Prácticamente todos los pueblos a lo largo de la historia han entendido que aquellos que van envejeciendo necesitan cuidados, asistencia y comprensión.

Sin embargo, hay algo que se ha ido perdiendo en muchos lugares con el paso del tiempo y con la llegada del con frecuencia mal llamado progreso. Muchas civilizaciones antiguas veneraban a los ancianos, sus consejos, basados en la experiencia, eran siempre tenidos en cuenta a la hora de tomar las decisiones importantes y se valoraban enormemente sus aportaciones a los pueblos donde vivían. Por el contrario, la tendencia a la deshumanización de nuestras sociedades modernas, la prevalencia de lo joven y la tendencia a desechar todo lo que suena a viejo, ha hecho que los mayores se sientan cada vez más apartados y arrinconados.

Cierto es que en los países desarrollados, bien el estado, bien empresas o instituciones privadas, se ocupan de hacer que los mayores pasen esta etapa de su vida de manera confortable. Los servicios de salud, centros de día, residencias o sistemas de teleasistencia, entre otros, son algunos de los más populares en España. También el ocio ha empezado a formar parte del día a día de las personas de la llamada tercera o cuarta edad. En un mundo cada vez más globalizado, con más posibilidades de viajar, de leer, de acceder a las nuevas tecnologías, los mayores han querido también tener su lugar. Este hecho, ha sido aprovechado por las empresas y, por ejemplo, es innegable el importante valor económico que representan para determinados enclaves turísticos los viajes organizados para las personas mayores fuera de la temporada alta.

Sin embargo, más allá del hecho de que los mayores sean receptores de ayuda o asistencia, o consumidores de servicios y bienes destinados a favorecer su ocio, hay un pilar más que es el que hace que los mayores sean, no solo de derecho, sino de hecho, miembros activos del espacio y tiempo en que viven. Este pilar es sin embargo el más delgado, el que más cojea en nuestros días y el que más necesidades tiene de ser fortalecido por la sociedad en su conjunto. Nos referimos a todo aquello que tiene que ver con la participación social de los mayores, con el empoderamiento de estas personas que necesitan, no solo sentirse cuidados, sino que también quieren ser útiles y poner sus propios ladrillos para construir la casa en la que viven. Al jubilarse y abandonar el mercado laboral, muchas personas mayores sienten que quedan fuera de la sociedad, que su participación en el día a día de su ciudad o pueblo queda drásticamente reducida. Por eso, uno de los retos de la actualidad es el de potenciar la participación activa de los mayores y son ellos mismos los que quieren y deben convertirse en los verdaderos protagonistas de su historia, también en su madurez.

El arte es uno de los ámbitos que menos trabas pone a la participación de los mayores. Son muchos los actores o actrices, por ejemplo, que continúan haciendo magníficos papeles al llegar a la vejez. De hecho, incluso hay casos de grandes actores que lo son precisamente en sus años de madurez. Es el caso de María Galiana, cuya labor en la pequeña y gran pantalla ha empezado a destacar precisamente tras su jubilación como profesora de historia del arte en un instituto sevillano. Consiguió el Premio Goya a ‘La Mejor actriz de reparto’ en el año 2000, por su papel protagonista en la película Solas, cuando tenía 65 años. Además, se ha hecho especialmente popular en los últimos años por ser la “abuela Herminia” de la serie de televisión cuéntame cómo pasó.

También la literatura ha acogido con los brazos abiertos a las personas mayores. Son muchos los que, después de jubilarse, han querido cultivar sus dotes literarias, a través de poemas, novelas, ensayos… Y son también muchos los certámenes literarios dirigidos a personas mayores, como el que organiza la Unión Democrática de Pensionistas (UDP) o el programa de Radio Nacional Juntos paso a paso, en colaboración con La fundación La Caixa.

Otro campo en el que es fácil encontrar personas mayores hoy en día es el de la política. No hay edad para jubilarse en este terreno. De hecho, son muchos los diputados de más de 65 años, tanto en el congreso, como en el senado.

Además, prácticamente todos los partidos políticos tienen sus secciones o federaciones específicas para los mayores. Estos grupos se ocupan fundamentalmente de los asuntos que les afectan directamente a ellos. Son grupos de mayores vinculados a partidos políticos que debaten y trabajan en proyectos relacionados con las propias personas mayores.

No obstante, en esta rama, digamos, política, han surgido también iniciativas de personas mayores al margen de los partidos, que dedican su tiempo a promover cambios dirigidos a la sociedad en su conjunto. Un ejemplo reciente es el de los llamados ‘Yayoflautas’. A partir de movimientos sociales de gran calado, como el del 15M, un grupo de personas mayores decidió unirse para luchar contra lo que ellas consideraban un retroceso social que se estaba produciendo en España en los últimos años. Según explican ellos mismos en su blog, el objetivo de este movimiento de ‘yayoflautas’ es “defender y organizar los derechos, las libertades y los logros sociales por los que en otros tiempos luchamos”. Parten de la idea de que, tras haber alcanzado un bienestar social bastante aceptable, después de mucha lucha y sacrificio por parte de los jóvenes de su generación, ahora, muchos de esos logros parecen estarse perdiendo y quieren poner freno a esta tendencia.

Otro espacio en el que destaca cada vez con más fuerza la participación de los mayores es el del voluntariado. Al jubilarse, marcharse los hijos de casa o, simplemente al verse con más tiempo y ganas de dedicárselo a otras personas, los mayores deciden prestar su disposición y su trabajo a otros sin, en principio, esperar nada a cambio. Muchos colaboran con Organizaciones no gubernamentales realizando tareas diversas, como acompañamiento de personas que se encuentran solas sin desearlo, apoyo a enfermos en hospitales, tareas destinadas a la integración de niños o jóvenes en exclusión social, trabajo con presos en cárceles o ayuda a personas con discapacidad. Incluso es cada vez más popular el programa de voluntariado cultural, mediante el cual los mayores se convierten en guías de museos o dan charlas sobre asuntos culturales de los que se han formado antes.

A través del voluntariado, los mayores consiguen apartarse de la idea de que el abandono de la vida laboral les aparta de la sociedad. Su trabajo altruista es importantísimo, tanto desde el punto de vista social, como económico. De hecho, diferentes estudios estiman que el sector del voluntariado en su conjunto (no solo el realizado por personas mayores) supone un 2% de nuestra riqueza nacional.

Decíamos al principio que los mayores se acercan al mundo del voluntariado sin esperar recibir nada a cambio. Sin embargo, cualquier conversación con voluntarios lleva siempre a la misma respuesta: “esta labor me da a mí mucho más de lo que yo doy”.

La cultura, la política o el voluntariado son tres ámbitos en los que los mayores encuentran su espacio para poder seguir aportando a la sociedad lo mucho que tienen para dar. No obstante, aún hay muchos territorios que vetan su entrada a las personas mayores. Además, es imprescindible abandonar el pensamiento paternalista y protector que limita sus opciones de participación social mucho más que el deterioro físico. La experiencia es un valor que nunca debemos pasar por alto.

Itziar Jiménez Berrón
Periodista del programa Juntos paso a paso, de RNE

Itziar Jiménez berrón es periodista en RNE. En la actualidad trabaja en el área de economía de sus servicios informativos y en el programa juntos paso a paso, dirigido a personas mayores. Es Doctora en empresa Informativa y ha trabajado en Radio Exterior, en programas como Mundo Solidario y Cuarto Mundo.