Humor muy serio

Desde este medio digital (pero con mucha piel) queremos ser impulsores del cambio. No será en vano. Cada una de nuestras denuncias, acercará esa utopía al futuro que nos espera a todo ser humano. Mientras tanto, otros, o sea nuestros padres, abuelas y amigos se enfrentan a diario a situaciones que lamentamos y de las que no vamos a ser cómplices; porque perpetuarlas sería nuestra justa condena.

Según los estudios nos indican, apenas un 3% de personas mayores deciden vivir en una residencia de ancianos. La imagen del asilo oscuro, sospechoso de negligencias, sucio y lugar para el  desguace dista mucho, muchísimo de las residencias españolas actuales (para nuestra tranquilidad) y aun así como vemos, causan recelo a una gran parte de la población. La muerte social, lo llaman algunos.

A pesar de los evidentes progresos por profesionalizar los cuidados, el camino hacia una atención más personalizada y por que no, por ofrecer un enfoque más intergeneracional a estos espacios sociosanitarios, apenas llevan tiempo en marcha; con conciencia plena, recursos suficientes y determinación unánime.

El olvido que muchas veces es sanador no debería hacernos resistentes al cambio. Mucho por hacer* y la mayoría, por hacer frente a la comodidad de la rutina. Ésta si bien segura, siempre inconveniente, destructiva para todas las partes y muy peligrosa.

También es justo hablar de la transparencia como valor que ha penetrado con fuerza en el sector. Las puertas están abiertas pero aún así pocos son los nietos que acuden a visitar a los abuelos y un poco más, los colegios que visitan estas residencias de personas mayores para tener encuentros intergeneracionales, de los que antes hablábamos.

Ese rechazo (injustificado en su mayoría) debería ser el punto de partida para que todos los profesionales, nos pongamos a reflexionar y ofrezcamos alternativas a estas incómodas realidades:

La bolsa de basura para disfrazar a las personas (como recurso barato e indigno)
Los ganchitos para el aperitivo o la fiesta mensual
Las vajillas y los vasos de plástico (y de colores)
Los cumpleaños colectivos
El diploma de “al mejor abuelo”
El babero viejuno
La decoración infantilista

Poca cosa dicen algunos, ¡pues adelante que son pocas!

Esta lucha que nos interpela a todos, no lo vamos a olvidar porque sin confrontación, no hay resolución. Tengamos presente sus derechos. También sus voluntades. Ahora las de tus progenitores, mañana los tuyos.

Francisco Olavarría Ramos


*Las de más calado y que tienen que ver con la cultura corporativa y la administración pública, corresponderán denunciarlas en otra ocasión.

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