Hermanas compartiendo la vejez

Conocí a un par de hermanas con esas edades 90 y 92 años de edad.  El motivo de ello fue porque acompañé a mi suegro, que es doctor, y le solicitaron la consulta a domicilio.

Mi suegro se está recuperando de un dolor en su mano y me pidió que le acompañara para ayudarle a escribir la prescripción médica, accedí con gusto.

Cuando llegamos, quien nos abrió la puerta. Fue la hermana menor, una mujer de noventa años de edad, pero con mucho ánimo de ayudar a su hermana, la cual, se había caído y se encontraba delicada de salud.

Me quedé en la sala mientras el doctor hacía su revisión y me di cuenta de que en esa casa se había “congelado” el tiempo. Todo ahí era de otra época, en su momento fue muy lujosa, sin embargo, a falta de atención y mantenimiento aquella enorme casa se encontraba en condiciones casi de abandono.  En un momento sonó el reloj de campana avisando que eran las tres de la tarde con el “Ave María” y aquel sonido me transportó a un lugar y tiempo diferente, cuando los relojes de ese tipo pertenecían a una clase privilegiada y de buen gusto.  Hoy ese sonido tenía notas muy antiguas y llenas de nostalgia.

La consulta terminó y el doctor me solicitó escribir las indicaciones médicas en la receta, nombres que jamás escuché con las dosis y frecuencia necesaria para que la hermana de noventa y dos años de edad se sintiera mejor, ya en la puerta y poco antes de la despedida la mujer de noventa años miró al doctor con rostro de esperanza y le preguntó:

– ¿Se va a recuperar mi hermana?

Y esa pregunta fue la que movió en mí una gran cantidad de emociones, preguntas y reflexiones, tan sólo pensar que esas dos mujeres viven para cuidarse, que tienen limitaciones de movilidad y seguro que habrá familiares que les frecuenten de vez en cuando. Esta vivencia tocó fuertemente mi corazón, la preocupación de ambas por su salud, la tristeza de ellas si una dejara de existir.

¿Cuántas personas adultas mayores viven en estas condiciones? Su rutina, su día a día, lo que significa su vida en esta parte tan significativa de su existencia. Me invadieron una gran cantidad de preguntas y también de angustias, por ello decidí escribir esta reflexión con dedicatoria especial a las personas adultas mayores quienes luchan día a día por su vida y por sobrevivir.

La respuesta de mi suegro a la pregunta ¿Se va a recuperar? Fue precisa, llena de sabiduría y experiencia. Por mi parte no pude más que expresarle a mi suegro mi sincero reconocimiento por su profesionalismo.

“La cabeza canosa es corona de gloria y se encuentra en el camino de la justicia”. Proverbios 16,31

Envejecer con dignidad es necesario para cada ser humano, como sociedad debemos valorar, reconocer y dignificar a las personas que han llegado a la cumbre de la vida con amor, cercanía y compañía.

Autor:

Lic. Rafael Salomón
Ciudad de México