El envejecimiento de la población es hoy en día un fenómeno universal, que se siente tanto en países desarrollados, como en países en vías de desarrollo. Sin embargo, este proceso adquiere mayor importancia cuando miramos el desequilibrio entre países con mayor o menor renta, acercándonos la incómoda desigualdad al debate público, y el abordaje desde la equidad entre grupos de edad en la participación de recursos, derechos y bienestar social.

En los países desarrollados, el proceso de envejecimiento de la población se dio de forma paulatina a lo largo de más de un siglo, lo que permitió ir acompañado de un creciente progreso socioeconómico y consecuente mejora de las condiciones de vida de la población, que abarcó un sistema de protección social muy amplia. Sin embargo aquellos países en los que operaba con cierta eficacia como Portugal, sufren limitaciones presupuestarias evidentes, sobre todo en este sistema de protección social, debido al creciente número de ancianos y tasas bajas de natalidad y mortalidad, que a la larga puede convertirse en una dificultad y un desafío para la salud financiera de estos países. No interpreten mis palabras de manera errada. Los viejos y las viejas nunca son el problema.

Es habitual considerar la vejez como una etapa negativa y llena de prejuicios falsos. La población anciana ha sido descrita erróneamente como un grupo homogéneo, donde la imagen dominante es la de dependencia, fragilidad y sobrecarga para los recursos de la comunidad. Durante muchas décadas, la persona anciana fue reducida a un ser sin voz, visto como alguien sin ideas, fuera del mercado y de los avances científicos. Sin embargo, esta visión comenzó a cambiar a partir de los años 90, cuando el aumento exponencial de la población anciana se percibe un nuevo nicho de mercado. Con ello, emerge una nueva imagen de la persona mayor, más activa y participativa.

Otro aspecto a tener en cuenta es el nivel de exigencia y las expectativas que las personas mayores presentan, fruto de mayores niveles de alfabetización / conocimiento. Con el paso de los años, las personas mayores presentará niveles de alfabetización mayores, lo que va a llevar a una mayor exigencia de éstos ante las políticas públicas formuladas (muchas veces con paternalismo). Serán así, ancianos que van luchar por sus derechos económicos, sociales y culturales, de modo que sean voz activa en las decisiones que directamente les afectan. Nosotros, los jóvenes les acompañaremos en esta lucha.

De este modo, será crucial la participación de los diferentes tipos de gobernanza (central, regional y local), y respetando los intereses, pues el éxito de las políticas públicas formuladas dependerá de la integración de las personas mayores en la toma de decisión y legitimación de esas decisiones.

Estamos en 2018 y el ritmo de envejecimiento va a subir cada vez más. Las estimaciones apuntan a que en 2050 Europa sea el continente más envejecido, en una esfera en la que por primera vez habrá más personas mayores de 60 años que con menos de 15 años.

Estas cuestiones se han debatido en los últimos años, pero ¿en 2050 vamos a estar preparados para un mundo con una pirámide poblacional desequilibrada? ¿Cómo tratarán los políticos este aumento de longevidad? Las políticas públicas de envejecimiento no han sido todavía una prioridad por parte de las organizaciones mundiales. El 2050 está a la vuelta de la esquina.

Alexandre Fernandes, gerontologo y cursando Máster en Administración y Gestión Pública en la Universidad Pública de Aveiro (Portugal)