En 1982 se celebró la primera Asamblea de la Organización de las Naciones Unidas dedicada al envejecimiento, y se designó agosto como el mes de la vejez. Así surge el Plan de Acción Internacional de Viena que preveía el creciente número de personas mayores en el mundo.

En dicha asamblea se reconocía el aumento de la esperanza de vida como un logro de las sociedades modernas, y también los desafíos que esta transformación social representaba, reafirmando a las personas mayores sujetas de derecho, y exhortando a los Estados miembros a tomar medidas para asegurar a las (entonces llamadas) Personas de edad una vida plena, reconociéndolas miembros valiosos de la sociedad.

Han pasado treinta y siete años de esa primera Asamblea, y aún con los progresos, hay mucho por hacer. De acuerdo al Informe Mundial sobre envejecimiento y salud (OMS2015): “en las políticas de salud, el reto de la transición demográfica tiene prioridad baja”; se registran bajos niveles en formación de geriatría y gerontología en las profesiones de salud, a pesar del creciente número de personas mayores”; “y en la atención y el apoyo a los cuidadores (…) no es un objetivo prioritario de acción gubernamental sobre el envejecimiento”.

Al margen de que se firmen más marcos jurídicos internacionales y nacionales, es la sociedad civil  la que podemos hacer el cambio de facto.

Mi propuesta: Ser más como el Rizoma y menos como el árbol, para transitar a nuevos paradigmas.

¿Qué tiene que ver un rizoma y un árbol?

Lejos están éstas líneas de ser una reflexión filosófica. Mi intención es simple:

Si bien es cierto que el árbol es la representación de la vida por excelencia, el Rizoma representa más de lo que quiero proponerles: ¡una alianza! necesaria para lograr una transformación global, si queremos construir una sociedad con relaciones intergeneracionales solidarias, donde reconozcamos a  la diversidad como una de nuestras mayores las mayores riquezas y distintivos, y nos comprometernos con las personas mayores que nos necesitan en su vejez. 

Porqué de ésta metáfora:

Si pensamos en un árbol, encontramos la raíz, el tronco, las ramas, las ramitas y sus frutos en un orden ascendente, vertical, jerárquico, de “más importante a menos importante”. Si prescindimos de la raíz, el árbol irremediablemente morirá, así los esfuerzos que hagamos por inclusión, diversidad, y equidad, por auténticos que sean, si se hacen de manera aislada, fragmentada, es probable que perezcan o no sean lo suficientemente efectivos; por el otro lado, el Rizoma como yo lo entiendo, es una serie de tallos conectados y ramificados. Cada bulbo se relaciona horizontalmente con un nuevo brote interconectado con los demás. Interdependientes. Es decir, cualquier elemento puede influir en el otro y en el otro, sin jerarquías, incluso (a veces) creciendo indefinidamente.

En esa misma lógica serán los resultados (para la transformación que deseamos), si están basados en la cooperación y no en  la competencia.

“Un Rizoma no comienza y no termina, siempre esta en el medio, entre las cosas, es un ser-entre. Un intermezzo. El árbol es filiación, pero el rizoma es alianza, únicamente  alianza. El árbol impone el verbo “ser”, pero el rizoma tiene por tejido la conjunción “y…y…y…” (Deleuze y Guattari, 2004)”

Para 2050, una de cada seis personas en el mundo (16% de  la población) tendrá mas de sesenta y cinco años, alcanzando la cifra de dos mil millones. Es probable que tú y yo formemos parte de “ese grupo”.

Mi invitación estimados lectores, es ser más como el Rizoma para el cambio que necesitamos, el cuál (como mencione líneas anteriores) la ONU nos exhortó hace 37 años, ¡37 años! no debemos posponerlo más, reconozcámonos todos responsables y todos valiosos, somos los ciudadanos los tenemos el poder de cambiar la narrativa obsoleta sobre el envejecimiento y la vejez, si genuinamente queremos lograr una nueva cultura que celebre lo que los mayores tienen para darnos HOY, que podamos vivir una sociedad amigable con el envejecimiento, derribar la discriminación por edad (o por cualquier otro atributo), acabar con  el miedo a envejecer, con la idea de que el envejecimiento es un mal y debe ser ocultado, especialmente si eres mujer…

Envejecer nos sucede a todos, la longevidad llegó para quedarse, razones suficientes para  tener un objetivo colectivo, para hacer comunidad, que no da lugar al protagonismo, al individualismo de esta causa, sembremos aquí y allá en la casa, en el barrio, en el metro, el trabajo, en todos los espacios donde transcurre la vida, con “pequeñas acciones”, cotidianas pero tan poderosas que pueden cambiar la “realidad” y lograremos (para todos) múltiples posibilidades de ser y estar en la vida más allá de la edad.

Psic. Georgina Moreno. Esp. En Admón. Gerontológica.

Psicoterapia Narrativa y Dialógicas.CDMX, México.

Correo electrónico: georgina.morenolopez@gmail.com 

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Edadismo en la política mexicana