Siempre he escuchado que nadie está preparado para enterrar a un hijo o a una hija, pero que, por “ley natural”, sí estamos preparados para enterrar a nuestros padres. Hasta el año pasado yo también creía que esto era cierto, pero os puedo asegurar que es una falacia como tantas otras que repetimos sin reflexionar, bueno en realidad, sin haberlo experimentado, por lo que hablamos sin conocimiento de causa.

Sin embargo, cuando lo experimentas, lo que creías cierto, se transforma en una burda mentira, y para lo que te creías preparada, te supera como nunca te había superado nada en tu vida.

El año pasado murió mi madre, de repente, sin previo aviso, sin una enfermedad que nos hiciera sospechar lo que iba a pasar. Nos cogió, me cogió, por sorpresa. La peor sorpresa de mi vida.

Desde el mismo momento en que mi madre murió, es curioso, pero no hacía más que pensar en esa letanía que tantas veces había escuchado, de que estamos preparados para sobrevivir a nuestros padres, de que estamos preparados para afrontar su muerte. En cambio, yo estaba destrozada, mis hermanos y hermana estaban destrozados. Nos sentíamos mutilados y perdidos. Nos resultaba imposible mirar al futuro y tener que andar ese camino sin la presencia de mi madre.

Ya ha pasado más de un año y me sigo sintiendo SOLA. Es una soledad imposible de calmar. No se sustituye con el amor de tu pareja, ni con el amor de tu familia, ni con el amor de tus amistades. No es compensable. Ni consolable. Simplemente aprendes a vivir sin tu madre, lo que supone un dolor constante, porque no hay nada que te ayude a entender que la persona que siempre ha estado a tu lado, desde que naciste, ya no estará nunca más junto a ti.

Por eso, disfrutad a tope de vuestros padres y madres. Valorad cada momento que estáis con ellos. Decidles una y mil veces lo que les queréis. Abrazadles una y mil veces, porque aún así serán pocas. La mejor manera de afrontar la muerte de nuestros padres, es vivir intensamente con ellos, junto a ellos. Yo he disfrutado de mi madre cada momento que he vivido con ella porque siempre congeniamos a las mil maravillas. Y a pesar de ello, me arrepiento de tantas cosas…

Aunque tu padre y tu madre ya sean mayores, no creas que su vejez te ha preparado para cuando fallezcan. Cuando ya no estén, sentirás por primera vez en tu vida un vacío imposible de explicar. Así que prepárate ya. No te arrepientas de haberles dedicado poco tiempo, o de no haber viajado con ellos, o de haber discutido más de lo necesario. Lo que hagas ahora, te ayudará después cuando ya no estén. Recordarás todo lo bueno que hayas hecho y no lo que dejaste de hacer.

Siento que mi madre sigue a mi lado, porque todavía cuando sueño con ella, en mis sueños sigue viva. Y cuando me despierto, me consuelan los innumerables recuerdos maravillosos de nuestras vidas juntas.

Dra. Mónica Ramos Toro. Doctora en Antropología Social por la Universidad Autónoma de Madrid. Tesis doctoral: “Mujeres mayores: estudio sobre sus necesidades, contribuciones al desarrollo y participación social”, premiada con el I Premio de Investigación en Estudios de Género del Grupo 9 de Universidades (G 9) en la categoría de mejor tesis doctoral. Licenciada en Antropología Social y en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid. Socia-Fundadora en 1999 y desde entonces Directora del Instituto de formación en Gerontología y Servicios Sociales, INGESS. Forma parte del Grupo de investigación Aging, Gender and Quality of Life Laboratory (AGQ Lab) de la Facultad de Ciencias de la Salud del Centro Superior de Estudios Universitarios La Salle (UAM).

Como formadora se centra en cuestiones relacionadas con: envejecimiento activo; género y envejecimiento; coeducación y promoción de igualdad; feminismo y desarrollo rural; malos tratos personas mayores y violencia de genero; diversidad generacional y trabajo intergeneracional. Sus investigaciones y publicaciones tratan fundamentalmente sobre el envejecer de las mujeres.

Correo: monica.ramos@ingess.com

No Hay Más Artículos