Aunque en principio ninguno de nosotros dudaríamos en dar una rápida respuesta afirmativa, tras mi experiencia personal vivida en la jornada electoral del pasado domingo no lo tengo tan claro.

De primera mano pude comprobar la enorme dificultad que los mayores tienen para ejercer sus derechos fundamentales de forma real, veraz y autónoma. Mis padres, personas ya con cierta edad decidieron que querían votar. Mi madres es usuaria de silla de ruedas y mi padre, con cierta dificultad y 86 años a sus espaldas, consigue valerse por si mismo con algún apoyo. Llegamos al colegio, calle estrecha, cámaras de televisión, gran afluencia de votantes, coches sobre las aceras y ningún policía por la zona. Paramos como pudimos.

Una vez en el colegio dábamos por hecho que todo sería fácilmente accesible observamos que desde la entrada hasta las mesas de votación debíamos recorrer más de 700 metros en cuesta. Empujar una silla es posible por lo que mi madre podía llegar hasta su mesa electoral, pero para una persona mayor como mi padre, recorrer esa distancia sin un solo banco ni lugar donde apoyarse es tarea harto complicada. Me resulta increíble que hoy en día nadie prevea con antelación situaciones tan frecuentes y habituales como la que les transmito y que forman parte de nuestro día a día. ¿Limita la edad y la forma física el derecho al voto? Me veo obligada a ponerlo en sería duda.

Si tanto se usan los términos integración, accesibilidad, no discriminación, etc. luchemos por que situaciones como la que he contado no se repitan, hagamos que los derechos reconocidos sean efectivos y reales, ayudemos a los mayores a poder seguir siendo autónomos e independientes, a sentirse parte útil de la sociedad.

Lourdes Rivera

D. General. Grupo Adavir