Algunas investigaciones recientes sugieren que el dolor del aislamiento no es sólo un problema psicológico; la soledad afecta de la misma forma a la salud física. Las personas solitarias corren el riesgo de un aumento de mortalidad en un 26 por ciento, un efecto comparable a los riesgos para la salud que plantea la obesidad, según un estudio publicado esta primavera.

A nadie nos gusta ser personas solitarias.

Y debido a esta nueva evidencia de las consecuencias graves de la soledad, algunos investigadores están estudiando qué es, exactamente, lo que hace que las personas solitarias se queden solas. ¿Podría algún comportamiento estar en la raíz de su aislamiento? Una teoría largamente sostenida ha sido que las personas se aíslan socialmente debido a sus pobres habilidades sociales y, probablemente, ya que pasan más tiempo solos, las pocas habilidades con las que cuentan, tienden a erosionarse por falta de uso. Pero una nueva investigación sugiere que esto es un malentendido fundamental de las personas socialmente aisladas. Las personas solitarias cuentan con habilidades sociales, y a menudo superan a las personas “no solitarias”. Simplemente cuando están en situaciones en las que necesitan esas habilidades al máximo, se ahogan.

En un artículo publicado recientemente en la revista Personality and Social Psychology Bulletin se realizaron cuatro experimentos que demostraron la tendencia de las personas solitarias a ahogarse bajo la presión social. En uno, Knowles y su equipo probaron las habilidades sociales de 86 estudiantes universitarios, mostrándoles 24 caras en una pantalla de ordenador y pidiéndoles que nombraran la emoción humana básica de cada cara mostrada: la ira, el miedo, la felicidad o la tristeza. Se dijo a algunos de los estudiantes que se estaban probando sus habilidades sociales, y que las personas que no podrían realizar esta tarea tendían a tener dificultades para formar y mantener amistades.

Al final, los estudiantes solitarios hicieron peor que los no solitarios la tarea de reconocimiento de emociones, pero sólo cuando se les dijo que se estaban examinando sus habilidades sociales. Cuando se les dijo que sólo estaban realizando una prueba de conocimiento general, obtuvieron mejores resultados que los no solitarios.  Pero al igual que uno se sienta para hacer un examen y destina demasiada atención a no meter la pata, esto puede ser contraproducente y conducirle a un exceso de pensamiento que le haga cometer el fallo que pretendía evitar.

Cuando los nervios juegan una mala pasada

Se trata, en gran medida,  de reducir esa ansiedad de ejecución, y en otro experimento trataron de encontrar una manera de hacer esto para los participantes en el estudio de soledad. Los investigadores dieron a los voluntarios una bebida energética similar y les dijeron que los miedos que sentían se debieron a la cafeína que acababan de consumir. En realidad, la bebida no tenía cafeína, pero los participantes del estudio así lo creían. A continuación, hicieron la prueba de reconocimiento emocional, al igual que en el primer experimento. En comparación con los resultados de ese primer experimento, no hubo ninguna diferencia discernible en las puntuaciones de la prueba. Además, los investigadores constataron una mejoría entre los participantes solitarios, incluso cuando la tarea se ha enmarcado como una prueba de habilidades sociales.

Conclusiones

Puede ser difícil de engañarse a uno mismo haciéndose creer que los nervios vienen de la cafeína y no del hecho de que realmente tú, y solo tú, te has empeñado en causar una buena impresión social, pero hay otras formas para cambiar tu pensamiento acerca  de la ansiedad. Un ejemplo excelente es estudio de la Harvard Business School’s Alison Wood Brooks, donde encontraron que cuando la gente tuvo que replantear sus nervios como una emoción, después fueron capaces de realizar mejor tareas aterradoras como cantar en público.

Esta investigación sugiere que las personas solitarias no necesitan adquirir habilidades sociales para escapar de la soledad; en cambio, tienen que aprender a lidiar con la ansiedad de rendimiento en las interacciones interpersonales.

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