La sabiduría popular dice que todos queremos permanecer en nuestros propios hogares hasta el final de nuestros días. Así es como sueñan envejecer la mayoría de los y las adultos mayores; sin embargo, no siempre es lo mejor para ellos y por ende, tampoco para nosotros (sus hijos, sobrinas, nietos o amigas). Aparece por primera vez la palabra residencia para mayores en las conversaciones y preocupaciones diarias.

¿Cómo podemos hablar con ellos sobre las realidades y los “peligros” de quedarse en casa una vez que la salud empieza a darnos sustos? y ¿cómo los convencemos de que mudarse a un centro de asistencia geriátrica podría ser una opción muy buena y positiva para su calidad de vida?

La dificultad es máxima sobre todo cuando estas personas mayores asocian estos espacios a los asilos que existieron en el pasado y porque además, consideran este cambio desde el hogar familiar como un paso más hacia dependencia y un paso más hacia la muerte.

Para muchos ancianos, algo de ayuda en el hogar (un cuidador)  y una alarma personal (la teleasistencia) pueden ser suficientes. A veces, pueden quedarse en su propio hogar durante años con pequeñas ayudas y reformas en el hogar familiar. Uno de ellos enviuda. Se reducen las oportunidades para socializar. Las comidas se convierten en una tarea ardua, con la consabida desnutrición. La memoria empieza a fallar y la calefacción consume los recursos. El anciano desamparado, tercamente aferrado a la idea de que su hogar familiar es el mejor, siente la soledad y la tristeza.

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MICROEDADISMOS #54 ¡A su edad debería estar en la Residencia!

Frente a esta situación, las residencias de ancianos proponen una vida de atenciones y nuevas amistades. En cualquiera de estos espacios sociosanitarios, las personas mayores tienen motivos para prosperar en su calidad de vida porque: no tienen la responsabilidad de mantener un hogar, así mismo se sienten aliviados de la necesidad de contratar ayuda o incluso, dejar que la casa se deteriore. Ahora tienen personas a su alrededor si necesitan ayuda médica u otra asistencia.

De acuerdo, a ti te hemos convencido, pero ¿cómo logras convencer a tus padres de que es hora de hacer la mudanza a una residencia de ancianos?

Primero, planta la semilla. No se acerque a su padre como si ya hubiera tomado la decisión por él o ella. Solo mencione que hay opciones que pueden hacer la vida más fácil y menos solitaria.

A continuación, ofrezca un recorrido y acompañarles por algunos centros locales de vida asistida, si él o ella está dispuesto, pero no lo presione. Deje caer el tema si es necesario u espere otro día que sea más indicado. Espere el momento justo.

Nuevamente, no presione a menos que consideres esto una emergencia. Es difícil esperar, pero es posible que tengas que hacerlo. Espera, por ejemplo, un día muy solitario en el que su mamá se queje de que ya no ve a sus amistades. Inténtelo de nuevo.

Consulte con sus amigos y amigos de sus padres. Vea si alguno vive felizmente en un centro geriátrico cercano, o si sus padres lo hacen. Al igual que en su primer día de escuela cuando buscó a un amigo, cualquier amigo, que pueda estar en su clase, sus padres se sentirían mucho mejor si ya hubiera un amigo o algún conocido en el centro.

Incluso si no conocen a nadie, aún puede llevar a sus padres a ver a un grupo divirtiéndose jugando a las cartas o jugando a los bolos. Muestre los aspectos sociales de un buen centro. Visite a más de un centro, si es posible, y pídales su opinión. ¿Cómo te gustaría que fuese tu nueva casa, papa?

Muestre interés en la cantidad de privacidad que tiene un residente. Pregunte acerca de traer muebles de casa y cuánto espacio hay. Tome cintas de medición y visualice, si puede ver algunas habitaciones, cómo se verían las habitaciones de sus padres. Muestre entusiasmo, como lo haría si estuviera ayudando a su padre a mudarse a un apartamento nuevo, porque eso es lo que está haciendo. Haga hincapié en los aspectos de seguridad y en la libertad para que no se sienta presionado.

Si su familia está muy unida, tenga una reunión con el padre o la madre  y dígale cuánto mejor se sentiría la familia si se realizara ese traslado a la temida residencia.

Sea sensible a los sentimientos de sus adultos mayores. Dejar un hogar es emocionalmente difícil y reducir o prescindir de una vida de posesiones (y sus recuerdos) es complicado. Sea amable,  sensible y trate de que la decisión sea buena, sobre todo, para sus padres.

¿Cómo te imaginas la residencia en la que te gustaría vivir cuando llegue tu vejez? Cuéntanos.