Un estudio realizado durante un cuarto de siglo que siguió la evolución cognitiva de miles de adultos en EE.UU. concluyó que quienes vieron más de tres horas de televisión diaria y cambiaron el ejercicio físico por esa práctica, tuvieron en el largo plazo, muchos mayores problemas en su evolución mental que quienes no lo hicieron.

El trabajo que aparece publicado en el Journal of the American Medical Association Psychiatry (JAMA), alcanzó a una población de 3.247 adultos de entre 18 a 30 años, a los que se hizo un seguimiento durante 25 años (entre 1985 y 2011), relacionando las horas que dedicaban a ver televisión y las que ocupaban con actividad física. A partir de allí se compararon sus hábitos de vida, su rapidez reflexiva, las funciones de ejecución y su memoria verbal, a través del tiempo transcurrido y en relación a esos dos factores.

“Los participantes estudiados que tuvieron hábitos de vida menos activos, es decir con poca actividad física y mucha televisión, resultaron ser más susceptibles a tener malos resultados en las pruebas cognitivas” apunta en sus conclusiones el estudio.

Los investigadores recuerdan que el presente es uno de “los primeros estudios que demuestran que estos comportamientos de riesgo pueden ser objetivos fundamentales para la prevención del envejecimiento cognitivo, incluso antes de llegar a una edad mediana”.

Sedentarismo y razonamiento

En los resultados, los sedentarios presentaron hasta un doble de “pobreza de razonamiento”, con el paso de los años para capacidades cognitivas como recordar números sencillos (el de un teléfono, por ejempo), hasta la posibilidad de seguir el hilo de una conversación sin distraerse.

El estudio insiste que no solamente a largo plazo se produce la afectación, sino que ello suele ocurrir a edad relativamente temprana. “Bajos niveles de actividad física y altos niveles de consumo de televisión durante la juventud y la edad adulta se asocian con peor rendimiento cognitivo al llegar a la mediana edad”, sentencian.

Los investigadores creen que “la actividad física durante la edad adulta puede preservar la capacidad intelectual y contribuir a la producción de neuronas y al buen estado de forma de sus conexiones, particularmente en regiones asociadas con la función ejecutiva y la velocidad de procesamiento de pensamientos”.

Desde el punto de vista estrictamente fisiológico recuerdan que “las conductas sedentarias, como ver la televisión, afectan negativamente a la función metabólica mediante el aumento de la presión arterial, así como los niveles de lípidos y glucosa, además de incidir en patrones cognitivos y sociales, depresión y patrones dietéticos de baja calidad”.