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Mayorescencia, por Santiago Cambero Rivero


Hoy celebramos el Dia Internacional de las Personas Mayores, sugiriendo que dedicáramos esta jornada para recordar a quienes fallecieron durante el último año y medio por motivo de la COVID-19. Ha sido un periodo inédito y trágico para muchas familias que perdieron a seres queridos de edades avanzadas. En algunos casos sin apenas haber tenido la oportunidad de despedirnos como debiéramos de abuelos y abuelas, además de progenitores. Sin duda, la crónica de días, semanas y meses adversos para muchos adultos mayores atemorizados ante las consecuencias de un microorganismo que ha cambiado nuestras vidas, y sin certezas de cara a una supuesta nueva normalidad a escala global.

Considero que más que nunca hemos sido conscientes de las múltiples debilidades de las personas, con independencia de su edad; pero también hemos aprendido a cuidar con cariño y compasión a quienes más lo necesitan por su deterioro físico y cognitivo. Quizás los afectos hayan sido la mejor vacuna para el corazón de tantas personas de edades avanzadas. Ahora, debemos continuar vacunándonos no solamente de éste u otros virus, sino contra la discriminación y la exclusión social por la edad, el llamado edadismo, que se contagia con facilidad si no ponemos los medios para reconocer la diversidad en la vejez, fomentar la participación social de las personas mayores y promover la educación en igualdad etaria desde la infancia. Así, podremos seguir construyendo sociedades para todas las edades que contribuyan al bienestar general y a superar esta crisis sanitaria causada por el coronavirus.

Más allá de los deseos compartidos entre personas de distintas fechas de nacimiento y biografías, parece que la sociedad no está preparada ante el envejecimiento creciente de la población. Quizás no hemos sabido entender el nuevo contexto demográfico emergente, que requiere ahora de cambios estructurales, más allá de las meras adaptaciones a las circunstancias momentáneas. Desde el diseño urbanístico age-friendly hasta el desarrollo curricular de un segmento social con interés por aprender a lo largo de la vida como son las personas mayores, quienes se ven abocados a abandonar un mercado laboral paulatinamente robotizado que prescinde del factor humano. Un tiempo de innovación que se impondrá en ceteris paribus, a fin de anticiparnos de modo proactivo en soluciones eficaces, eficientes y sostenibles que eviten brechas y disfunciones sociales. De ahí, que la geriatría, la gerontología o la geragogía debieran estar presente en los planes de estudios de profesionales de campos tan diversos como la salud pública, las ciencias sociales o la ingeniería en sistemas y software.

Debemos continuar vacunándonos no solamente de éste u otros virus, sino contra la discriminación y la exclusión social por la edad, el llamado edadismo.

Retomando la importancia de la jornada conmemorativa y reflexiva de hoy, más que nunca las instituciones deben apostar por políticas que promuevan el envejecimiento activo, saludable e inclusivo de todas las generaciones. Nadie puede quedarse atrás, con independencia de su capacidad de autonomía personal y condiciones sociales. De ahí la necesidad de generar una conciencia social sobre el buen trato senior que prevenga de situaciones fatales como han ocurrido en residencias de personas mayores y en el ámbito doméstico durante la pandemia en nuestro país. Estos hechos trágicos obligan a replantear los modelos asistenciales en la vejez, ya sean institucionalizada o no, dado que el sentido de pertenencia y el sentimiento de arraigo de las personas a su entorno social y familiar siempre resulta un estímulo favorecedor de la madurez biológica, cognitiva y emocional. La neurología analiza los cambios cerebrales a medida que aumentamos la edad cronológica, pero menos claros son la tasa de cambio, la edad biológica del cerebro y los procesos patológicos involucrados. De manera, que los estilos de vida saludables reducen los riesgos de enfermedades y benefician las funciones cerebrales, permitiendo así un envejecimiento más pleno y equilibrado que impacte en los individuos y la sociedad.

El desarrollo socioeconómico, al menos en las regiones más avanzadas de la Tierra, ha ido modificando las principales causas de enfermedad y muerte. De ahí que los indicadores de desarrollo humano deben converger para que los Objetivos de Desarrollo Sostenible sean una realidad antes de 2030, y este cambio demográfico nos equilibre como sociedades del Norte y del Sur. Mientras tanto, la vejez no puede asociarse a la muerte en Occidente, sino a una etapa de la vida con satisfacciones en cualquier faceta humana. La vejez tiene proyecto de vida, aunque parezca un contrasentido, como evidencia la realidad senior contemporánea; y en el futuro próximo, nos sorprenderemos con los cambios sociales protagonizados por personas encanecidas y rugosas. Es la revolución de la longevidad, que no cesa, para generar una nueva vejez que denomino mayorescencia, cuando las personas mayores ya no son tan viejas como hace varias décadas. Aún están pendiente la mejora de las condiciones de vida de esta cohorte de edad, siendo el compromiso de toda la sociedad con todas las personas.

Santiago Cambero Rivero

Doctor en Sociología y Gerontólogo Social

Universidad de Extremadura