las historias que han regalado a mis oídos las personas a las que he acompañado hasta sus últimos días, me hace sonreír. Me gustaría poder volver a sentarme con todas ellas y escuchar sus charlas magistrales, como si de un comité de sabios se tratase, acerca de cómo las adversidades de la vida les enseñaron a ser fuertes, a crecer sobre los pilares de la bondad, el esfuerzo y la felicidad. Las cosas que soportaron me hacen ver la vida llena de lujos, incluso en los peores días.

Ya van siendo unos cuantos los artículos que he escrito sobre el envejecimiento. Mis temas favoritos son los tabúes y también los que, a través del arte reflejan imágenes fascinantes sobre esta etapa de la vida. El amor, la soledad, los cambios sociales… Hoy quisiera compartir parte del trabajo de Karsten Thormaehlen, un prestigioso fotógrafo alemán. 

En este proyecto, Happy at Hundred (Felices a los Cien), Karsten inmortalizó en sus retratos a personas que tenían más de cien años. El resultado es una colección de impresionantes retratos en los que no he sido capaz de poner número, a la cantidad de emociones que desprende cada uno de ellos. El corazón se me encoge de felicidad al mirarlos. Rostros llenos de vida, de memoria, de aventuras muy especiales, donde es fácil ver que el envejecimiento es realmente maravilloso.

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Nuria Carcavilla

QMAYOR

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